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La infaltable excusa

Por Jorge Abasolo Jueves 20 de Julio del 2023

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En cierta ocasión el médico tocó la puerta de una casa. Salió a abrirle el hermano del paciente. El convaleciente intuyó la situación, por lo que dijo en voz muy alta:

-¡¿Quién es?!

El hermano le espetó:

-¡Es el médico!

La respuesta fue instantánea:

-Dile que no lo puedo recibir, porque estoy enfermo…

El ser humano tiene innata propensión a elaborar de manera casi automática -consciente o inconscientemente- excusas, disculpas, pretextos y argucias con el propósito de neutralizar situaciones comprometidas para él.

Huelga decir que los subterfugios (o chivas), por ilusorias que puedan parecer, permiten a mucha gente “salvar la cara”, “proteger su autoestima”, “sacarse los pillos” o “apaciguar la propia conciencia”.

Usted, amigo lector, ¿no ha observado que cuando un jugador de tenis falla una jugada queda mirando fijamente la raqueta, como si el error se debiera a un defecto de fábrica del utensilio? El hecho narrado es un claro ejemplo de cómo nuestro amor propio busca enseguida un culpable. De igual forma, el empleado público siempre encontrará excusas para no reconocer su negligencia: 

“Yo hice lo que me mandaron…”

A su vez, el jefe, para no aumentarle a éste el sueldo, esgrimirá:

-La empresa atraviesa por una grave crisis. Usted es un excelente profesional, pero…

El político para explicar su ostensible baja en la votación:

-Hubo una conspiración en contra de nuestro partido.

Y el marido para defenderse de la acusación de su mujer:

 -Por qué no cierras el tubo de pasta dental después de usarlo?

Y el joven estudiante, para justificar sus malas notas también pone de lo suyo:

-Me fue mal en historia. Me preguntaron puras cosas que pasaron cuando yo ni había nacido. 

Las amigas de la esposa para explicar su infidelidad:

-¡Algo habrá hecho ese hombre. ¡Además, la tenía tan abandonada!

Un sondeo de PwC -hecho a personas de entre 18 y 34 años- reveló que las enfermedades son el principal  argumento para justificar una ausencia: uno de cada diez apela a esta justificación.

En Chile, una de cada tres personas admite que inventa excusas para faltar al trabajo

Las más socorridas son: estar enfermo y…el fútbol.

Pero en todo ámbito abundan las
excusas.

PARA NO CASARSE:

– Pero qué apuro hay amor, tenemos toda la vida por delante

– Tengo miedo que la rutina destruya nuestro amor

Aunque la verdad es lo que se quiere decir es:

– Tengo miedo que el casamiento destruya mi rutina.

PARA NO HACER EL AMOR:

– Hasta que no pintes el techo, no mi amor. Me desconcentra.

– Discúlpame, ando con muchos problemas. Tengo la cabeza en otro lado.

Pero en verdad lo que se quiere decir ahí es:

-Discúlpame, tengo muchos problemas. Tengo la cabeza en otra cama.

PARA NO HACER REGALOS:

– No pude encontrar el regalo ideal para ti.

– En veinte años de casados ustedes siempre han valorizado la espiritualidad. Por eso les regalo esta fotocopia de un poema de Gustavo Adolfo Bequer.

PARA DEFENDERSE CUANDO NO SE HA ESTUDIADO

– ¡Pero cómo! ¿El examen no era para el jueves?

– Señorita, cuando venía a la escuela dos delincuentes me asaltaron y me robaron.

– ¿Y qué  te robaron?

– Las tareas.

– Tuve que llevar al perro al hospital porque lo agarró un auto.

– Tuve que llevar a mi papá al hospital porque lo agarró mi mamá.

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