Necrológicas

Una condena que obliga a mirar de frente la cultura científica

Por La Prensa Austral Domingo 28 de Septiembre del 2025

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El veredicto condenatorio dictado contra Jorge Gallardo Cerda, declarado autor de violación ocurrida en febrero de 2019 en las islas Shetland del Sur, es un hecho que marca la historia de la presencia chilena en la Antártica. No sólo porque podría tratarse del primer caso de violencia sexual registrado en el Continente Blanco, sino porque nos confronta con la urgencia de cambiar de raíz la cultura que rodea a la comunidad científica y a las expediciones de investigación.

La Antártica, que solemos asociar a la paz, la cooperación internacional y la ciencia al servicio de la humanidad, aparece en este caso como escenario de un crimen que nos recuerda que la violencia de género no conoce fronteras ni se detiene ante símbolos. Que haya ocurrido allí, en un campamento aislado, desnuda las vulnerabilidades a las que se enfrentan las mujeres que participan en expediciones científicas, obligándonos a repensar protocolos, resguardos y, sobre todo, la cultura institucional que permite que estas violencias se perpetúen.

El Instituto Antártico Chileno (Inach) ha instalado una perspectiva de género y protocolos de acompañamiento en las misiones. El caso demuestra cuán necesarios son estos avances y cuánto pueden significar para dar confianza a las víctimas a la hora de denunciar. 

Pero también deja en evidencia que aún queda mucho por aprender, ya que prevenir no es únicamente tener protocolos escritos, sino transformar las relaciones de poder, los liderazgos y la convivencia cotidiana en los equipos de investigación.

No basta con condenar al culpable. La comunidad científica y las instituciones que organizan expediciones deben asumir la responsabilidad de revisar cómo seleccionan a sus equipos, cómo forman a sus integrantes y qué condiciones de respeto y seguridad garantizan en contextos extremos como la Antártica. El silencio, la tolerancia o la indiferencia no pueden ser parte de la vida científica.

La sentencia definitiva se conocerá en los próximos días, pero más allá de lo que establezca, ya sabemos que esta condena será recordada como una señal de alerta: ningún lugar, por remoto que sea, está libre de la violencia machista. Y ninguna institución puede declararse ajena a la tarea de erradicarla.

La Antártica, símbolo de cooperación y humanidad compartida, no puede quedar manchada por la impunidad. Que este doloroso caso sirva como punto de inflexión para construir una ciencia libre de abusos, una ciencia donde la dignidad y la seguridad de todas las personas estén siempre en primer lugar.

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