Necrológicas

– Juan José Miranda Paredes

– Leonardo Navarro Barrientos

– Mario Santana González

De la educación pública de Magallanes a un doctorado en Oklahoma

Domingo 2 de Marzo del 2025

Compartir esta noticia
207
Visitas

Criado en el sector Río de la Mano, en la capital magallánica, Daniel Pérez Melo creció en un entorno familiar marcado por el esfuerzo. Hijo de Elena del Carmen Melo y Manuel Pérez Ruiz, enfrentó la pérdida de su padre a los ocho años, un suceso que, como él mismo reconoce, moldeó su carácter y su forma de ver la vida. 

Con dos hermanos, Juan y David, encontró en su familia el primer impulso para atreverse a buscar más cosas en la vida. Motivación que hoy, a su corta edad, lo tiene realizando lo que le apasiona en una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos. 

Educación pública y Punta Arenas

Daniel cursó su educación básica en la Escuela Bernardo O’Higgins, un colegio público donde pasó sus primeros años de formación. “Era una infancia bastante normal, jugaba a la pelota todos los días en la cancha que quedaba al frente de mi casa, lloviera o hiciera frío”, recuerda. En su adolescencia, continuó sus estudios en el Liceo Experimental de la Universidad de Magallanes, donde su desempeño académico lo llevó a destacarse entre sus compañeros. “Siempre quedaba primero en mi curso”.

Su interés por el conocimiento lo llevó a involucrarse en múltiples actividades extracurriculares. Fue presidente del Centro de Alumnos, participó en ferias científicas y exploró distintas disciplinas deportivas, desde taekwondo hasta tenis de mesa y básquetbol. “Me ayudó harto estar siempre activo, porque me enseñó a manejar el tiempo y a mantenerme organizado”, comenta.

Más allá de lo académico, su fe también fue un pilar importante en su formación. Desde pequeño participó en la Iglesia Visión Mundial para la Familia, donde llegó a tocar el piano y formar parte de grupos juveniles. Este sentido de comunidad lo acompañaría también en sus años en el extranjero, donde encontró en la religión un espacio de conexión y apoyo en la distancia.

Sin embargo, la verdadera oportunidad de cambiar su destino llegó cuando, con 18 años, postuló a una beca que le permitiría estudiar en Noruega. 

Noruega: el primer salto

A los 18 años, Daniel Pérez tuvo la oportunidad de salir por primera vez de Chile gracias a una beca del programa United World Colleges (UWC), que le permitió cursar el Bachillerato Internacional en Noruega. La experiencia fue un punto de inflexión en su vida. “Inicialmente, apliqué para un programa para aprender inglés, pero resultó ser algo mucho más grande”, recuerda.

El colegio, ubicado en un fiordo cerca de Bergen, reunía estudiantes de casi 100 nacionalidades, lo que le permitió expandir su perspectiva del mundo y desarrollar habilidades sociales que antes no consideraba esenciales. “En Chile era un poco más introvertido, estaba muy enfocado en los estudios, pero cuando llegué a Noruega entendí que las amistades son igual de importantes”, señala.

La pandemia del Covid interrumpió su estadía, obligándolo a regresar anticipadamente a Punta Arenas. “Se suponía que en mi graduación iba a estar la reina de Noruega, pero al final todo se canceló y tuve que irme antes”, cuenta. 

Sin embargo, la abrupta salida no impidió que completara el programa, ya que sus exámenes fueron reemplazados por sus notas previas. Desde Magallanes, comenzó a planear su siguiente paso: la universidad.

Universidad de Oklahoma: el siguiente desafío

Aprovechando la red de contactos de UWC, Daniel aplicó a 12 universidades en Estados Unidos y terminó eligiendo la Universidad de Oklahoma, donde recibió una beca completa para estudiar Ingeniería Mecánica. “No tenía idea de qué esperar, pero sabía que era una oportunidad que no podía desaprovechar”, comenta.

El cambio cultural fue evidente desde el primer día. Si bien en Noruega ya había aprendido a desenvolverse en un entorno internacional, la vida en Estados Unidos era completamente distinta. “Sociabilizas con la gente que está en tu trabajo o en tu universidad, pero no es tan espontáneo, porque cada uno tiene su auto, la gente no anda en el transporte público”.

También se dio cuenta de que la dinámica de los barrios era diferente a la de Punta Arenas. “Se extraña a veces la cultura, la gente de Magallanes es muy bonita. Allá vas al almacén de la esquina y saludas a tu vecina. Aquí no tienes almacén, está el Walmart más grande o el Walmart más chiquitito. Eso es todo lo que hay”, dice entre risas.

A pesar de las diferencias, se integró rápidamente y formó una red de apoyo a través de organizaciones estudiantiles e iniciativas cristianas como Bridges International, donde ayuda a otros estudiantes extranjeros a adaptarse.

En mayo de 2024, se graduó como ingeniero mecánico y de inmediato decidió dar un nuevo salto académico al doctorado en ciencia de datos e inteligencia artificial. “En cuatro años, si todo sale bien, tendré mi doctorado”, explica.

Hoy, además de sus estudios, trabaja como asistente en una cátedra de inteligencia artificial y se sumerge en el mundo de la robótica. “Al principio dudé de si era lo suficientemente inteligente para esto, pero me di cuenta de que todo es cuestión de esfuerzo. No siempre es talento, a veces simplemente hay que seguir empujando”, reflexiona.

“Aprendí a decir que sí más rápido”

Su paso por Oklahoma no ha sido sólo estudio. Daniel ha aprovechado cada oportunidad para explorar nuevas experiencias. “Aprendí a decir que sí más rápido. Un día estás estudiando, y al otro te están invitando a acampar en Arkansas o a subir una montaña a las 6 de la mañana”, dice con humor. Entre sus aventuras destacan viajes por distintas ciudades de EE.UU., esquiar en Colorado y hasta lanzarse en paracaídas en California junto a su hermano David.

Aun así, la distancia con su familia es un factor que siempre está presente. “Nos vemos una vez al año o cada dos años. Es difícil, pero también hace que cada momento juntos se valore mucho más. Trato de pelearme menos con mi mamá, de ayudar más en la casa cuando estoy allá. Sé que no va a estar para siempre”, reflexiona.

Un futuro pensado afuera 

Con su doctorado en marcha, Daniel mira hacia adelante con metas claras. “Me costaría mucho volver a Punta Arenas. Amo mi ciudad, pero siento que me queda chica. No hay tantas empresas, no se viaja tanto, y todavía quiero seguir conociendo el mundo”, afirma.

Su objetivo es insertarse en la industria de la inteligencia artificial y la robótica, idealmente en empresas como Google, Microsoft o NVIDIA. “Me preguntaron si quiero ser académico, pero creo que prefiero la industria. Me gusta la robótica y me encantaría trabajar en algo relacionado con eso”, señala.

Más allá de sus planes profesionales, su historia refleja el impacto de la perseverancia y las oportunidades. “No vengo de una familia con contactos ni con una situación económica privilegiada. Pero mi mamá nunca me puso límites para soñar. Me decía “inténtalo”, y funcionó. A veces no es cuestión de ser el más talentoso, sino de empujar hasta que las cosas pasen”, afirma con convicción.

Pin It on Pinterest

La Prensa Austral
La Prensa Austral

Pin It on Pinterest

La Prensa Austral
La Prensa Austral