Necrológicas

El niño y la garza

Domingo 4 de Febrero del 2024

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Japón, 2023

Director: Hayao Miyazaki

En salas de cine de Punta Arenas y Natales

“El Niño y la Garza” es el retorno de un consagrado,  el realizador japonés Hayao Miyazaky, un nombre que es templo de devoción para los fanáticos de la animación o en su origen japonés, “el animé”, y también del cine porque,  lo que alguna vez  llamamos dibujos animados, es parte de su esencia porque el cine es, en definitiva, eso,  imágenes que se muevan, cobran vida y nos hace creer que estamos viendo algo que es la realidad y que, aunque no lo es, de cierta forma también la atrapa, la resume y a veces hasta la supera.

Las manos y ojos de Miyazaki algo tuvieron que ver con la versión animada de la serie “Heidi” que tanto marcó a fines de los setenta a varias generaciones,  pero a nombre propio ya  cuenta con títulos que son referencia obligada en la animación como son “El Viaje de Chihiro” (2001) o “Mi vecino Totoro” (1988) donde la técnica del dibujo a mano es un grito de respuesta y resistencia a la animación digital y ahora, con “El niño y la Garza”, se  suma su retorno, tras un último retiro anunciado el 2013, y donde pasa a un segundo plano si el resultado es menor o superior a sus obras anteriores porque lo que importa es lo esencial: que Miyazaki está de vuelta.

Como aviso aparte y antes de que la saquen de cartelera, en los cines de Magallanes se exhibe su versión con audio original japonés y la doblada en español. Una elección que no es menor.

Es la historia de Mahito, un niño de 12 años que en plena 2ª Guerra Mundial y cuando ya Japón avizora su derrota y tragedia, pierde a su madre entre las llamas de un bombardeo y debe irse con su padre a una zona aislada en el campo. Allí debe compartir con Natsuko, hermana de su madre, ahora nueva esposa de su padre, un grupo de simpáticas y curiosas ancianas, el bullyng de la escuela y, entre tanta confusión, de una garza molestosa que entre vuelo y vuelo le dice algo inquietante: “Tu madre está viva”.

 “El niño y la Garza”, como el de Chihiro, es un viaje hacia el interior donde la excusa es ese puente entre lo real y la fantasía, simbolizado en una torre que alguna vez construyó un tío abuelo y que ahora debe cruzar para rescatar a su desaparecida tía que se pierde embarazada en el bosque. Y es también la excusa para un despliegue de imágenes, simbolismos y personajes que inevitablemente hacen recordar a “Alicia en el país de las maravillas” o “Las Crónicas de Narnia” y en el cine quizás algo más perturbador como es el mundo onírico del realizador David Lynch, un espacio donde los vivos conviven con los muertos porque algo quizás ha quebrado esa frontera, una muerte inesperada, una oreja de Van Gogh o hasta el fuego abrasador de una bomba atómica.

El relato emprende este viaje con personajes e imágenes que ya hemos visto en el cine, sea el paisaje rural que recuerda al de “Sueños” (1990) y “Rapsodia en Agosto” (1991) del cineasta japonés Akira Kurosawa, a la ambigua garza que bien podría ser el Gollum de “El Señor de los Anillos” o el tío abuelo que recuerda al cerrajero de “Matrix Recargado” (2003)  y también al  Luke Skywalker ya anciano de la saga de “La Guerras de las Galaxias” en “El último jedi” (2017) que debe enfrentar el destino, la culpa  y la pesada carga de equilibrar el universo.

Y estas referencias, que son las más visibles, se camuflan entre otras donde se mezcla reflexión sobre la infancia, regreso al pasado, tragedia, intrigas políticas y quién sabe cuánto más, porque “El niño y la garza” es, en la sencillez de su relato,  excesiva en su despliegue visual y de temas.

 Y esto, para un niño “aún con el criterio no formado” como se suele decir, puede convertirse en  una obra demasiado grande como para entenderla en su totalidad. El asunto es que para un adulto también.