Necrológicas

A 63 años de la llegada de los aspirantes a conscriptos desde Chiloé y Llanquihue a Punta Arenas

Viernes 24 de Noviembre del 2023

Compartir esta noticia
485
Visitas

Reunidos diez reservistas amigos, aún mantienen su amistad y cuentan parte de su historia.

José Daniel Calisto Garay

Un 10 de abril en 1960 fueron reunidos en el Regimiento Sangra de Puerto Montt y comisionado por el Ejército para cumplir con el protocolo de traslado a la zona austral que estuvo a cargo del capitán Félix Zepeda Guyot, quien fue acompañado para cumplir con la misión indicada, por diez suboficiales del Regimiento Pudeto de Punta Arenas.

En aquel día en el regimiento se reunió un contingente de aproximadamente cuatrocientos aspirantes a conscriptos, los que fueron sometidos a estrictos exámenes de control médico.

Otra selección importante la realizaba el personal del Ejército que tenía como misión fundamental escoger el personal idóneo para cumplir con las exigencias que requería el servicio militar y además particularmente, seleccionar a reconocidos deportistas que pudieran reforzar las actividades en distintas disciplinas del Club Deportivo Pudeto de Punta Arenas. Las ramas a que se hacían referencia eran: básquetbol, fútbol, box, y ciclismo.

Dentro de los destacados deportistas que hacían su llegada a Punta Arenas para marcar un perpetuo historial deportivo en la zona estaban: Alberto Guzmán, Héctor Toro, José Mancilla, y Herby Gatica en fútbol; Armando Tihuel, en boxeo; Jorge Cardosa y Mario Oyarzún, en básquetbol; René Efner, en ciclismo.

En esta crónica conoceremos las historias de un puñado de osados patriotas que arribó a estas tierras en tiempos tan difíciles; ellos son: Jerónimo Aguila Ulloa, Alberto Guzmán Herrera, José Mancilla Cubate, Juvenal Paillán Quinchamán, José Barría Igor, Emilio Vivar Bahamóndez (este último siendo puntarenense, ha sido siempre un amigo irrestricto del grupo).

Los siguientes reservistas formaron en su momento parte de este privilegiado grupo, pero lamentablemente fallecieron varios de ellos: Octavio Furrianca Turry, Florencio Manqui Muñoz, José Mendoza Silva; y finalmente José Barría Igor, que hace muy poco tiempo decidió radicarse junto a su familia en la ciudad de Puerto Montt.

Viaje en el buque Angamos

Por las fechas indicadas, no cabe duda que fue el buque Transporte Angamos que trajo a Punta Arenas al contingente de futuros conscriptos.

De acuerdo a la historia oral recogida, con fecha 18 de abril de 1960 se embarcan en el Transporte Angamos desde el molo de Angelmó, en Puerto Montt con destino a Punta Arenas.

El viaje en cuestión duraba entre cinco o seis días; se dormía donde se podía y cada uno comía lo que llevaba, con la invitación al amigo cuando correspondía, lo que se agradecía indiscutiblemente de corazón; el frío calaba los huesos, se hacía rutinario y se esperaba con ansias que pronto terminara y se enfrentara a la realidad que correspondía con respecto al motivo del viaje, el servicio militar obligatorio.

Sorpresa causó cuando al llegar cerca al golfo de Penas, la tripulación de la nave hizo entrega a cada persona de un balde que fuera ubicado en el sector en que cada uno dormía; evidentemente la pregunta emergió de inmediato, ¿para qué es esto?; la respuesta llegó muy pronto: “para que sea utilizado por los que se sintieran mal al cruzar el golfo”.

Esta situación preocupó especialmente a los residentes de Osorno, ya que los de Ancud, Puerto Montt y Maullín, hacían gala de avezados marinos, sin embargo, fueron los primeros que se marearon. Consecuencia de lo anterior, los que resistieron los embravecidos vaivenes del barco, aprovecharon se servirse, los sabrosos pollitos asados, milcaos y pancitos con chicarrones de los viajeros indispuestos transitoriamente; el tiempo de permanencia del Transporte Angamos al garete fue de veinticuatro horas.

Bitácora del viaje

En consulta formulada a la Armada de Chile a través del Consejo de Transparencia con fecha 12 de julio en 2023 y respondida por el capitán de navío y jefe del Departamento de Transparencia de la Armada de Chile Pedro Spencer Marín, da cuenta de la Bitácora de Puerto y Mar del Transporte Angamos, entre el 30 de octubre de 1959 y el 16 de mayo de 1960, que aquí damos a conocer.

