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Otro Reality ¿en serio?

Por Eduardo Pino Sábado 1 de Julio del 2023

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Cuando ya creíamos extintos en nuestro país a los Reality Show, vuelve a aparecer un nuevo programa de un formato que parecía agotado y extemporáneo. Sin ser un experto en el tema, el sentido común me orienta a pensar que equipos de expertos realizaron un estudio previo para medir el interés de la gente en volver a consumir este tipo de productos, que ya venían en baja respecto a su época de oro registrada hace una o dos décadas. Me sorprende pensar que una gran cantidad de gente vuelva a dedicar su tiempo para ver a sujetos encerrados y ociosos, habiendo tanta oferta de entretención de todos tipos y de fácil disponibilidad. Por otra parte, puede que estas aprensiones sean producto del escaso alcance estratégico de mi análisis autorreferencial, ya que en realidad mucha gente podría estar ansiosa de volver a seguir este tipo de programas.

Los Reality Show aparecieron en los 90s como un experimento televisivo que prendió de manera exponencial en la audiencia. Como todas las minas de oro que surgen de la nada, se le sobreexplotó en una experimentación que en ocasiones reñía con algunos principios éticos, pues con sujetos de laboratorio que estaban dispuestos “a todo” no resultaba difícil traspasar límites. 

Este año se cumplieron 20 años desde la primera experiencia en nuestro país, programa que se convirtió en un fenómeno. Con los años nos hemos ido enterando que todo no fue tan espontáneo ni natural como se quiso hacer creer a la audiencia, desde las interacciones entre sus integrantes hasta las votaciones del público, y que muchas veces las reacciones o decisiones que se observaron fueron actuadas, manipuladas o estratégicamente planificadas para ofrendar a la deidad de este entramado: el rating. 

Se han realizado interesantes estudios acerca de aspectos psicológicos observados en la audiencia que intentarían explicar el impacto de este tipo de formatos, teniendo en cuenta que no todo producto de calidad necesariamente logra el éxito, o que verdaderos bodrios sin sentido ni aporte cultural estén necesariamente destinados al fracaso.  Uno de los aspectos a considerar es la curiosidad de las personas por la intimidad de otras, explotando el “voyerista” que todos tenemos dentro. Hay espectadores que obtienen un gozo al conocer lo que otros no sabrían (integrantes del Reality), aunque lo pueden comentar con otras personas de su círculo cercano (familiares o amigos), lo que se multiplicó exponencialmente con las redes sociales. Es como si nadie quisiera quedar fuera del tema de moda, aunque éste no revista ninguna importancia, como es el caso de un chisme. También encontramos personas que experimentan una superioridad moral por sobre quienes critican, exacerbando errores de otros para autoevaluarse con una mayor eficacia en diferentes ámbitos: inteligencia, emocionalidad, valores, conductas, etc. En el extremo contrario están quienes se hacen fans de personajes a los que admiran, en que incluso han idealizado algunos de sus rasgos y toman partido por su consentido cuando hay conflictos con otros, que pasan a convertirse en lo más atractivo de una afición que cada vez necesita elevar sus umbrales de asombro, sorpresa e incluso morbo. Se ha estudiado que incluso ante este tipo de sucesos, por más banales y superficiales que resulten, los espectadores experimentan pequeños y efímeros (pero gratificantes) golpes de dopamina que llevan incluso a la adicción de los más fanáticos. 

Aunque hay más aspectos a desarrollar, se ha llegado a un consenso que dedicar extensas jornadas a ver este tipo de producto no sería ocupar nuestro tiempo de recreación u ocio en condiciones de calidad; ya que la mayor parte de las temáticas tratadas resultan intrascendentes y no contribuyen a un aprendizaje constructivo ni a una gratificación más profunda, como sería dedicarse al arte, algún deporte u otra actividad que demande un procesamiento más complejo. Peor aún, puede llevar a algunos sujetos a descuidar tareas o relaciones con otras personas que son importantes y pertenecen a la vida real, que muchas veces al ser interpretada como rutinaria y aburrida, cualquier escape será bien recibido. Más vulnerables aún son aquellos que comienzan a aplicar ideas de estas realidades maqueteadas y artificiales a su propio funcionamiento cotidiano, incluso para tomar decisiones que, debido a su importancia, requieren de la reflexión personal y la comunicación genuina con quienes les rodean. Como toda entretención, su uso adecuado y justa medida determinará las consecuencias en quienes la asuman, considerando además los recursos y vulnerabilidades de cada persona. 

El tiempo nos dirá si esta apuesta fue rentable o si sólo fue producto de una decisión poco estratégica. Algunos estarán muy atentos a este proceso; otros simplemente lo ignorarán al estar concentrados en el más importante reality: el de sus propias vidas.  

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