“El ministerio hizo un abandono del caso”
- Asegura que enfrentó presiones gremiales, escasa defensa institucional y un proceso que evidenciaría falencias estructurales dentro del servicio. Hoy se encuentra estudiando acciones legales y señala que durante los meses de tensión que vivió, la ministra Carolina Arredondo nunca la llamó para orientarla.
Han pasado casi cuatro meses desde que presentó su renuncia voluntaria al cargo de seremi de Cultura, en medio de denuncias por presunto acoso laboral en contra de un grupo de funcionarios de la repartición, hecho que provocó una movilización a nivel central y puso en aprietos al delegado presidencial regional, José Ruiz Pivcevic.
Mirando en retrospectiva, Carolina Herrera no sabe cómo resistió tanta presión. Cada día que entraba a su oficina tenía pegados en las ventanas panfletos que decían: “Renuncia Carolina Herrera”; le llegaban correos con amenazas. Tan tortuoso fue todo, que dos días antes de renunciar ingresó a la Mutual de Seguridad por una enfermedad de origen laboral. “Mi situación psíquica era producto de este acoso laboral que sufrí y que fue de meses”, agrega. Inclusive se le cayeron las pestañas.
El pasado 25 de agosto, por no existir antecedentes que acreditaran el presunto acoso laboral denunciado por los funcionarios de la seremi de Cultura en contra de la exautoridad, la subsecretaría de las Culturas y las Artes resolvió cerrar la investigación sumaria instruida contra Herrera. Con esto, ella queda sin responsabilidad administrativa ni vinculación a conductas de maltrato.
– ¿Tras ser sobreseída, iniciará acciones legales en contra de estos funcionarios que la denunciaron?
– “Es algo que estoy ponderando, porque esta noticia es reciente, de hace unos días, pero estoy evaluando, me he estado asesorando legalmente. Considero que la Ley Karin fue creada para defender a los trabajadores (vulnerados), pero también establece esa ley que las personas que mal utilicen esa normativa pueden tener sanciones. Eso es algo que también lo establece claramente la ley y esa norma se hace, digamos, precisamente para proteger este tipo de situaciones, de que se pueda instrumentalizar denuncias, remover autoridades. Entonces, bueno, eso es algo que voy a ponderar, lo estoy analizando porque también yo tengo que continuar con mi vida y, en algún momento, cerrar esta página”.
– ¿Cómo ha repercutido esta salida desde el punto de vista laboral? ¿Está sin trabajo?
– “Por supuesto que yo quedé sin trabajo. Yo no tenía un cargo guardado, digamos, como se hace en muchos casos. Yo renuncié a mi anterior trabajo para asumir este desafío. Lo hice, por supuesto, a conciencia (…) Por supuesto que profesionalmente es la primera vez que estoy sin trabajo en la vida, entonces ha sido todo un desafío reinventarme, volver a hacer un currículum, por ejemplo, algo tan básico como eso. Ha sido todo un desafío y con todo el costo que eso implica, no sólo en lo económico, sino que el costo social, público y de salud mental que tiene esto”.
– ¿El gobierno le tiene temor a la presión de los gremios, aunque tenga certezas de que estas denuncias presuntamente son instrumentales?
– “Claro, lo que pasa es que lo que yo estoy diciendo tiene que mostrarse también, ¿verdad? Porque cualquier persona, en la situación que yo estaba, podría decir: ‘Oye, mira, están instrumentalizando el gremio’ y realmente la jefatura ejercía malos tratos. ¿Qué pasa si el sumario, el último, hubiese salido con cargos? Ahí no había una instrumentalización, porque en el fondo había un hecho que había sido verdad y era que yo había ejercido malos tratos, en el supuesto de que esto hubiese salido así, ¿verdad? Entonces, todo esto siempre es mucho más fácil verlo después de que ocurre, ¿no? Decir: ‘Oye, sí, mira, se utilizó al gremio, se utilizó la organización sindical para vetar a esta autoridad, para sacarla de su cargo bajo presiones infundadas’. A mí lo que me parece es que no se deberían tomar decisiones de sacar a alguien de un cargo sin tener todos los resultados a la vista. Más allá de que política y comunicacionalmente lo tengas que sacar igual”.
– ¿En qué proceso se encuentra la querella en su contra?
– “Bueno, voy a tener que responder a esa querella. Y ahí se determinará si, en efecto, es un error, que es lo que yo te digo. O hay un dolo, como una intención de denostar a alguien”.
El conflicto en Cultura
Herrera tomó las riendas de Cultura en diciembre de 2023, tras la salida de Diego García, también cuestionado por presuntos malos tratos a los funcionarios. El primer año de la militante frenteamplista fue redondo: los conflictos se redujeron. “Logramos hacer cosas bien bonitas a nivel de funcionarios, de clima laboral”, recuerda Carolina Herrera.
La luna de miel se le acabó a la directora cuando comenzaron los procesos de calificación. “Desde mi ingenuidad no dimensioné cuáles eran todos los vicios que había en este servicio para atrás”, señala.
