Necrológicas

 – Alejandra Marzi Aravena

El individualismo

Por Jorge Abasolo Jueves 31 de Agosto del 2023

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E

xisten axiomas o frases cliché tan repetidas que una gran mayoría de la población termina por disfrazarla en verdad.

No dudo que el individualismo en Chile se da con facilidad pasmosa.

En subsidio, aclaremos que se trata de una lacra sudamericana.

¿Qué más individualista que el pueblo argentino?

Por algo en el propio Buenos Aires aún goza de popularidad una vieja adivinanza: 

– ¿Qué es el ego?

– Es ese pequeño argentino que todos llevamos dentro.

En el caso chileno, un político bastante demagogo -basta con decir un político, nada más- señalaba que el individualismo chileno era producto del modelo liberal.

No sé de dónde sacó tamaña opinión, porque para hipótesis no alcanza.

El hecho es que el individualismo jamás puede atribuirse a un modelo económico ni político. Frecuentemente, éste va en consonancia con la idiosincrasia de un pueblo. En este caso, país.

Partamos por aclarar que el rasgo básico del temperamento español es justamente el individualismo. Esto se da con más énfasis en las clases superiores, en las minorías. Curiosamente en las élites esto se agudiza todavía más.

Este individualismo es un defecto que caracteriza no sólo a los hispánicos, sino que a los latinos en general. Para algunos sociólogos se trata de una virtud, ya que agudiza la personalidad, aunque socialmente se trata de una falencia que se da menos entre los alemanes, y que tienen en menor medida los anglosajones.

Siendo España nuestra “madre patria”, es natural que los chilenos seamos individualistas. Este exagerado sentimiento de dignidad personal (casi deificación) conduce al retraimiento e impide cooperar en obras de interés común; y ha servido a los agitadores para señalar a los dirigentes como responsables exclusivos de los males que aquejan al país.

Exagerado, por cierto.

Esta falta de espíritu de asociación, este individualismo pernicioso, esta indisciplina anárquica se manifiesta en todas partes, desde los campeonatos de fútbol de barrio (donde no falta el lauchero) hasta nuestro clubes profesionales consagrados, que últimamente han desaparecido de las competiciones internacionales. Y es que cada uno de los jugadores lucha por destacarse en perjuicio del grupo.

Esto también es válido para asociaciones como la Cut, municipalidades, juntas de vecinos y hasta Sociedades Anónimas, permanentemente pugnas internas por no saber trabajar en grupo.

De la clase política ni hablar. Cuando trabajé en el Senado conocí a muchos que aseguraban con voz engolada que el país no estaba mejor porque se había hecho caso omiso a sus deseos y propuestas.

Un parlamentario ya entrado en años -famoso por lo egocéntrico- cada vez que tomaba la palabra era para colocarse como referente. Y lo curioso es que hablaba como Tarzán, es decir, en tercera persona. En una sesión tomó la palabra para decir:

– Este viejo político tuvo una fábrica de que dio empleo a más de 400 trabajadores. Este viejo que ustedes ven creó un embalse que disminuyó la cesantía en la Sexta Región. Este viejo zorro de la política tuvo un fundo que dio trabajo a más de 200 campesinos.

En ese momento fue interrumpido por cierto diputado de un partido opositor, el que le retrucó:

– ¡Entonces instálate con una fábrica de tubos, pus gil, oohhh…!!