Se hace hincapié que de la bitácora original se extraen las fechas, horarios y acciones más cercanas al viaje de los aspirantes a conscriptos, según aquí se cuenta.

Miércoles 6 de abril de 1960

03,00 hrs. atraca patrullera de Carabineros con un oficial y 60 conscriptos.

Martes 19 de abril de 1960

14,15 hrs. arriban conscriptos empezando a acomodarse; 200 en la bodega N°2 y 150 en la bodega N°3.

15,30 hrs. Se continúa alistando el buque para el zarpe.

17,50 hrs. Se ordena bajar visitas y terminar de embarcarse los conscriptos.

18,05 hrs. Empieza a virar transporte y lanzar espías.

18,31 hrs. Babor a toda fuerza avante.

18,32 hrs. Media fuerza avante las dos máquinas.

18,55 hrs. Toda fuerza avante las dos máquinas. Navegando el seno Reloncaví de norte a sur.

Lunes 25 de abril de 1960

Ya en Punta Arenas atracado al muelle Arturo Prat.

07,00 hrs. Se iza el pabellón nacional; se efectúan relevos.

Personal de conscriptos abandona el buque.

Los primeros militares

en Magallanes

El escritor Carlos Burnes Torres, nacido en Río Mayo, República Argentina, de padres chilenos, bautizado e inscrito en Coyhaique, Chile, durante los cuarenta y ocho años ha permanecido en la región, pues además fue miembro del Ejército  y está actualmente jubilado; se dedica a la investigación de la historia militar en Magallanes y es que en muchas ocasiones fue parte ella y en las que no, se relacionó con los artífices de la historia, tales como ciudadanos, soldados y descendientes, conociendo de primera fuente los hechos para darle vida y veracidad a sus escritos.

Tal es así que de su libro “Regimiento Pudeto 1910-2020”, este escritor manifiesta en su texto acerca de la llegada permanente de militares a la zona extractadas de las páginas 27/28/29/30:

“El 21 de septiembre del año 1843 en la goleta Ancud llegaron a Magallanes los primeros ocho soldados de artillería del Ejército y junto con los hombres de la Armada fueron nombrados e investidos en la isla grande de Chiloé para integrar la partida de colonos chilotes que pisaron por primera vez estas tierras. A partir de la toma de posesión del estrecho de Magallanes y durante todo el periodo de asentamiento de la colonia (1843-1897), llegaron grupos de soldados sin orgánica alguna con la finalidad de hacer soberanía, custodiar y cooperar en los trabajos y en la mantención del orden, más tarde al saberse lo difícil de la vida en este lugar, dificulta aún más el envío de gente y soldados voluntarios y de buena conducta, aprovechándose de esta situación los recluidos, para poder salir de su destierro, conspiraban contra la autoridad constituida, más aún los propios soldados consideraban un castigo servir en esta guarnición”.

Los antecedentes de la historia militar del Ejército en Magallanes abarcan los sucesos desde 1843 hasta 1910, caracterizada por la formación de pequeñas unidades de distintas armas que nunca llegaron a organizarse en forma efectiva y permanente, sino hasta el año 1911 cuando llegó el entonces “Batallón Magallanes”, actualmente denominado Regimiento N°10 Pudeto, que junto al Apostadero Naval, fueron las únicas unidades militares que a partir de entonces fueron custodios de la soberanía y contribuyeron al desarrollo regional”.

Periplo de vida de cada uno de sus integrantes

1.- Jerónimo Aguila Ulloa. Puertomontino de corazón, llegó a nuestra ciudad con el compromiso de cumplir con su servicio militar. Posterior a esto, trabajó en variadas actividades del mundo campesino.

Diez años después de haber terminado su servicio militar y ya de regreso en Punta Arenas, unos amigos lo invitaron a tocar los fines de semana en el Club Militar; poco después se cumplió su anhelo de integrarse a la Banda Instrumental del Regimiento Pudeto, permaneciendo treinta y dos años, hasta su jubilación. Por varios años fue su flamante director.

