La fragilidad de las coaliciones sin liderazgo: entre la conveniencia y la traición
Un antiguo adagio advierte que los gitanos no deben leerse la suerte entre ellos. En política, esto podría traducirse como: “No nos elijamos entre políticos”. Es una advertencia que ilustra la inestable naturaleza de las alianzas y la perpetua tensión entre lealtad y conveniencia. La política, al igual que la vida, es un campo de batalla donde la confianza es un bien escaso y la traición, una moneda de uso frecuente. Pero, a diferencia de otros ámbitos, aquí las traiciones no sólo afectan a los protagonistas del juego, sino a sociedades enteras.
No hay relación más frágil que la que existe entre el representante y los representados. Cuando se quiebra, rara vez se recupera. Las crisis de representación han generado nuevas alternativas políticas en Chile: a la izquierda, el Frente Amplio; a la derecha, Republicanos y los libertarios. Estos fenómenos no son anomalías, sino respuestas a la obsolescencia de estructuras tradicionales que se negaron a renovarse.
El caso de la coalición “Chile Vamos” es un ejemplo de libro sobre la fragilidad estructural de las alianzas cuando el liderazgo es débil y los principios ceden ante la conveniencia inmediata. La traición de la Udi y Evópoli a Renovación Nacional en 2022, al negociar con la izquierda la presidencia y vicepresidencia del Senado sin contar con su aliado, no fue un simple desacuerdo táctico. Fue una fractura moral, un síntoma de la enfermedad que corroe a las coaliciones que se sostienen más en cálculos e indigencias particulares que en convicciones compartidas.
Fui testigo directo de esta deslealtad y propuse que RN abandonara la coalición. Porque, cuando la traición viene desde dentro, ignorarla es perpetuarla. Sin embargo, la dirección del partido optó por la permanencia, una decisión que no resolvió la crisis, sino que la profundizó. Lo que se pospone en política no desaparece; se enquista y resurge con mayor fuerza.
La inexorable justicia del tiempo demostró lo que muchos advertimos: las estructuras frágiles se desmoronan bajo el peso de sus propias contradicciones. Chile Vamos, debilitado por la falta de cohesión y los engaños reiterados, se ha sumido en la incertidumbre y la desconfianza. Manuel José Ossandón, tras haber sido traicionado en 2022, negoció directamente con el PPD y alcanzó la presidencia del Senado. Para algunos, un acto de supervivencia política; para otros, una manifestación de la inexorable ley del karma.
Pero esta historia no es exclusiva de Chile. En todo el mundo, las coaliciones basadas en la conveniencia han demostrado ser efímeras. Desde la disolución de la Cuarta República en Francia hasta la volatilidad de los pactos parlamentarios en España o Italia, la historia nos recuerda que sin un liderazgo fuerte y una visión común, las alianzas están condenadas a la fragmentación.
Aquí radica la gran contradicción de la política contemporánea: se exige estabilidad mientras se practica la deslealtad. Se clama por liderazgos firmes mientras se maniobra en las sombras para socavarlos. Y cuando todo colapsa, se culpa a las circunstancias, sin asumir la responsabilidad de los actos previos.
Las coaliciones que aspiran a perdurar deben construirse sobre principios sólidos y no sobre la conveniencia del momento. La traición puede parecer rentable a corto plazo, pero su precio es siempre la descomposición del proyecto común. Sin una ética política genuina, sin memoria histórica y sin un compromiso real con los valores que se proclaman, la democracia se convierte en un simple juego de ambiciones personales.
Quizás la pregunta clave no sea solo qué tipo de política queremos, sino qué tipo de valores estamos dispuestos a sostener en su defensa. Porque, al final, no es solo el destino de una coalición lo que está en juego, sino el porvenir de una nación entera.