Necrológicas

Un gran libro

Por Jorge Abasolo Jueves 15 de Agosto del 2024

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En buenas manos cayó la responsabilidad de la autoría de este libro, pues Floridor Pérez fue un escrutador infatigable de nuestras costumbres, de nuestras leyendas, de los mitos que cohabitan con nosotros y de todo aquello que signifique conocernos mejor como país, costumbres, creencias y estilos de vida.

Convengamos en que a diferencia de la leyenda, que es narración- y por tal causa se relaciona con lo histórico- el mito es creencia, y por lo tanto se asocia con un sentimiento primitivo, religioso y muy arraigado.

Por eso no nos debe extrañar que el mito aborde aspectos importantes de la existencia humana y sobrenatural, y sean parte de la herencia cultural de los pueblos primitivos o las culturas en formación.

Enfrentado a los arcanos del mundo y de la vida, el hombre antiguo se preguntaba: ¿quién? ¿cómo? ¿por qué? ¿para qué? Y el mito le ofreció ciertos atisbos de respuestas. 

En “Mitos y leyendas de Chile”, conoceremos algo más de La Pincoya, sensual encarnación de la fertilidad del mar y de las playas.  

También se nos presenta El Trauco, con su astroso aspecto, al que podemos catalogar como figura atípica en la mitología chilensis, nunca tan cercana a lo antiestético. Y es que las descripciones físicas del Trauco lo presentan como un enano deforme, de no más de 84 centímetros de altura.

Por cierto que este libro incluye la inefable presencia de El Caleuche, el afamado buque fantasma que navega por los mares de Chiloé y los canales del sur. Añade el autor que El Caleuche navega preferencialmente por algunos puertos, como Llicaldad, Tren-tren y Quicaví, o fondeaderos como Yutuy, Punta de Quemchi y otros.

Un buque fantasma…y algo elítico, parece.

Al cubrir las leyendas de esta larga y angosta faja, “Mitos y leyendas de Chile” (Zig-Zag)  incluye las agudas coplas de don Javier de la Rosa y las pícaras cuchufletas del Mulato Taguada, apodado también “El Maulino”. Se trata de dos personajes del alma popular tan conocidos como difundidos. Y es que el duelo entre los dos celebérrimos payadores puede ser caratulado como la primera leyenda de la literatura nacional. No en vano el pensador Antonio Acevedo Hernández la proclamó como “gesta máxima del arte popular chileno”.

Afortunadamente, el norte está incluido de esta antología de mitos y leyendas.

Pérez incluyó la mentada historia de “La Mina del Cura”, que debemos situarla en la nortina Combarbalá. Respecto de esta leyenda, dejemos en claro que el padre Pedro efectivamente existió. Lo que no es tan real, o al menos no se ha comprobado, es la identidad de los cuatro mineros que urdieron tan curiosa forma de cobrar al padre Pedro lo que éste les adeudaba.

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