Preparativos antárticos
En diferentes horarios ya hemos percibido los rugidos de motores por los cielos de la ciudad, muy propios de quienes se aprestan a sus viajes antárticos, así también los primeros cruceros cuyas proas enfilan hacia las costas de la Península Antártica, significa que estos días en que comienza noviembre que ya está encima, empieza la temporada antártica 2023-2024, en la que tanto el personal que se apresta a abordar los aviones o embarcaciones les envuelve la emoción de todo un trabajo anual que les permite renovar por ejemplo a las dotaciones que ya llevan un año en el territorio chileno antártico. Por otro lado, muchos ya están ansiosos que terminan una misión, larga y dura de permanecer en distintos lugares geográficos dentro de la Península Antártica, en donde ejecutan la principal labor de permanecer este periodo y que en invierno viviendo en prolongadas penumbras, así también a quienes ingresan, sus días largos comienzan hacerse sentir hasta que finalmente llega el invierno.
Nunca hubo poblaciones humanas nativas en la Antártica, razones pueden ser muchas, pero fundamentalmente el medio ambiente es demasiado hostil como para que sobrevivan sin ayuda de las más avanzadas tecnologías. En el otro extremo del planeta, las poblaciones indígenas del Artico sólo han sido capaces de sobrevivir porque tenían las posibilidades de emigrar si las condiciones así lo requerían. A modo de hechos históricos el primer grupo humano que pasó algún tiempo mayor en la Antártica estaba formado por exploradores y científicos belgas, noruegos y británicos que sobrevivieron allá por los años 1898-1899 en expediciones científicas. Desde entonces, la tecnología se ha desarrollado para vencer estas dificultades y las personas o dotaciones como les denominamos, que viven espacios de tiempos prolongados, que por lo general, es un año, en cierta medida son acompañados de ciertas comodidades que merman en gran medida lo que antaño fuera vivir casi a la intemperie de vientos catabáticos y bajas temperaturas. Sin embargo y aún así son dependientes en extremo del apoyo de los centros de operaciones situados fuera de las regiones antárticas.
En el caso que nos atañe a nosotros como región, somos a quienes recurren inmediatamente, a los gobiernos u operadores, tanto argentinos como chilenos para enfrentar cualquier emergencia que ponga en riesgo tanto las infraestructuras, como los accidentes o enfermedades que impliquen complejas evacuaciones, sobre todo en invierno que se hace más difícil volar y navegar en condiciones de escasa luz y temporales con características polares. Son esenciales las telecomunicaciones, buques y aviones constituyen vínculos vitales con el mundo exterior. En cierto sentido, las estaciones antárticas, es decir, las bases antárticas se encuentran tan aisladas como las del espacio, sobre todo en invierno, cuando la luz solar y así lo mencionábamos anteriormente, prácticamente no existe y el clima se encrudece y se torna durísimo que cualquier contacto físico con el mundo resulta imposible.
La población humana de la Antártica se encuentra en flujo continuo con los ires y venires de los científicos y dotaciones polares de manera anual. En toda la Antártica se ha contabilizado la permanencia de seres humanos en una cantidad cercana a las 2.500 personas, soportando el invierno, pero los números crecen significativamente en verano, con la llegada de turistas y más equipos de científicos estivales alcanzando a veces cifras desde 7 mil hasta 9 mil personas entre hombres y mujeres. Cabe destacar que en la literatura que no deja de ser atrayente de estos parajes y entre ellos está el más antiguo conocido de que un ser humano haya visitado o al menos pasó por allí, se encuentra en la historia oral de las islas Cook del Pacífico Sur. Según la leyenda, Ui-te-Rangiora, jefe de Rarotonga, realizó un viaje en canoa a mediados del siglo VII. Cuando en 1814 los europeos llegaron a Rarotonga, escucharon historias sobre un océano congelado situado en los mares del sur.




