Mejorar el proceso constitucional
Carlos Contreras Quintana
Abogado
No existe duda alguna que el nuevo proceso constitucional ha generado un menor interés ciudadano que el primer intento; tampoco existe duda alguna que la nueva conformación de miembros del Consejo Constitucional, en cuanto a mayoría, presenta el mismo fenómeno que en la primera convención constituyente, pero ahora radicado en un sector político diametralmente opuesto: si antes era la izquierda extrema, ahora en la derecha que se encuentra más al borde del espectro político; finalmente es evidente que el nuevo proceso ya no se considera una misión urgente o una necesidad primordial para el futuro del país lo que, creo, es un profundo y dramático error.
Entonces ¿qué debería suceder?
Lo que debería suceder es que las personas electas, en respuesta a la necesidad de la nación chilena y de todos y cada uno de sus integrantes, los ciudadanos que componemos este hermoso país, procuren generar un texto que permita mejorar la estructura estatal y el sistema político chileno en beneficio de las personas pensando por cierto en el crecimiento económico, en la libertad de las personas (pero libertad real y no el cautiverio de unos por las ideas o el poder de otros, cualesquiera que sean) y en un sistema económico de mercado que permita concretar las diversas manifestaciones de estos conceptos, pero, por otro lado, también debe hacerse cargo de generar un estado social que solucione los profundos problemas de inequidad social que el propio sistema neoliberal ha generado con el paso del tiempo. En cuanto al sistema de mercado no existe duda que es el medio por el cual se genera crecimiento y ello implica una libertad de los agentes económicos, pero también una rigurosidad del Estado para evitar los abusos o las transgresiones brutales y por ello se debe consagrar un sistema que permita el emprendimiento y lo incentive pero, a la par, es necesario avanzar con decisión en mejorar la condición de vida de quienes viven en la periferia de nuestro sistema económico con fuertes carencias y problemas que redundan en situaciones que contribuyen a la segregación social generando verdaderos caldos de cultivo para resentimientos e incluso delincuencia, pues no se puede pretender aspirar a la seguridad pública sólo con establecer sistema de control y represión de los delitos, ya que el concepto es de paz social y ella sólo se alcanza en la medida que se fortalece y protege la sociedad para aislar a quienes atenten con ella y no al revés, esto es, con un estado policía que sólo está para reprimir y sancionar.
Es fundamental encontrar el equilibrio, la sociedad debe ser como una balanza en perfecta armonía pues así como algunos tienen acceso, por su formación, condiciones, talento e iniciativa a los medios y recursos, existen otros que han carecido de medios y condiciones básicas para mejorar su condición y al de sus pares pues, ni en el mejor sistema de mercado del mundo, todos obtienen el acceso a los medios, siempre existen inequidades y carencias y es allí adonde debe manifestar la humana solidaridad y conmiseración; no se trata de darle al flojo o al delincuente, se trata de que las personas que están en mejores condiciones contribuyan a equilibrar la balanza para un mejor vivir.
Lo dicho es lo que debería suceder, pero a la luz de los antecedentes inmediatos como, por ejemplo, la circunstancia que las presidencias de las comisiones fueron tomadas sólo por quienes ganaron la última elección (al igual y de manera más brutal que en la anterior) y que las posiciones manifestadas distan mucho de lo expresado, no me sorprendería que el resultado al final de este nuevo ciclo sea el mismo
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