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Año sin muchas esperanzas

Por Abraham Santibáñez Sábado 6 de Enero del 2024

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2024 empezó con una doble catástrofe en Japón. Un terremoto y un dantesco (perdón por el lugar común, pero es lo que vi) choque de aviones -uno comercial y otro que llevaba ayuda a los damnificados- nos dejaron en claro que es difícil que este año sea mejor que el recién pasado. 

La guerra entre Israel y Hamás, que ha dejado en ruinas a Gaza, no tuvo consideración con la Noche de Paz ni los festejos de fin de año. Los fallecidos en Gaza, según su Ministerio de Sanidad, llegaron a más de 21.300 y sobre 55.600 los heridos al final del año. 

Y, lo que es peor, todo indica que con lo que ha pasado en el Líbano, el conflicto seguirá creciendo.

A dos mil kilómetros de distancia, la guerra desatada por la invasión rusa a Ucrania, que en febrero cumplirá dos años, tampoco invita al optimismo. A uno y otro lado de la frontera escasean los voluntarios, lo que mueve a Kiev y a Moscú a aumentar la presión para llenar los cupos. La falta de entusiasmo de los ucranianos obligó a dictar un decreto ley para sumar medio millón más de soldados. A los rusos nunca les agradó la “operación militar especial” desencadenada por Vladimir Putin- 

Hay otros conflictos no declarados en el resto del mundo. El más amenazante al terminar el año era la ofensiva diplomática de Venezuela contra la Guyana por el territorio del Esequibo. El envío de un buque de guerra del Reino Unido, como gesto de apoyo a su excolonia, irritó al régimen de Nicolás Maduro. Venezuela rechazó “de manera categórica la llegada del buque HMS Trent, de la Armada Británica, a las costas de Guyana, lo que se convierte en un acto de provocación hostil…”. Se ordenó la movilización de tropas a la frontera.

Estos conflictos deben tomarse en serio. A fines de diciembre, los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, intensificaron sus ataques contra barcos en el mar Rojo. Afirmaron que se trata de una venganza contra Israel. 

Según la CNN “se cree que los hutíes han sido armados y entrenados por Irán, y se teme que sus ataques puedan llevar la guerra de Israel contra Hamas a un conflicto regional más amplio”. Lo confirma el hecho de que EE.UU. ya anunció acciones. También Irán se ha hecho presente. No sólo la paz está en juego. Como planteó The New York Times, “el riesgo de una escalada del conflicto en Oriente Medio es la última de una serie de crisis impredecibles… que han aterrizado como garras de oso en la economía mundial, desviándola de su rumbo y dejando cicatrices”. 

Pareciera que el mundo está retrocediendo a las tensiones de los años de la guerra fría. Y a los años de economía de guerra. Lo sabremos con certeza en las próximas semanas… o meses.

Pero eso no es todo. El otro lado de la medalla muestra que 2024 será un año recargado de elecciones en todo el planeta. El problema es que no todas estas elecciones serán limpias y libres. Hay autoritarios que no quieren soltar el poder, como Putin en Rusia, y está presente la compleja realidad generada por las redes sociales, las fake news y el neopopulismo descontrolado. 

 Es un frágil equilibrio entre la guerra y la paz. 

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