Suspensión del proyecto de TotalEnergies
La decisión de TotalEnergies de suspender la tramitación ambiental de H2 Magallanes hasta diciembre de 2026 marca un punto de inflexión en el desarrollo del mayor proyecto de hidrógeno verde que se ha intentado instalar en Magallanes. No se trata de una renuncia, sino de una señal clara de que la envergadura y complejidad de esta iniciativa exigen un tiempo que va mucho más allá de los plazos administrativos habituales.
El propio representante de la empresa, Antoine Liane, lo sintetizó con crudeza: más de 800 observaciones recibidas requieren respuestas serias, con sustento técnico y no pueden despacharse a la ligera. Si un proyecto de esta magnitud pretende dejar huella positiva, debe partir por una evaluación ambiental rigurosa, capaz de abordar desde la protección de pingüinos y mamíferos marinos hasta la modelación de riesgos de colisión de aves, pasando por estudios arqueológicos, florísticos y de ecosistemas sensibles.
La resolución del Servicio de Evaluación Ambiental, que redujo en tres meses la suspensión solicitada, puede parecer un detalle menor, pero en realidad refleja la tensión entre la necesidad de avanzar y la obligación de asegurar que cada observación se resuelva con la debida profundidad. En esta materia, la prisa es mala consejera. Un análisis ambiental incompleto o forzado sería el peor escenario posible, tanto para la región como para el propio proyecto.
No hay que olvidar que H2 Magallanes, con sus aerogeneradores, plantas industriales y terminales de exportación, no es un emprendimiento más. Su escala lo convierte en un parteaguas: puede consolidar a Magallanes como polo energético de relevancia global, o bien dejar tras de sí una huella de impactos irreversibles si no se maneja con responsabilidad.
Pero, también está el hecho de que esta decisión puede ser vista, por algunos, como un estratégico compás de espera, toda vez que su titular se ha pronunciado públicamente cuestionando el proyecto de ley de fomento de la industria del hidrógeno verde y haciendo ver que existiría un sector de este gobierno que parece querer poner todas las trabas posibles para que este tipo de iniciativas no se desarrollen en Magallanes. Aguardar un cambio de gobierno y de condiciones políticas y también a la evolución de la demanda internacional del producto parece algo entendible.
Más allá de esta última suspicacia, esta suspensión debe ser entendida, desde la perspectiva de la compañía, no como un traspié. El tiempo extra permitirá levantar información en terreno en distintas temporadas, lo que dará una base científica más sólida para la toma de decisiones.
Magallanes necesita inversión y diversificación productiva, pero no a cualquier costo. El desafío es monumental: demostrar que es posible compatibilizar desarrollo económico, innovación tecnológica y resguardo del patrimonio natural.
El reloj se extiende hasta diciembre de 2026. Lo que ocurra de aquí en adelante será decisivo no sólo para el futuro del hidrógeno verde en Chile, sino para la credibilidad de un modelo de desarrollo que pretende situar a Magallanes en el centro de la transición energética global.




