Necrológicas

De cómo la madera de los barcos de migrantes se convirtió en violines para la Scala de Milán

Lunes 19 de Febrero del 2024

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Una historia de desesperación y redención: los instrumentos que utilizó una orquesta en la famosa sala fueron fabricados con el material de las embarcaciones que llegan a la costa italiana

Los violines, violas y violonchelos tocados por la Orquesta del Mar en su debut este lunes en el famoso Teatro La Scala de Milán llevan consigo historias de desesperación y redención. La madera que se curvó, cinceló y desbastó para dar forma a los instrumentos se recuperó de las ruinosas embarcaciones de contrabandistas que traían inmigrantes a las costas italianas; los luthiers que los crearon son reclusos de la mayor prisión de Italia.

El proyecto, denominado Metamorfosis, se centra en transformar lo que de otro modo sería desechado en algo de valor para la sociedad: madera podrida en finos instrumentos, reclusos en artesanos, todo ello bajo el principio de la rehabilitación. Dos reclusos obtuvieron permiso para asistir al concierto, en el que 14 instrumentos de cuerda fabricados en prisión interpretaron un programa que incluía obras de Bach y Vivaldi. Se sentaron en el palco real junto al alcalde Giuseppe Sala.

“Me siento como Cenicienta”, contó Claudio Lamponi, mientras un amigo se acercaba en el vestíbulo antes del espectáculo con una pajarita para complementar su traje nuevo. “Esta mañana me he despertado en un lugar feo y oscuro. Ahora estoy aquí”.

Lejos del majestuoso teatro de la ópera La Scala, la prisión de Opera, en el extremo sur de Milán, cuenta con más de 1.400 reclusos, entre ellos 101 mafiosos sometidos a un estricto régimen de aislamiento casi total.

A otros reclusos, como Nikolae, que se unió a Lamponi en La Scala, se les permite más libertad. Desde que se incorporó al taller de instrumentos de la prisión en 2020, Nikolae -que declinó dar su nombre completo y prefiere pasar por alto los cargos que le llevaron a la cárcel hace una década- se ha convertido en el maestro artesano de la Opera, pasando de toscos instrumentos hechos de madera contrachapada a armoniosos violines dignos del escenario de La Scala.

“Así es como empecé a hablar con la madera”, remarcó Nikolae hace poco en el taller de la cárcel, lleno de olor a virutas de madera entre las hileras de cinceles y el leve zumbido de una sierra de calar. “Empecé con materiales muy pobres, y vieron que tenía buena destreza”.

Trabajar en los instrumentos entre cuatro y cinco horas al día le da tranquilidad, dice, para reflexionar sobre “los errores que cometí” y habilidades que le permiten plantearse un futuro. “Estoy ganando autoestima”, dijo, “que no es poco”.

Un “graduado” de los talleres de la cárcel ha cumplido su condena y trabaja como maestro luthier en otra prisión, en Roma. “Espero que algún día pueda recuperarme, como este violín”, dijo Nikolae.

Para otro preso, que prefirió permanecer en el anonimato, fabricar los instrumentos es una forma de terapia, física y psicológica. Vivió dos guerras en su país natal, del que también pidió no ser identificado porque allí cumplió condena como preso político y dice que le golpearon hasta el punto de necesitar una muleta para caminar.

Cae en trance mientras cincela suavemente la parte trasera de la pieza delantera de un violín, midiendo el grosor con un instrumento para lograr la afinación perfecta. Si escarba demasiado, vuelve a la mesa de dibujo. Su rocambolesco viaje a un nuevo país le ha hecho comprender la desesperación que empujó a los emigrantes a embarcarse en pateras no aptas para navegar. “Mientras trabajo en estas piezas, pienso en los refugiados que transportaba esta madera, las mujeres y los niños”, afirmó y agregó: “Sólo pienso en eso mientras trabajo, en lo que ha vivido este trozo de madera”.

Los violines, violas y violonchelos tocados por la Orquesta del Mar en su debut el lunes en el famoso Teatro de la Scala de Milán llevan consigo historias de penurias

Lamponi y su compañero de prisión Andrea Volonghi han encontrado un nuevo propósito a sus condenas a cadena perpetua, desmontando las embarcaciones de los contrabandistas depositadas en un patio entre los bloques de la prisión. Al principio, los barcos se transformaban en crucifijos y belenes, pero los reclusos, que ya tenían formación de luthiers, pensaron: ¿por qué no instrumentos?

Así que ahora buscan las piezas de primera calidad para el taller de instrumentos, retirando de paso los clavos oxidados. La madera más dañada la envían a otra cárcel de Roma, donde los presos fabrican crucifijos para rosarios. En un momento en el que se cierra el círculo, los migrantes montan los rosarios en un taller del Vaticano.

Los barcos llegan a Opera tal y como fueron incautados, todavía con restos de las vidas de los migrantes, y con ellos un recordatorio de los 22.870 migrantes que, según la ONU, han muerto o desaparecido en la peligrosa travesía del Mediterráneo central desde 2014. Una bandolera con un pañal desechable, un biberón y zapatos de bebé descansa en una proa junto a latas de anchoas y atún de Túnez y muchas sandalias de plástico. “No sabemos qué les ha pasado, pero esperamos que hayan sobrevivido”, dice Volonghi, mientras mira una diminuta zapatilla rosa con un conocido logotipo occidental.

Cada instrumento tarda 400 horas en crearse, desde el desmontaje de los botes hasta el producto acabado. Mientras que un violín clásico fabricado en los afamados talleres de Cremona, a una hora en coche de Milán, utilizará abeto y arce, los instrumentos del mar se ensamblan con un abeto africano más blando, y los tonos azules, naranjas y rojos bañados por el sol y el mar quedan como recuerdo del viaje. La chapa de pintura influye en el timbre de los instrumentos.

“Estos instrumentos, que han cruzado el mar, tienen una dulzura inimaginable”, afirma el violonchelista Mario Brunello, miembro de la Orquesta del Mar. “No tienen una historia que contar. Tienen esperanza, un futuro”.

La Fundación Casa del Espíritu y de las Artes, que hace una década llevó por primera vez a cuatro cárceles italianas talleres de fabricación de instrumentos de cuerda, espera que el concierto de La Scala sea el comienzo de un movimiento para llevar las actuaciones de la Orquesta del Mar primero a los países del sur de Europa que soportan el peso de la migración, y luego a las capitales del norte que más influyen en la política migratoria.

“Lo bonito es que la música supera todas las divisiones, todas las ideologías, llega al corazón y al alma de la gente, y uno espera que haga pensar a la gente”, dijo el presidente de la fundación, Arnoldo Mosca Mondadori. “Los políticos tienen que pensar en este drama”.

Infobae