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Julio Cortázar en Chile (y en Punta Arenas) Primera Parte

Domingo 18 de Febrero del 2024

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El escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984) vino en cuatro oportunidades a Chile y en una de esas ocasiones (la primera, 1943) habría estado en Punta Arenas, según podría deducirse de sus escritos. Su segunda estadía se remonta a 1946, en su calidad de Gerente de la Cámara Argentina del libro, para concurrir al Congreso de Editores Latinoamericanos. Es decir, una suerte de viaje de negocios.

En agosto de 1969 tenía planeada una nueva visita invitado por el gobierno de Eduardo Frei Montalva al Encuentro de Escritores Latinoamericanos. Amigos chilenos le advirtieron respecto del posible aprovechamiento que haría el gobierno de su venida, considerando que en marzo de ese mismo año había acontecido uno de los más dolorosos sucesos del Chile del siglo XX; la masacre de Pampa Irigoin, Puerto Montt, con un saldo de diez pobladores muertos y setenta heridos. Cortázar decidió no venir al encuentro, al que sí asistieron figuras internacionales como Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, José María Arguedas, Augusto Roa Bastos, David Viñas, Marta Traba, Leopoldo Marechal, o Rosario Castellanos.

Su segunda visita se concretaría entonces, el 3 de noviembre de 1970 señalando en una conferencia de prensa “No he venido como escritor, sino como expresión de una ideología” (La Tercera, 2013). Efectivamente, el motivo de este viaje fue estar presente en la asunción del Presidente Salvador Allende. A esas alturas ya era un escritor famoso, una suerte de rock star de 56 años que se dio tiempo para reunirse con sus colegas de las letras, asistir a programas de televisión, compartir en cenas y fiestas y quizás lo que más dejó huella; su reunión con más de tres mil estudiantes en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.   

Llegaría por última vez a Chile en marzo de 1973 (el 4 de ese mes, serían las elecciones parlamentarias) y el motivo era claro: “Vine un poco de incógnito para observar las elecciones. Tengo la esperanza en la Unidad Popular y en la vía socialista” (La Tercera, 2013).

Resulta interesante descubrir que Punta Arenas y el estrecho de Magallanes aparecen tempranamente en la literatura de Cortázar, como por ejemplo en la novela “Los Premios” (1960) en boca de los pasajeros del “Malcolm” el barco “protagonista”: “Es decir que si empieza a llover, o cuando haga frío en el estrecho de Magallanes, tendremos que pasarnos el día en el bar o en las cabinas…”…”¿Adónde nos llevan después de Punta Arenas? Es una escala muy rara, Punta Arenas”.

En “Instrucciones para llorar” del libro de relatos “Historias de cronopios y de famas” (1962) el autor acota: “Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca”.

De las referencias citadas, se podría inferir un conocimiento y una experiencia -al menos una- de Cortázar por estos lares, por donde efectivamente pasó como despejaremos más adelante y como lo confirma Eduardo Montes-Bradley en la biografía “Cortázar sin barba” (2004) no obstante, le reprocha: “Cabo de Hornos, el faro del fin del mundo, la mitológica Patagonia, el estrecho de Magallanes. Quizá fuera aquélla su más digna travesía hasta entonces y nada. ¡Ni un renglón! Imperdonable, don Julio, imperdonable”. Es decir, de este viaje no hubo un diario, hoja de ruta o algún ensayo de Cortázar, pero sí podemos encontrar valiosa información en sus cartas.

En 1942, cuando ejercía como Profesor en la localidad de Chivilcoy, Buenos Aires, Julio Cortázar planifica un viaje a Chile (Europa estaba en plena Segunda Guerra Mundial) y así lo expresa en carta dirigida a su amiga Lucienne Chavance de Duprat: “Estoy en vísperas de un viaje: el 10 de enero me voy a Chile por mar”. La carta está fechada en diciembre de ese año en Buenos Aires, al igual que la que le envía a otra amiga; Mercedes Arias: “… Llámeme antes del 10 de enero; ese día salgo para Chile en un barco llamado –hermosamente– Arauco; son veinte días de mar, distribuidos proporcionalmente entre el verde Atlántico, el blanco estrecho de Magallanes y el glauco Pacífico”.

A esa fecha, el vapor “Arauco” pertenecía a los registros de la Compañía Chilena de Navegación Interoceánica (CCNI) empresa que nace en 1930 con el concurso de capitales de las navieras magallánicas Braun y Blanchard y Menéndez y Behety. El “Arauco” contaba entre sus itinerarios la ruta Valparaíso, San Antonio, Talcahuano, Tomé, Lota, Coronel, Puerto Montt, Magallanes (Punta Arenas) Montevideo, Buenos Aires y viceversa (Ver Maritime Timetable Images).

Continuará…