Murales y rostros, una forma de embellecer la ciudad y homenajear a seres entrañables
Jorge Canicura, alias Cejec, lleva más de una década viviendo en Magallanes, donde ha logrado llevar su arte y trabajo a las cuatro provincias regionales, embelleciendo las ciudades y barrios con sus murales. Oriundo de Puerto Octay (Región de Los Lagos), asegura que aquí en la zona austral ha profesionalizado su trabajo, logrando desempeñarse en su área con mayor dedicación y tiempo.
En Porvenir realizó los fondos de las exposiciones de objetos selk’nam; en Puerto Williams ha ido a realizar talleres de murales a colegios y este año confeccionó un mural en el marco de la campaña “Magallanes sin discriminación” del INDH; ha dirigido talleres de mural de serigrafía en la cárcel pública y además ha llevado su arte fuera de las fronteras chilenas, como por ejemplo Río Gallegos, Río Grande y Comodoro Rivadavia, en Argentina.
Sus inicios fueron en Puerto Octay, en graffiti, donde él cree que aún deben haber muros con sus trabajos. “La única forma que tenía para conocer más gente era ir a Osorno o Puerto Montt, por esos lados me movía. De ahí me iba para encuentros de grafiti por Valdivia, Osorno, Concepción. Ahí uno iba aprendiendo”, relata Canicura.
En la Patagonia exploró nuevos formatos. “Empecé a pintar más rostros, conocer más de la historia de los pueblos originarios, la masacre y genocidio. Me empapé de las historias del territorio y empecé a pintar más rostros, dejé un poco de lado las letras”, cuenta Canicura, agregando que eso le permitió encontrar más trabajos con su arte, ya que llegó inicialmente a Punta Arenas para desempeñarse como diseñador gráfico, pintando sólo los fines de semana.
Todo sube
Pese a que sus trabajos siempre los ha estado realizando con pintura en spray, comenta que los últimos tiempos ha alternado más al trabajo con brocha y esmalte al agua. “Una porque la pintura está más cara”, cuenta entre risas, explicando que han subido más del doble el precio de sus insumos en spray. “Ahora lo que hago es usar el spray para rematar el diseño y detalles finos”.
Este año, apoyando el programa “Quiero mi Barrio”, ha dirigido talleres y pintado murales en las poblaciones Camilo Henríquez, El Pingüino, Juan Pablo II, Cumbres Patagónicas, Eusebio Lillo. A través de Sercotec, contribuyó en tres muros del Barrio comercial Prat. A inicios de año también pintó el mural del Centro de Rehabilitación del Club de Leones. En Zenteno con General del Canto también pintó, pero esta vez mediante autogestión. Estuvo también gestionando el encuentro de graffiti alrededor del perímetro del hospital viejo. “Me mantengo activo pintando porque hago a pedido y también pinto porque me gusta”.
Rostros y homenajes
Pintar los rostros y miradas, donde señala que pone especial atención, es una forma de “decir que ellos aún se mantienen acá, una forma de que esos seres permanezcan vivos acá, a través de los muros se les reconoce”. Han sido numerosos los homenajes que les han pedido familiares de gente fallecida, ya sea por accidentes, causas naturales o enfermedades. Uno de los murales que realizó este año junto con su pareja Paulina Moreau fue el del desaparecido estudiante salesiano Ricardo Hárex,. Otros casos como el de los jóvenes Roberto Verdugo o Milton Pérez también fueron retratados por él. “Han visto una forma de reconocerlos y se están atreviendo a pintarlos en muros. Es una forma simbólica de recordarlos y tenerlos presentes en sus barrios”.




