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Violeta Parra, “Yo canto a la chillaneja”

Por La Prensa Austral Domingo 29 de Octubre del 2023

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Por Marino Muñoz Lagos

 

 

La folclorista, cantante, pintora, artesana y poetisa Violeta del Carmen Parra Sandoval nació en la pequeña ciudad de San Carlos, un poco más al norte de Chillán, el 4 de octubre de 1917. Era hija del matrimonio formado por el profesor primario y músico Nicanor Parra y la costurera y cantora Clarisa Sandoval. El hijo mayor es el antipoeta y académico Nicanor Parra, estudiante de Oxford y Premio Nacional de Literatura.

Por esos tiempos la provincia de Ñuble era netamente agrícola y su comunicación con el norte y el sur de la república eran los ferrocarriles estatales. Violeta se crió y creció en el barrio Villa Alegre de Chillán que casi siempre correspondía a la puerta de entrada de las ciudades sureñas. Dicen que a los doce años de edad empezó a escribir sus primeros poemas y canciones que más tarde la harían célebre.

A insinuación de su hermano Nicanor viajó a Santiago para ingresar a la Escuela Normal; pero más pudo el canto, y con su hermana Hilda formó un dúo que actuaba en quintas de recreo y restaurantes vecinos a la Estación Central y las calles bravas de San Pablo y Matucana, donde eran muy populares porque interpretaban las canciones que a la gente le gustaban, como boleros de la época, corridos mexicanos y valses románticos.

En la década de los años cincuenta Violeta Parra se convenció que ése era su camino. Por la opinión de los expertos, el conocimiento de Pablo Neruda y su trabajo en Radio Chilena, se dedicó de lleno al folclore recorriendo todo el país investigando nuestras raíces en el canto, la artesanía, la cerámica, los tejidos y los tapices. Ensanchó su creatividad y los versos de “Gracias a la vida” proyectan su amor por el arte total.

Un día cualquiera empaquetó sus obras y las presentó en Argentina, para luego dirigirse a Europa, donde abrió exposiciones en la Unión Soviética, Finlandia, Alemania, Italia y Francia. No contenta con esto, colgó en las respetables murallas del Museo del Louvre sus pinturas, tapices y demás creaciones en 1964. 

Violeta Parra pasó todo el tiempo a salto de mata, con el dinero suficiente para no morir de desamparos. Le aprendió de muy cerca a los abuelos de sus abuelos, quienes apenas tenían la tierra para dormir la siesta o echarse a andar para otros reductos. Se acostumbró a regalar cuanto tuviera a la mano, aunque lo necesitara. Por tales argumentos, los días y las noches se les hacen amargos y solitarios mientras se aproxima la muerte: “Yo me llamo Violeta Parra, pero no estoy muy segura; tengo cincuenta años a disposición del viento fuerte. En mi vida me ha tocado muy seco todo y muy salado, pero así es la vida exactamente, una pelotera que no la entiende nadie. El invierno se ha metido en el fondo de mi alma y dudo que en alguna parte haya primavera. No quiero ver nada de nada, entonces pongo la cama delante de mi puerta y me voy”

Recorre Chile de norte a sur y del litoral a la cordillera, después de sus travesías por países europeos. Anda en avión, en trenes, a pie, con la guitarra como equipaje y la tristeza como invisible y tierna compañía. Se alegra de coleccionar las canciones más viejas y desconocidas del campo nuestro, de sus poetas populares, de las cantoras lugareñas y de esos abuelos, que traen las leyendas rurales, el tesoro de susurros antiguos.

Este último viaje es a Puerto Natales y Punta Arenas. En una velada en el teatro Municipal de la ciudad austral, un hombre tímido y sencillo le regaló una silla hecha por él, a la medida de la Violeta y para que no quedara con los pies colgando. El público que asistía al teatro, aplaudió a la Violeta y al emocionado carpintero del fin del mundo. Regresó a Santiago, a su carpa de La Reina, en las calles La Cañada con Toro y Zambrano. 

Se mató ahí, el domingo 5 de febrero de 1967. Tiempo antes de su muerte había dicho: “Las canciones más enteras que he compuesto son: Gracias a la vida, Volver a los diecisiete y Run Run se fue pa’l norte”.

El autor falleció en abril de 2017, a la edad de 91 años, escribiendo su columna literaria en La Prensa Austral y
El Magallanes por casi siete décadas.

* Texto tomado de:

1.- Marino Muñoz Lagos; “Violeta Parra”, La Prensa Austral, Punta Arenas, 3 de febrero de 2005. 

2.- Marino Muñoz Lagos; “Yo canto a la chillaneja”, La Prensa Austral, Punta Arenas, 2 de febrero de 2006. 

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