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Las reformas necesarias para Chile

Por Carlos Contreras Martes 29 de Noviembre del 2022

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Cada vez que se requiere un cambio, un ajuste que permita avanzar de mejor manera en la marcha del país, en sus instituciones, en sus procedimientos o en los resultados educacionales, deportivos o culturales se plantea, de inmediato, por los diversos actores políticos o institucionales inmiscuidos, una necesaria reforma que, casi ineludiblemente, pasa por modificaciones legales o constitucionales; de muestra unos botones: a) crisis de seguridad pública: reforma al código penal endureciendo las penas y modificación al Ministerio Público para encontrar más rápido a los delincuentes y sancionarlos con penas efectivas que los saquen de la circulación en la sociedad por un largo tiempo; b) pensiones miserables: reforma al sistema de pensiones para asegurar mínimos a los futuros pensionados con un sistema de administración eficiente y una forma de alimentarlo que permita cumplir los objetivos planteados; c) necesidad de obtener mayores recursos para la satisfacción de necesidades sociales por parte del Estado: reforma tributaria para recabar más impuestos y apoyar a las personas desposeídas material o económicamente; d) crisis en las instituciones armadas por acciones contra la probidad o delitos: reforma a Carabineros o a las Fuerzas Armadas. Pero, no comparto en nada que una reforma legal permita solucionar, por sí mísma, los problemas expuestos; de hecho, la historia jurídica chilena puede demostrar lo que he precisado y no se trata de un simple y fácil pesimismo, sino que de una conviccion que se sustenta en diversas razones que comparto en esta columna.

Las reformas legales no garantizan la solución de los eventuales problemas que las motivan, por las siguientes razones:

a).- Por muy hábil o inteligente que sea cada uno de los integrantes del equipo que generen la propuesta de reforma es imposible que sean infalibles o que cubran todas las posibilidades de solucion.

b).- Aún cuando las reformas sean íntegras e infalibles no debemos olvidar que, cualquier reforma es aplicada por seres humanos y, nuevamente nos encontramos con la posibilidad de una falla.

c).- Finalmente, aún cuando la reforma sea infalible y las personas que deben implementarla lo hagan de manera brillante tenemos un último problema: la percepción de aquellos que tienen que ser beneficiados personalmente o como integrante de la sociedad, percepción subjetiva que va más allá de los objetivos esenciales de toda reforma; así basta que no se reciba la prestación o beneficio que la persona requiera para estimar que la reforma es un fracaso.

Así planteadas las cosas, es muy poco probable que las reformas sean exitosas frente a la sociedad y muchas de ellas no son necesarias, pues debería bastar con ajustes dentro de las instituciones o cooperaciones interinstitucionales, como lo prescribe la ley de bases de la administración del Estado, para solucionar gran parte de los problemas que hoy tenemos.

Las reformas solo deben ser implementadas para modificaciones profundas que requieran una propuesta de solución distinta a la que hoy existe, por ejemplo la situación previsional, pero para otros problemas se requiere mejor gestión de personas, de recursos institucionales, de cooperación y, sobre todo de principios, de tener presente que cualquier oficio, función o trabajo público, debe ejecutarse en pos del servicio de cada ser humano y la satisfacción de las necesidades que individualmente no puede satisfacer. Todo esto requiere, además, de parte de los ciudadanos una mayor dedicación para entender los asuntos públicos, las necesidades y recursos que tiene el Estado, así como mayor generosidad para requerir aquello que, estrictamente, no puede tener o acceder.

Si no entendemos que el Estado es limitado en su acción y recursos, por una parte, y si no avanzamos en generosidad y honestidad en cuanto a seres humanos por la otra, no existirá ninguna reforma exitosa.