Jerónimo ha formado parte de uno de los primeros grupos musicales de Magallanes, “Los Zenit”, así como también de las agrupaciones folclóricas “Clara Solovera”, “Kutralihue” de Porvenir, “Ballet Cherú”, “Los huasos del sur” (dúo folclórico formado por él y René ‘Lito’ Rodríguez y hasta hace poco integrante de “Los dedales de oro”, como acordeonista.

2.- Alberto Guzmán Herrera, conocido y destacado deportista (arquero) que vistió varias casaquillas del fútbol regional y la más importante, ser seleccionado de Punta Arenas por catorce años consecutivos.

También nacido en Puerto Montt y ya en el año 1958 jugador de fútbol juvenil del Club Deportivo “Centinela Aéreo” y en 1959 seleccionado adulto del Puerto Montt, jugando a tan temprana edad contra los seleccionados de Osorno, Maullín y Ancud en un campeonato intercomunal.

Alberto señala: “Linda experiencia y buenos recuerdos; sabiendo que era seleccionado de Puerto Montt me integraron inmediatamente al Club Deportivo Pudeto, que militaba en la serie de honor de la Asociación de Fútbol de Punta Arenas”.

“Tuve la suerte, que el regimiento impartía algunos cursos de capacitación y aprendí el oficio de “Controlador de radio” y un soldado en ese tiempo, llamado René Almonacid, me enseñó a proyectar películas. Tal es así, que al salir de mi servicio militar encontré de inmediato trabajo, primero como radiocontrolador en Radio Polar y luego en el Teatro Municipal como proyector.

Sus clubes fueron: Pudeto, Júpiter, Naval, Español, Sokol, Audax y finalmente Magallanes.

3.- José Mancilla Cubate, nacido en Puerto Montt llegó a Punta Arenas en 1960 en el Transporte Angamos a fin de realizar su servicio militar obligatorio.

Se licenció del servicio militar y como hubo un terremoto en el norte del país, decidió quedarse a trabajar en nuestra  ciudad y ya no regresó a su ciudad.

Trabajó once años en la firma Dimartel y posteriormente se incorporó a la locomoción colectiva, cumpliendo en la actualidad treinta y dos años manejando taxi colectivo.

4.-Juvenal Paillán Quinchamám, nacido en Puerto Varas sector campestre. Fue citado a presentarse en Puerto Montt para los exámenes respectivos; su padre le manifestó que lo podía sacar del servicio militar, pero él quiso hacerlo.

Llegó feliz a Punta Arenas a realizar su servicio militar; al salir licenciado volvió a su tierra y trabajó por espacio de tres meses, pero el recuerdo de Punta Arenas que era de lo mejor, lo hizo volver. Vivió en una pensión y trabajó en el carbón, en la fábrica La Pradera. Por su buen desempeño su jefe lo envío al campo, a la estancia Mile en Tierra del Fuego, donde prestó servicios por espacio de dieciséis años, aquí acentuó su profesionalismo al tener a su disposición camiones, camionetas, tractores, lo cual lo transformó en un avezado chofer profesional; así las cosas, fue contratado como chofer de planta con lo cual pudo obtener una mejor remuneración.

Es un agradecido de Magallanes por todo lo que le dio; en el año 1996 se acogió a retiro y en forma particular se dedicó a la siembra de papas, empastadas y cosechas varias. Posteriormente, finalizó su actividad trabajando en taxi.

5.-José Barría Igor, de él tenemos poca información ya que hace su buen tiempo volvió a su tierra de Puerto Montt, pero  sí sabemos que cumplió cuarenta años de labor ininterrumpida en el Liceo Industrial “Armando Quezada Acharán “, y hoy goza de su merecida jubilación.

6.-Emilio Vivar Bahamóndez, ya lo dijimos, siendo magallánico formó de un comienzo el selecto grupo de amigos que se ha reunido por años en pos de la amistad y la camaradería tan propia de quienes en un momento de sus vidas vistieron el uniforme militar con gallardía y patriotismo.

Lo expuesto en esta reseña, aunque pareciera simple, no dejó de ser un trabajo agotador, de muchas consultas orales y la poca existencia de textos escritos referidos al tema.

Acontecimientos como éstos nos permiten entender con mayor profundidad actuaciones y sucesos relevantes para la historia regional y en especial para el Ejército.

Sin duda, dada esta investigación, existen muchos aspectos por estudiar y comprender de mejor forma la ruta que hemos recorrido y la mirada que tenemos de nosotros mismos y así sacar lecciones del pasado que nos permitan entregar enseñanzas valiosas para el futuro.