Impuestos, bancos y transporte: el complejo día a día de moverse en silla de ruedas
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Estacionamientos reservados ocupados o inaccesibles y veredas intransitables, son parte del complejo panorama de la accesibilidad.
En Punta Arenas, la accesibilidad sigue siendo un tema pendiente para muchas personas con discapacidad, a pesar de los avances en infraestructura urbana. Luisa Mimica Ojeda, reconocida funcionaria del Centro de Rehabilitación del Club de Leones Cruz del Sur, ha vivido esta realidad durante los últimos 25 años, desde que un accidente automovilístico en noviembre del 2000 la dejara en silla de ruedas. Su testimonio pone en evidencia las dificultades que enfrenta a diario y la necesidad de mejorar las condiciones de movilidad en la ciudad.
Si bien ha desarrollado una gran destreza en el manejo de su silla de ruedas, Luisa no suele salir sola. “Siempre voy con mi hija o con mi esposo, porque nunca se sabe con qué barrera me voy a encontrar”, relata. Uno de los ejemplos más críticos es el edificio de Impuestos Internos, frente a la Plaza de Armas donde es imposible para ella acceder sin ayuda. “Tengo que esperar afuera mientras alguien me pregunta que necesito y sube a realizar mis trámites”, explica. Esta situación se repite en otras instituciones públicas y privadas, limitando su autonomía y la de muchas otras personas en su situación.
El transporte también representa un obstáculo. Si bien reconoce que los buses han mejorado su accesibilidad en comparación con el pasado, los taxis y colectivos siguen siendo un problema. “No todos los conductores están dispuestos a llevar a una persona en silla de ruedas porque implica desmontar la silla y reorganizar el espacio”, comenta. Debido a esto, ha optado por movilizarse en un vehículo particular adaptado, pero sabe que no es una solución accesible para todos.
Las barreras no sólo están en la infraestructura urbana o el transporte, sino también en el acceso a la cultura y la información. “Me encantaría ir a eventos artísticos y culturales, pero muchas veces no me entero a tiempo porque la información sobre accesibilidad es escasa”, señala. En muchos casos, la falta de difusión de actividades inclusivas impide la participación de personas con discapacidad en la vida cultural de la ciudad.
Estacionamientos ocupados
Otro de los problemas que enfrenta es la falta de estacionamientos adecuados. “Nunca encontramos espacio disponible. Muchas veces los estacionamientos reservados para personas con discapacidad están ocupados por vehículos sin autorización”, denuncia. Esta situación, además de generar frustración, limita su movilidad y obliga a buscar soluciones improvisadas.
Pese a que en los últimos años se han hecho mejoras en el centro de Punta Arenas, Luisa advierte que en las poblaciones, alejadas del centro de la ciudad, siguen siendo un desafío. “Las veredas y calles del centro han mejorado, pero en los barrios la situación es distinta. Si quisiera salir sola, sería casi imposible por la falta de accesos adecuados”, explica. Este problema también afecta a quienes buscan realizar actividades cotidianas sin depender de terceros. “Uno no puede llevar una vida independiente en la población, porque hasta entrar a un negocio es complicado”, añade.
A pesar de estas dificultades, Luisa ha encontrado formas de mantener su movilidad. Recientemente adquirió un motor para su silla de ruedas, lo que le ha permitido desplazarse con mayor facilidad en terrenos rurales. “Lo uso cuando voy al campo, pero en la ciudad las condiciones no son las mejores”, comenta. Su caso es un reflejo de los obstáculos que persisten en materia de inclusión y accesibilidad en Punta Arenas.




