Necrológicas

Cien años del Dr. Domenech.

Domingo 21 de Enero del 2024

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Cuando pensamos en nuestra infancia, cual más cual menos, tiene el recuerdo del médico de la familia que llegaba con sus implementos, presto a enfrentar la contingencia del caso que generalmente se solucionaba con su sola presencia. Si hubiera que personificar a alguno de estos médicos, al menos para mí, sería el catalán Oriol Domenech Llavallol, nacido en Barcelona, España, el 9 de noviembre de 1923, es decir hace ya dos meses que cumplió cien años.

Domenech extrajo las amígdalas de gran parte de la población de la Patagonia chileno-argentina que hoy ronda entre los 60 y 70 años de edad. Especialista en “Oído, nariz y garganta” como se decía entonces, era palabra y bisturí autorizado en la materia y por esa razón, era tremendamente famoso; su fama literalmente traspasaba fronteras. Atendía en Río Gallegos y acá en Punta Arenas se corría la voz que era simpático (las mamás lo encontraban muy “dije”) y lo mejor era que los niños salían caminando de la operación y les recetaba helados.

En diciembre de 1966 partimos con mi Mamá a Río Gallegos. Domenech nos recibió cordialmente en su casa-consulta ubicada en calle Piedrabuena Nº32. La clínica era la primera pieza a la derecha de un largo pasillo y en la habitación frente a ésta había una cama para los pacientes que requerían reposo post operatorio. La operación fue al día siguiente; con anestesia local y en un sillón tipo dentista (de los antiguos). Salí caminando de la consulta y llegué caminando al Hotel “Punta Arenas” donde reposé durante tres días. Eso es lo que podemos contar de nuestra experiencia en Río Gallegos.

Pero la historia con el Doctor Domenech no termina ahí; él llevaba un registro de sus pacientes de otras ciudades y los visitaba, una tarde apareció con su maletín y sus buenos modales en nuestra casa de la Población Fitz Roy. Luego de la revisión de rutina y el alta respectiva, compartió la mesa familiar.

El médico llegó a Argentina en 1952 esquivando el franquismo, en España estuvo preso y fue sometido a consejos de guerra. Buscando el lugar más extremo posible para refugiarse, vivió durante nueve meses en la Antártica, transformándose en el primer hombre en llegar a la cima del Monte Plymouth en la isla Greenwich. Posteriormente volvió a Europa, se casó y regresó a Argentina, trabajó en Tierra del Fuego y Río Gallegos, su esposa fue Mercedes Elizalde Bertrand, quien era su asistente y con ella tuvo cuatro hijos. Se fue definitivamente de Argentina en 1970, uno de sus hijos (Ivo) se quedó en la Patagonia, tiene un comercio en El Chaltén y de tanto en tanto nos comunicamos por what’s app. Actualmente el Doctor Domenech vive en Barcelona (enviudó en 2013).

Quien nos aportó mucha de la información que exponemos en esta crónica fue Doña Marta Consuelo Vargas Vidal, tía de Juan Miranda Vargas nuestro amigo locutor, escritor y músico que partió hace unos años. Marta nació en Punta Arenas, pero su familia vivía en Río Gallegos y entre 1962 y 1968 trabajó cono Arsenalera con Domenech (luego volvería a trabajar con él, esta vez en España entre 1989 y 1998).

En 2018 y por intermedio de Marta, el Doctor Domenech nos envió una atenta misiva, en la cual nos cuenta que en la década de 1960 con el apoyo de diversas personas -entre ellas mi padre- intentó radicarse en Punta Arenas. Consultado en su momento el historiador Mateo Martinic, nos señaló que se acordaba de ello y que él, en su calidad de intendente de la época efectuó algunas gestiones, pero su impresión es que Domenech se vio enfrentado al entramado burocrático propio de estos casos.

Marta nos contó que guardaba los mejores recuerdos del médico y de su esposa Mercedes, de quienes refiere, eran gente sencilla, afable y humanitaria. De Domenech señaló que era un profesional sin horarios ni condicionantes económicas para atender a sus pacientes, al punto que Mercedes le reprochaba que se había casado con la medicina. Llegó a ser muy querido en Río Gallegos y en las ciudades cercanas (Piedrabuena, San Julián, Punta Arenas, Puerto Natales, entre otras). Era amistoso y cercano; Marta recuerda que la gente lo paraba en la calle para conversar o hacerle consultas, él tenía tiempo para todos, sin importar condición social u otras consideraciones. Asimismo, nuestra amiga destacaba que era (es) un tipo que sobresalía por su vasta y amplia cultura general. Su partida definitiva a España en 1970 caló hondo en la comunidad santacruceña y fue noticia destacada en la prensa local.

“La suya es una vida de novela, doctor”, le dijeron en una entrevista; “a todos nos pasan cosas”, respondió el médico con su sencillez habitual. Capaz que piense lo mismo de su siglo de vida, aventuramos nosotros (ya tendremos tiempo de preguntarle).