Necrológicas

Olvidos de la historia

Por Diego Benavente Viernes 29 de Agosto del 2025

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Hay episodios fascinantes en la historia de Chile que rara vez se enseñan en las aulas. Momentos que, por algún motivo, han quedado relegados al olvido, a pesar de su importancia estratégica, militar y diplomática. Uno de estos casos poco conocidos es la participación chilena en la crisis de Panamá de 1885, un episodio que revela la influencia que llegó a tener la Armada de Chile en el escenario internacional de fines del siglo XIX.

Corría 1885 y los Estados Unidos de América apoyaban activamente la independencia de Panamá, que por entonces era parte de los Estados Unidos de Colombia. En respuesta a esta amenaza a la soberanía colombiana, Chile decidió actuar. Lo hizo no por simpatía política, sino como una demostración de fuerza regional. La entonces poderosa Armada de Chile desplegó a su buque más moderno y temido: el crucero protegido Esmeralda.

La historia comienza unos años antes, tras el triunfo chileno en la Guerra del Pacífico, donde Chile había derrotado a Bolivia y Perú, obteniendo importantes territorios. Como consecuencia, la marina chilena se consolidó como la más poderosa del Pacífico sur y una de las más avanzadas del continente. Su joya tecnológica era precisamente el Esmeralda, considerado por expertos de la época como el crucero protegido más moderno del mundo.

Mientras Estados Unidos mostraba su incomodidad por el intento de una compañía francesa de construir un canal interoceánico a través del istmo de Panamá -basándose en la experiencia del canal de Suez-, Chile veía con recelo la interrupción del tránsito y las comunicaciones por esa misma zona, crucial para su comercio y seguridad. La presencia francesa irritaba a Estados Unidos por representar una posible expansión colonial en su área de influencia. Pero la reacción chilena fue clara y contundente.

El 10 de abril de 1885, zarpa desde Valparaíso el Esmeralda, el orgullo de la Armada de Chile. El buque arriba al istmo el 28 de abril, y su sola presencia fue suficiente para que las fuerzas estadounidenses reconsideraran su accionar. Se replegaron. Renunciaron a sus intenciones inmediatas. El equilibrio de poder en la región se inclinaba momentáneamente hacia Chile.

Según relató el periodista Marcelo Contreras en La Tercera, en base a lo expresado por medios especializados de aquel entonces, el Esmeralda tenía tal capacidad ofensiva y defensiva que incluso se afirmaba que podría haber bombardeado la ciudad de San Francisco sin recibir daño alguno. Las fragatas y corbetas de madera que componían la flota estadounidense del Pacífico no tenían cómo hacerle frente a una embarcación blindada, veloz y armada con la más avanzada tecnología de la época.

Este hecho, aunque ignorado por muchos textos escolares, habla de un momento en que Chile fue protagonista geopolítico en el continente. De cuando la Armada nacional era un factor de poder real, capaz de intervenir en conflictos internacionales y hacer retroceder a potencias globales.

Llama la atención cómo episodios como este no se enseñan en profundidad -o en absoluto- en la escuela, el colegio o el liceo. No por revanchismo ni por alimentar nacionalismos desmedidos, sino porque ayudan a construir una narrativa completa de nuestra historia. Una que nos permita entender que Chile no siempre fue un actor pasivo en el concierto internacional, sino que también supo, en ciertos momentos, imponer respeto y hacerse escuchar.

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