– ¿Cuáles son los vicios que usted encontró al interior de la Seremi?
– “La instrumentalización de la organización sindical, de que en los procesos calificatorios la gente está acostumbrada a que les pongan las notas máximas sin merecérselas (…) Como yo no conocía la historia para atrás de los funcionarios, y lo poco que conocía era lo que había visto en prensa, digamos, entonces yo no tenía prejuicios”.
Según relata en conversación con El Magallanes, un día llamó a una funcionaria a su oficina para conversar sobre los desafíos que debía cumplir en el servicio; dicha trabajadora pidió la presencia de su dirigente gremial, a lo cual Herrera accedió.
“La conversación terminó siendo con él, más que con ella, una triangulación, digamos, de la conversación, exponiéndole yo cuáles eran las situaciones, las cosas que yo veía que no se habían hecho de manera correcta”, señala la exautoridad regional ministerial. A su salida, la trabajadora acudió presuntamente descompensada a la Mutual de Seguridad, señalando haber sido maltratada por la entonces seremi.
– ¿Cuál fue el tono de la
conversación? ¿Hubo gritos?
– “El tono de la conversación fue el mismo que estoy teniendo contigo. Una conversación en un tono muy tranquilo, muy ameno. Lo que pasa es que yo le dije realmente las cosas que yo consideraba que no había hecho bien, y se las dije directamente”.
Asegura que la Mutual de Seguridad no realizó un estudio de puesto de trabajo para determinar si la descompensación habría sido provocada por el ambiente laboral.
Un par de días después, este conflicto se filtra en un medio de comunicación digital y se realiza la denuncia a la subsecretaría de las Culturas. “Se dijo que yo era la primera persona denunciada por Ley Karin en la región. Eso es falso”, precisó. Herrera sostiene que se comunicó con el Departamento de Gestión de Personas del ministerio para que realizaran un acompañamiento adecuado a la denunciante.
Al interior de Cultura existen tres almas: la Asociación Nacional de Funcionarios de Cultura (Anfucultura), la Asociación de Funcionarios de Cultura, Artes y Patrimonio, y los funcionarios no asociados. Cada una de estas almas está integrada por 1/3 de los funcionarios. Los primeros fueron los que lideraron las denuncias en contra de Herrera, mientras que los segundos habían sido los responsables de sacar a Diego García.
– Cuando se empezaron a gestar estas denuncias, ¿cuáles fueron las recomendaciones que le entregaron desde la Delegación y el Ministerio para enfrentar este caso?
– “La verdad es que desde el ministerio, ninguna. El ministerio yo siento que hizo un abandono del caso. Tal vez porque no consideraron que fuera de tanta importancia, no lo sé. Y desde la Delegación, en general, siempre fue cuidando, cuidándome a mí, cuidando al gobierno. De evitar salir a responder mucho en la prensa (…) Yo me di unos días para salir a responder, creo que una semana, en que yo respondí a medios, y después dije: ‘Ya, no me vuelvo a referir hasta que avancen los procesos’”.
– Todo lo que vivió, ¿lo pudo conversar con la ministra Arredondo?
– “No, con la subsecretaria tampoco”.
– ¿Quién era su enlace en Santiago?
– “Teníamos enlaces, como el jefe de gabinete de la subsecretaria. Pero respecto a este tema, no hubo una incidencia de que me dieran una instrucción o que me llamaran y me dijeran: ‘Mire, ¿sabe qué? Seremi, tiene que hacer A, B o C’”.
– ¿Considera que el ministerio la abandonó?
– “Sí”.
– ¿Ha conversado esto con sus camaradas de partido? ¿Habrá algún gesto de protesta en contra del actuar de la ministra?
– “Es algo que hemos conversado acá en la interna, a nivel regional, con mi partido, en el Frente Amplio. Pero insisto, yo sigo en la postura de que mi rol en ese momento estaba siendo un problema, y yo no voy a ser parte de un problema para mi gobierno, entonces yo doy un paso al costado. Más allá de los análisis que se puedan hacer de lo bien o mal que se pudieron hacer ciertas cosas, yo siento que, en general, las regiones siempre estamos, sobre todo las más extremas, alejadas. Estamos como en esta vulnerabilidad de no ser el centro de atención, y que probablemente, a lo mejor, no hay tiempo, energía, ganas de preocuparse de estos conflictos… El hilo se corta por lo más delgado, que somos, en el fondo, los jefes en regiones”.
Haciendo un análisis, Herrera explica que la situación de Cultura es algo sistémico, ya que es una cartera que nació sin recursos, que durante su proceso de instalación le tocó enfrentar una pandemia,y que recién hace un par de años empezó a tener dineros para ejecutar política pública. “Es un servicio que ha tenido que pasar por una complejidad orgánica bien importante”, agrega. Explica que, al interior del servicio, aún no están bien definidos los roles jerárquicos. “En general, al recurso humano le cuesta adaptarse a todos estos cambios”, dijo.




