Necrológicas

La gran noche del pop

Domingo 11 de Febrero del 2024

Compartir esta noticia
114
Visitas

“Nada va a volver a ser lo mismo después de esta noche” son las primeras palabras que se escuchan en el documental “La gran noche del pop” y que aborda la jornada de enero de 1984 cuando decenas de artistas de la música pop del momento graban el tema “We are the world” que se convertiría en hit e himno global de la década y sería la respuesta  musical norteamericana a la campaña iniciada por Boib Geldof con los artistas pop ingleses para ayudar a la población que se moría de hambre en Etiopía.

Sin embargo, aquellas palabras no corresponden a la jornada misma de grabación, sino a la de un momento previo, la ceremonia de los premios musicales American Music Awards y que eran la cumbre por donde desfilaban artistas ya consagrados con emergentes y se inauguraba una nueva época en el negocio de la música con el videoclip. Lo que vendría después sería un “after hours” en otro lugar, en un estudio de grabación y que, como un carrete improvisado pero a la vez también como un momento histórico,  llegará el que tiene que llegar.

El documental es una reconstrucción cronológica  de aquel momento  y que parte desde que el cantante y actor Harry Belafonte concibe la idea, Lionel Richie asume el timón, Stevie Wonder no contesta el teléfono y un joven Michael Jackson se sube a bordo como copiloto, sin importarle, porque ya sabe que es  leyenda y el momento de la grabación es contra el tiempo, meteórico, minuto a minuto y que como todo buen tema se arma  verso a verso.

Por allí transitan leyendas vivientes como Bob Dylan y Ray Charles, en apogeo como Tina Turner y Bruce Springteen, voces singulares como la de Steve Perry y Cindy Lauper, y muchos más que si la historia de la música fuera una tarima se tendría que venir abajo con tanto peso. Todos bajo el mando de un  director de orquesta llamado Quincy Jones que ordena, afina, desarma y construye en su cabeza el tema que ya no sólo vislumbra, sino también atrapa. Y por allí un ausente Prince, que todos esperan, mencionan, pero nunca llega. Y entre tanta divinidad no podía faltar un chileno, Humberto Gatica, ingeniero del sonido, sobrino de los hermanos cantantes Lucho y Arturo, y que no sólo predica, porque cuando le correspondió mover las perillas, el trabajo lo hizo más que bien y ganó su lugar en la historia.

No se trata de imágenes desconocidas, porque fueron alguna vez presentadas en los programas musicales de aquel entonces, que no eran muchos, y ahora adquiere nueva vitalidad con los testimonios actuales de algunos protagonistas que reflexionan sobre el momento, sus emociones, el cansancio, las dudas, pero nunca perdiendo de vista que quieren ser narradores de una odisea.

“La gran noche del pop” no juega con elementos novedosos o lúdicos sobre la pantalla, al contrario, sólo construye el relato como una crónica periodística e histórica que, sin narrador en tercera persona, junta, corta y pega retazos de pasado con presente, obteniendo como resultado un  documental modesto, casi oficial, con más luces que sombras, porque su misión no es cuestionar, sino aprovechar la oportunidad 40 años después de contar lo que ya se sabe y que quizás es necesario recordarlo una vez más para que a todos les quede claro.

El tema se convirtió en hit y clásico apenas se estrenó, pero el videoclip fue más allá porque rompió las barreras del tiempo y ha sido modelo  de exportación para campañas solidarias y tributos. De hecho tuvo una versión chilena con voces autorizadas por el gobierno de turno y que con los ojos actuales bordea el humor negro y por allí  si indagamos, algo de terror. Pero esa es otra historia.

 La que importa es la que ocurrió esa noche del 28 de enero de 1984 en un estudio de grabación después de una ceremonia cumbre musical. Y que, como bien vaticinó el anfitrión, nada volvería a ser igual.  Y aunque esto suene  exagerado, cuando pensamos a todo lo que hemos llegado en este primer tercio del siglo,  en  algo  esa noche tuvo un poco que ver.