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Satisfacción de los estudiantes con la vida escolar

Por Álvaro González Sanzana Domingo 9 de Marzo del 2025

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El mes de marzo marca en nuestro país un hito clave, el ingreso a clases, que todas las familias chilenas esperan con una mezcla de sentimientos y sensaciones. El reencuentro con amistades, el descubrimiento de nuevas disciplinas, la creación de nuevos vínculos, los desafíos académicos y socioemocionales que enfrentan los estudiantes, hacen de este momento el inicio de un ciclo que, si bien se repite año tras año, no se encuentra exento de complejidades. Más allá de las consabidas recomendaciones para iniciar de buena manera el año escolar, tales como una organización adecuada para evitar el estrés, la transmisión de certezas y seguridad a través de la instalación de rutinas familiares, la creación de espacios seguros para la expresión de ideas y sentimientos de parte de los hijos, y acompañar de cerca el proceso escolar, la investigación educativa ha señalado con claridad que la satisfacción de los estudiantes con la vida escolar es un indicador clave del desempeño y el bienestar de éstos. 

La satisfacción de los estudiantes con la vida escolar, por cierto, es multidimensional, y los colegios pueden actuar sobre ella de diferentes maneras, pero también abarca aspectos que están fuera del alcance de las instituciones educativas y que recaen en las familias, tales como los hábitos de nutrición, la higiene del sueño, o el apoyo emocional y académico en el hogar, entre otros ámbitos de acción. Los colegios, por su parte, deben tener en consideración, en primer lugar, que la infancia y la adolescencia son etapas de desarrollo claves para la intervención psicológica en ámbitos relacionados con el bienestar. Destinar dinero y recursos para mejorar el bienestar de los estudiantes es una apuesta necesaria que reporta beneficios inmediatos a los estudiantes, a nivel individual, social y académico, y que repercutirá positivamente en sus vidas futuras. Desarrollar de manera decidida e intencionada la resiliencia, la autoestima, el optimismo, el espíritu de superación personal, la búsqueda de la excelencia, la autorregulación y una permanente búsqueda de sentido o propósito de vida es una tarea que ningún establecimiento educativo debiera soslayar, pues es la base del bienestar y la satisfacción con la vida escolar de parte de los estudiantes. Y por supuesto, desafiar algunas premisas erróneas que hasta el día de hoy siguen vehiculándose en ciertos circuitos educativos. En efecto, la investigación especializada indica que el bienestar y el desempeño académico no se contraponen, sino muy por el contrario. En otras palabras, niños y niñas felices aprenden mejor. 

En suma, en este inicio de año escolar, las comunidades educativas deben velar por sus políticas de bienestar, fortaleciendo el apoyo a los estudiantes, estableciendo con claridad normas estrictas para la reducción del acoso escolar y fomentando interacciones sanas y de calidad entre compañeros, favoreciendo la salud física y mental de los estudiantes, y por supuesto, promoviendo el bienestar de los profesores, tal como señaláramos en una columna anterior, pues el bienestar de los profesores siempre será un buen indicador del bienestar de los estudiantes. El desafío es importante y como todos los procesos en el mundo de la educación, multifacético y complejo, pero debe ser abordado con seriedad y convicción para hacer de nuestros colegios lugares sanos, seguros y amables, en los que nuestros estudiantes puedan desarrollarse social, emocional y académicamente de manera holística e integral.     

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