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Cansados de no ver avances

Por Emilio Boccazzi Campos Lunes 18 de Diciembre del 2023

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Emilio Boccazzi Campos
Arquitecto

Este domingo los chilenos fuimos convocados por tercera vez en 3 años, para manifestar nuestra preferencia u otorgar el voto para tener o no tener una nueva Constitución. La primera ocasión, mayoritaria y con enorme confianza, logró tener una adhesión de casi un 80 por ciento, para tener a través de una Convención elegida integra y democráticamente una Nueva Constitución. La verdad es que hubo porcentajes importantes de cupos asegurados para las distintas etnias originarias, que a la luz de las poblaciones que representan, quedaron sobre-representadas. Luego vino el “espectáculo”, y los temas que ilusionaban y a los cuales se les requería dar un marco general, los que se desdibujaron y entraron a tallar las agendas personales o tribales y los motivos originarios que a la ciudadanía, al verdadero pueblo silencioso, ese que se levanta todos los días a trabajar y que cumple o trata de cumplir cada una de las normas que el Estado y la clase política le impone, ya no eran tales. Los gustitos personales, los dogmas y la imbecilidad rampante dilapidaron un enorme caudal de confianza ciudadana.

La pasada de cuenta, la vendetta y la estupidez hicieron farrearse un proceso que pudo ser ejemplar. Vino la votación para ratificar o rechazar la propuesta de dicha primera convención y el rechazo fue mayoritario. El sentido común impuso una cuota de sensatez ante tanta verborrea y despliegue vacío de consignas.

Con dicho rechazo, el gobierno un tanto golpeado por el resultado junto al resto de la  clase política opositora a esas alturas “aleonada” inició un segundo proceso, medio “pre-cocido”, con comisiones de expertos elegidos a dedo por los partidos políticos. Luego para darle cierta validez democrática, vino una elección de 50 consejeros, que darían forma a esta segunda propuesta. Como en la ley del péndulo, la elección de los consejeros o Convenciones, que propusieron esta propuesta que hoy votamos, se fue al extremo ultra conservador, sector que paradojalmente nunca quiso tener una nueva Constitución y que se restó en los inicios de participar en todas las instancias de acuerdo.

La verdad es que una nueva Constitución para Chile, siguió siendo un laberinto, que además logró un increíble desapego, que ha hecho que este proceso haya carecido de entusiasmo ciudadano, de recuperar la alicaída confianza de los chilenos, para con la clase gobernante y en general con los tres poderes del Estado. Gobierno o Poder Ejecutivo golpeado desde sus entrañas porque su discurso “puritano” y mesiánico se ha hecho trizas con las evidencias de los “arreglines” y la arquitectura de los convenios truchos. Un Poder Legislativo que cada día muestra menos legitimidad, capacidad y con escasas, escasísimas excepciones, muestra un mínimo nivel de profesionalismo y de logros de acuerdos, que den cauce a avances y resolución de conflictos que están entrampados hace más de una decada. Este Poder Legislativo, junto el Poder Ejecutivo, es decir el gobierno de turno, deben resolver la batería de materias , que la ciudadanía espera por años. Sistema previsional que sigue significando para los millones de chilenos que trabajamos por 30 o más años, la puerta de entrada a la pobreza una vez dejamos o dejemos de aportar. Nada ha cambiado en el sistema previsional. La educación chilena y sus indefiniciones, tienen a los niños y jóvenes chilenos sin mayores expectativas mientras los nuevos ejecutivos de los Sistemas Locales de Educación, amasan millonarios sueldos para funcionarios que poco saben de estar “en la papa”, es decir en el aula.

Y por último un Poder Judicial y los sistemas del Poder Político que administran sanciones, que en su maraña legal, funcionaria y de procedimientos tiene justicia para todos los gustos o bolsillos. Quizás por escribir estas evidentes verdades para millones de chilenos, me esté metiendo “en las patas de los caballos”, pero cuando hemos visto casos como “Penta”, colusiones de las grandes empresas para perjudicar a todos los consumidores, ergo a todos los chilenos, “perdonazos” a grandes evasores de impuestos (Johnsons entre otros), a quienes del Poder Político generaron boletas ideológicamente falsas (de diversos sectores políticos y ninguno pagó con un día de cárcel), para engañar al mismo Estado (del cual son y siguen siendo parte), cuando hoy vemos inmensas transferencias a estas Fundaciones chantas y callampas que han logrado recursos frescos y en cantidad por parte del mismo Estado, del cual en gran parte “son parte” o tienen “llegada, cuando vemos estos y muchos otros casos y cosas, decimos, parece que ningún poder del Estado de Chile ha estado a la altura de las circunstancias y la ley y los privilegios son sólo para algunos.

Independiente del resultado de hoy (o de ayer) la gente, los chilenos estamos cansados, apremiados y con pocas expectativas. Como dijimos ayer, cada uno “llevándose la pelota para la casa”, cada sector político, hablándole a sus barras bravas y la justicia a la medida de su bolsillo y “llegada”. Cansados de tanta mediocridad, sectarismo y abuso.

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