Embole constitucional
Durante estos últimos cuatro años, con esta sucesión de procesos constitucionales inundando Chile, uno farreado en manos de la izquierda dura y ahora el otro aún por verse, con la conducción por parte de la derecha. Lo bueno de todo esto, si es que se puede rescatar algo, es que el tema constitucional ha perdido definitivamente el posible encanto o magia que pudo haber despertado en algunos en el pasado reciente. A punta de cansancio de las personas, lo que ha sucedido, es que se acabó el tema y las expectativas de la gente se desvanecieron, en parte ahora pareciera que les da lo mismo y la pega, si así fuera, la tendrá que hacer el mundo político, pero superando la polarización exacerbada. Esto nos llevó a desperdiciar 4 años en puros dimes y diretes, pero nada de esforzarse en lograr consensos transversales. Ahora habrá que trabajar con lo que quede en pie y el lema debiera ser “es lo que hay”. El país en pocas palabras ha desautorizado a la clase política, de chincol a jote, ahora tendrán que trabajar y esforzarse con los retazos de lo que se apruebe o quede en pie y los que pierdan, a reclamar a la Fifa.
Una de las pocas alternativas que ha estado penando y que estuvo merodeando durante todo el largo proceso, es el “que se vayan todos”, al cual habría que agregarle el que, cuando salgan cierren por fuera. Se gastaron los pocos cartuchos que nos quedaban y nos dejaron con la pura escopeta, por no decir la mansa escoba.
En el primer proceso, la mayoría responsable a cargo en aquel entonces, se sobregiró y se pasó varios pueblos. Ahora le toca al vecino, fue lo que pareció indicar el mazazo del respetable después del 4S. El desafío plebiscitario que se aproxima, bien podría representar una especie de primaria para JAK, ya que es muy improbable que éste se sume a la primaria de la derecha. Mientras tanto al frente se arrejuntan por el “En contra”, los dos extremos del espectro en una melcocha junto a buena parte de la izquierda. Sigue imperando la vieja máxima nacional que se ha repetido impajaritablemente durante las últimas décadas, dime quién está al frente para poder decirte contra quien voy a votar.
Estamos dados por ambos lados. Si gana el “A Favor” tendremos una nueva Constitución legítimada por una mayoría, no será la tuya ni la mía pero será de la mayoría, y por algo hay que empezar y si es una base para partir, bienvenido sea. Como una vuelta de mano y con signo distinto, si la fuerza del resultado así lo señala, bien se podría iniciar un proceso similar a lo que hizo la Concertación con la Constitución del 80 o la de Lagos y si gana el “En Contra” se legitimará de una vez por todas la Constitución de Pinochet, de los cuatro generales o de Lagos, tan cuestionada por su origen dictatorial. En resumen, el país gana por angas o por mangas y, de una vez por todas, se dejará de pensar, por un buen tiempo al menos, en un tema que enreda y confunde. Para no seguir tratando de encontrar la piedra rosetta, en algo que probablemente no existe y más aún, considerando el tipo de sociedad y las experiencias que hemos vivido y nos caracterizan como país.
Asimismo la que gane o la que quede parada, igual la podremos ir mejorando, ya que de algo nos van a servir estos cuatro años de embole constitucional, para poder ir construyendo en el camino de su aplicación, las mejoras que requiera la Constitución y que si bien no unirá a todos, interpretará a una mayoría importante.




