Fortalecimiento del monitoreo sísmico
La madrugada del miércoles de la semana pasada no fue normal para Magallanes. Hubo una seguidilla de sismos. La población, en general, no está acostumbrada a estos eventos en la zona, pues ésta ha sido considerada “tranquila” desde el punto de vista de los movimientos telúricos.
Pero, más allá de lo que se pueda pensar, Magallanes sí es una zona sísmica activa. Así lo ha advertido el investigador Jorge Villarroel, académico de la Universidad de Magallanes, quien sostiene que la región está cruzada por fallas geológicas como la de Magallanes, responsable del sismo de 1949 en Porvenir —de una magnitud cercana a 7,9 grados Richter—, y expuesta a la interacción de placas tectónicas y volcanes activos como el Reclus y el Monte Burney.
En paralelo, el conocimiento geotécnico indica que muchos suelos de la región, particularmente aquellos con altas concentraciones de arena, presentan riesgo de licuación. En otras palabras: si un sismo fuerte ocurre, el terreno puede comportarse como un líquido, comprometiendo gravemente casas, escuelas, hospitales y toda la infraestructura que no haya sido pensada con esa amenaza en mente.
A la luz de esta información, la inacción no es una alternativa. Tenemos la obligación moral y política de actuar ahora, antes de lamentar. No se trata de sembrar alarma, sino de construir prevención. Magallanes no está exenta del riesgo sísmico, pero aún está a tiempo de evitar tragedias mayores.
Esto exige medidas claras, como fortalecer el monitoreo sismológico en la zona con apoyo estatal y académico, incorporando más estaciones de medición y análisis en tiempo real; incluir estudios geotécnicos obligatorios en toda obra pública y privada de envergadura, especialmente en zonas con suelos frágiles o saturados de agua; y adaptar la planificación territorial y urbana a escenarios de riesgo, exigiendo estándares constructivos reforzados en viviendas, centros de salud, escuelas y recintos críticos.
También se requiere implementar educación sísmica real y continua en colegios, juntas de vecinos, medios de comunicación y organismos públicos, para que la población sepa cómo reaccionar cuando un sismo ocurra. Es esencial seguir simulando, entrenando y coordinando a todos los entes públicos y municipales para que se comporten como un solo sistema preventivo y no se corra el riesgo de improvisar ante la emergencia.
Magallanes ha sido históricamente una región de resiliencia frente al aislamiento, al clima, a las distancias. Hoy ese mismo espíritu debe ponerse al servicio de una cultura sísmica preventiva, capaz de anticipar lo inevitable y reducir sus consecuencias.