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En peligro por opinar

Por Abraham Santibáñez Sábado 24 de Febrero del 2024

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La tarea más difícil en Rusia en estos días es emitir opiniones. Tampoco es un ejercicio gratuito, incluso cuando se ha estado a favor de la guerra en contra de Ucrania. Es el caso de Vladlen Tatarsky un bloggero que tenía más de medio millón de seguidores  en Telegram. Su pensamiento lo resumía en una frase: “Venceremos a todos, mataremos a todos, robaremos a todos según sea necesario. Tal como nos gusta”.

Tatarsky pronunció estas violentas palabras en un video filmado en el Kremlin en apoyo a la invasión de Ucrania. El domingo de la semana pasada era el orador invitado en un evento organizado en un café en San Petersburgo. Una bomba lo mató y dejó heridas a más de 30 personas.

En un video entregado por el Ministerio del Interior, Daria Trepova, detenida tras la explosión, reconoció haber entregado a Tatarsky una estatuilla cargada de explosivos.

El año pasado, Yevgeny Prigozhin, jefe de los mercenarios de la organización Wagner que luchó contra los ucranianos, murió en un misterioso accidente aéreo. Había protagonizado un confuso episodio que empezó con una espectacular marcha contra el Kremlin tras criticar a Putin.

Peor todavía es la suerte de los adversarios de siempre de Vladimir Putin, quien lleva 24 años en el poder y pretende seguir en el cargo.

El caso más destacado es el de Alexei Navalny, quien murió en una prisión al norte del círculo polar ártico. Su madre, Liudmila Navalnaya, sólo pudo ver sus restos seis días después de su muerte. Un informe médico determinó que Navalny falleció por “causas naturales”. Los partidarios del líder opositor han rechazado la versión oficial. Lo mismo hizo su viuda, que se ha convertido en la más visible opositora del régimen ruso en el exterior. Hasta el envenenamiento de su marido en 2020, Yulia Navalnaya había llevado una vida con pocas apariciones públicas. En agosto de ese año, cuando Alexei se sintió enfermo en Omsk, ella le escribió directamente a Vladimir Putin para que pudiera recibir tratamiento en Alemania. “En todo momento pensaba: ‘Tengo que sacarlo de allí’”, le contó al documentalista ruso Yuri Dud.

Según recordó más tarde la BBC, “su petición fue aceptada y, con la ayuda de una organización benéfica con sede en Alemania, Navalny pudo salir de Rusia. Después de meses de tratamiento, regresaron”. A Navalny lo detuvieron en cuanto aterrizaron en Moscú. “Ese fue su último momento en libertad, precisó el medio británico. El resto de su vida iba a transcurrir entre rejas”.

“Confinado en frías celdas de cemento y a menudo solo con sus libros, Alexei Navalny buscó consuelo en las cartas”. Conforme a The New York Times, una vez le escribió a Ilia Krasilshchik, un amigo, que era imposible entender la vida en una prisión rusa “sin haber estado aquí… Pero no es necesario estar aquí”. Y agregaba una nota de ácido humor: “Si les dicen que les den de comer caviar mañana, les darán caviar. Si les dicen que te estrangulen en tu celda, te estrangularán”.

Navalny no es el último disidente asesinado. La semana pasada, el capitán Maxim Kuzminov, un piloto ruso que desertó a Ucrania y luego se refugió en España, fue muerto en Alicante donde vivía.

Las autoridades españolas creen que fue asesinado por agentes rusos.