Necrológicas

Para ser viejo hay que ser valiente

Por Marcos Buvinic Domingo 31 de Agosto del 2025

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En las redes sociales circula un precioso video en el cual, en un par de minutos, el actor Héctor Noguera reflexiona con sencillez y sabiduría sobre la vejez y el modo en que vive esta etapa de su vida. Héctor Noguera tiene 88 años, sigue actuando y es considerado uno de los mejores actores que ha habido en el país. En el año 2015, recibió el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales. En ese breve video, presentado por Media UC, Noguera comienza con la frase “para ser viejo hay que ser valiente”.

Cada año, a fines de agosto, vienen los festejos de muchas personas mayores: ¡pasamos agosto!, y qué bueno que así sea, porque es enriquecedora para cada familia y para toda la sociedad la presencia de los adultos mayores que comunican sus ganas de vivir, así como de los abuelos y abuelas que crean recuerdos que el corazón de los nietos guarda para siempre, y de los adultos mayores que aportan su experiencia y su sabiduría, aunque esto no siempre es valorado en su justo mérito.

En un país que envejece a pasos agigantados, se necesita valor -como dice Héctor Noguera- para ser viejo, porque todo es más difícil y es un trabajo diario luchar contra el deterioro y las sensaciones negativas del cuerpo. Como también mayor es la valentía que deben tener los adultos mayores que viven solos. No olvidemos que en Magallanes, según las cifras oficiales, hay 13.622 hogares unipersonales de adultos mayores, es decir, que viven solos. La vivencia de la soledad y, en muchos casos, de abandono, es la triste compañera en esos hogares que estadísticamente están muy bien contados y en muchos de los cuales sus únicos habitantes deben sobrevivir con pensiones que siguen siendo miserables.

En una ocasión, con dolor, escuché decir a un adulto mayor: “¡pa’ qué voy a querer pasar agosto, pa’ seguir sufriendo!”. En la Biblia, el Salmo 71 recoge la oración de un anciano enfermo que dice “en la vejez no me abandones”, y ese es el clamor que silenciosamente tantos adultos mayores también dirigen a sus familias y a la sociedad. Ciertamente, hay que ser valiente para ser viejo, no sólo porque todo cuesta más de realizar y es más difícil de hacer, sino, sobre todo, cuando hay que sobrevivir con pensiones que no alcanzan para el mes y cuando la soledad es la compañera de cada día.

La súplica del salmista -“en la vejez no me abandones”- se hace particularmente apremiante ante la dramática situación que viven los adultos mayores en la Casa del Samaritano y, probablemente, en otros centros de la región para mayores institucionalizados. Es un clamor a la comunidad magallánica y a las autoridades por una solución para esos mayores que no tienen donde vivir, con pensiones que no alcanzan para pasar el mes y sin que nadie se haga cargo de ellos.

En su columna del miércoles pasado en este diario, titulada “Más recursos, menos caridad”, el médico Ramón Lobos, con su amplio conocimiento del tema, explicó con claridad las diversas aristas y el fondo del problema, y concluye diciendo: “el Eleam parecía una buena solución en su momento, pero con el paso de los años y las historias vividas en Magallanes, queda claro que esta política pública debe ser ejercida por el Estado como una preocupación real por sus mayores y adecuadamente financiada. No es tema para voluntariados o caridad, los mayores precisan y necesitan mucho más. Es hora de evaluar y dar un giro real. No se puede seguir haciendo lo mismo y quedar satisfechos con subsidiar o aportar montos fijos prorrateados, para decir que se hace algo por los mayores. Aún es una tarea pendiente para la institucionalidad estatal”.

Entonces, ciertamente se necesita mucho valor para ser viejo cuando las pensiones no alcanzan y no hay una familia que pueda ayudar, apoyar o sostener. Sí, se podrá decir “pasamos agosto”, pero viene septiembre y todos los meses que sigan…, por eso, “en la vejez no me abandones”.

Recomiendo a los lectores que busquen en las redes sociales la reflexión de Héctor Noguera sobre la vejez y el testimonio de cómo vive esta etapa de su vida. Les aseguro que no se arrepentirán ante la lúcida sencillez de un hombre sabio.

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