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Patagonia inclusiva

Por Marcos Buvinic Domingo 25 de Septiembre del 2022

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Luego de celebrar las Fiestas Patrias, pareciera que en Chile estamos viviendo un tiempo de espera acerca de qué ocurrirá con una nueva Constitución, mientras los políticos y el gobierno dialogan y deciden qué pasará. Lo importante es que esta espera no mate la esperanza de algo nuevo y mejor para todos. 

Puesto que se trata de buscar algo nuevo y mejor para todos es que desde nuestra Patagonia, la conmemoración del viaje de la goleta Ancud y la historia que a partir de allí se ha vivido entre nosotros, puede darnos luces acerca de lo que significa construir juntos, incluyendo a todos en una obra común.

Hace 179 años, el 21 de septiembre de 1843, llegó la goleta Ancud a la Punta Santa Ana y el Estado de Chile tomó posesión de estas tierras y mares australes. Es una fecha para recordar, un acontecimiento para agradecer, y un ejemplo de la voluntad y tesón de esos primeros pobladores que puede iluminar los tiempos complejos -inciertos y esperanzados, a la vez- que ahora vivimos. 

El viaje de la goleta Ancud con sus 22 tripulantes, al mando del capitán Juan Guillermos, da inicio a la maravillosa historia de lo que hoy es Punta Arenas y su gente. Esos primeros hombres y mujeres que se establecieron en la Punta Santa Ana y allí fundaron Fuerte Bulnes, para luego de unos años trasladarse a la actual Punta Arenas, sufrieron el rigor del clima, de las enfermedades y el aislamiento, mientras comenzaban a dar forma a la vida en estas tierras.

Esos recios hombres y mujeres que realizaron la toma de posesión del estrecho de Magallanes se jugaron enteros por establecerse en estas tierras e ir conociendo y dominando el rigor de la naturaleza que se les ofrecía en la esplendorosa belleza de la Patagonia. No fue fácil, pasaron muchas dificultades y penurias, pero sin doblegarse ante las adversidades dieron los primeros pasos que hicieron posible lo que hoy es nuestra vida en Punta Arenas y en nuestra Patagonia.

Ese grupo fundacional estaba formado por personas de distintos orígenes: la mayoría eran chilotes, unos pocos eran del norte del país, el capitán Guillermos era un marino inglés, el científico Bernardo Philippi era alemán, y luego el capellán de la colonia -fray Domingo Passolini- era italiano. Con esta variopinta población inicial ya se anunciaba la integración de personas de orígenes y culturas diversas como de uno de los rasgos de la vida en estas tierras australes. Muy pronto llegarían otros habitantes a la colonia de Punta Arenas, y vinieron los croatas, los suizos, ingleses, españoles y otros; todos ellos atraídos por las posibilidades de trabajo y búsqueda de prosperidad, cuando Europa se desangraba en guerras que dispersaban oleadas de migrantes por el mundo entero.     

La vida y cultura que se desarrolló en estas tierras australes tiene en la integración de las diversidades una de sus riquezas y una de sus marcas de identidad. En nuestra Patagonia se ha ido dando forma a un estilo de vida inclusivo e integrador de todos los rasgos culturales de quienes han llegado y siguen llegando a vivir entre nosotros. Nuestro particular modo de vida, que tan claramente nos distingue del resto del país, es el resultado de esta voluntad de inclusión que se traduce en la capacidad de integrar todos los aportes.

Aunque todos los que hoy habitamos en la Patagonia hemos llegado desde otras tierras -nosotros o nuestros antepasados-, acá nos sentimos en casa, somos “magallánicos”, somos de la Patagonia. Este sentimiento de estar en casa, de sentirnos viviendo lo nuestro es el resultado de un largo proceso de inclusión e integración iniciado por los tripulantes de la goleta “Ancud”, que desde sus diversos orígenes y visiones fueron dando vida a la cultura recia y acogedora, inclusiva e integradora, que caracteriza a Magallanes. Es un tesoro que debemos cuidar y cultivar. 

La historia es la maestra de la vida, o debería serlo, ofreciéndonos en la lectura de los acontecimientos del pasado, luces que iluminen nuestro presente. El viaje de la goleta “Ancud”, la toma de posesión del Estrecho de Magallanes, la fundación del Fuerte Bulnes, y luego de la colonia de Punta Arenas, nos ofrecen el ejemplo de una voluntad recia y creativa para dar nuevos pasos enfrentando todo tipo de dificultades e ir construyendo la cultura acogedora y dialogante, inclusiva y solidaria que marca nuestra vida en la Patagonia. 

Esa voluntad firme, esa responsabilidad social y capacidad de encuentro y diálogo, esa solidaridad inclusiva que nos hace responsables unos de otros, fueron rasgos ejemplarmente vividos por los primeros pobladores de nuestra ciudad y los que fueron llegando. Ahora nos toca a nosotros.