Necrológicas

Los Colonos

Domingo 21 de Enero del 2024

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Por Guillermo Muñoz Mieres,
periodista

 

 

Chile, 2023

Director: Felipe Gálvez

Protagonistas: Alfredo Castro, Marcelo Alonso, Mark Stanley,  Benjamín Westfall

En cines de Punta Arenas y Natales

En un lapso de 4 años, Tierra del Fuego ha sido escenario de dos películas nacionales que han compartido no sólo el paisaje, también la época del relato, uno que otro personaje y, sobre todo, la clara intención de ser una denuncia contra los poderes que, aquí y en la quebrada del ají, ayudaron a construir este país llamado Chile.

“Blanco en Blanco” (2019) era la historia de un fotógrafo interpretado por el actor chileno Alfredo Castro que llegaba a inicios del siglo XX hasta Tierra del Fuego para retratar a la futura esposa de un misterioso terrateniente, pero lo que allí descubrió era el desconcierto, luego el terror y, finalmente, la resignación universal de que la historia oficial la imprimen los vencedores.

Ahora en “Los Colonos”, Castro, sucesor del natalino Luis Alarcón como rostro infaltable del cine chileno, vuelve a Tierra del Fuego y al año 1901 para transformarse en José Menéndez, amo y señor de la Patagonia magallánica con sueños de expansión y progreso que sólo son perturbados por la presencia de los aborígenes selk’nam que ya habitan ancestralmente el territorio. Para sacarlos del camino decide contratar los servicios de Maclennan, un ex militar escocés  que pasará a la historia tanto por “su obra” como por su apodo de Chancho Colorado; de Bill, un mercenario que ya sabe de estos trotes porque combatió comanches en México; y se suma a ellos un joven mestizo de otra isla, la de Chiloé, con buen ojo para la puntería y quizás para maldecir en silencio.

“Los Colonos” forma parte de esa tradición del cine chileno que lo ha hecho conocido en el mundo y que, a la vez, reafirma que nadie es profeta en su tierra. Un cine amargo, oscuro en imagen e ideas, sin espacio para el humor, donde es sospechoso cualquier atisbo de entretención, con diálogos punzantes, melodramáticos y algo sobreactuados, pero que deja en claro su descontento con el lugar donde tocó vivir.

El relato está dividido en tres partes, “El mestizo”, “En el fin del mundo” y “Chancho Colorado” y a medida que avanza se arropa de varios géneros, como el western norteamericano más crepuscular, pero también de su derivado italiano -el spaguetti-con sus títulos gigantes y una música acorde para seguir el trayecto de un malo, un bueno y un feo, que cabalgan por la estepa patagónica de una tierra sin ley como si fueran los renegados de “Los imperdonables” de Clint Eastwood (1992) o “La pandilla salvaje”(1969) de Sam Peckinpah, pero más temprano que tarde descubriremos que en realidad son tres jinetes para un solo apocalipsis: La Muerte.

“Los Colonos” en el fondo es un alegato político de cómo la violencia ha sido parte del ADN de Chile y esta verdad un secreto necesario de ocultar. Lo dice su epílogo cuando un emisario del  Presidente Pedro Montt llega hasta Magallanes para ajustar cuentas con Menéndez, negociar los futuros términos y construir la historia oficial. Para eso necesita ciertos datos, algunos testimonios y una cámara de cine que registre a los nuevos habitantes de Chile con rostros donde apenas tiene cabida la frase “ni perdón, ni olvido”.

La otra cara es esta película llamada  “Los Colonos” que, como Condorito, exige una explicación.