Necrológicas

La chifladura por un famoso en Chile

Por Jorge Abasolo Jueves 2 de Octubre del 2025

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Corría el año 1934 y eran pocas las personalidades que visitaban este país, demasiado arrinconado y con una aviación en pañales. Por eso, la llegada de Clark Gable desató una algarabía similar a la producida por un terremoto o cambio de mando.

Una de las primeras visitas que causó revuelo a su arribo a Chile fue la del actor estadounidense Clark Gable (“Lo que el viento se llevó”). 

En Santiago el fervor se elevó a la máxima potencia. La losa del Aeropuerto Cerrillos estaba repleta de periodistas y de fans que, esta vez, se abalanzaron sobre él y le quitaron su corbata y varios botones de la camisa.

La efervescencia era tal, que cuando Gable partió desde ahí al Hotel Crillón, un grupo de señoras y señoritas rompieron una puerta, para entrar al departamento del actor. Al día siguiente, The New York Times titulaba: “Clark Gable Is Mobbed By His Chilean Admirers” (Clark Gable es acosado por sus admiradoras chilenas).

Cuando se trata de personajes del cine o la TV mucha gente cree que nacen bellos, carentes de defectos y que poco menos que están emparentados con los ángeles.

El caso es que este ícono del cine de la época sufría de halitosis, provocada por problemas estomacales, sinusitis, dientes postizos y el hábito de fumar, mal que empeoraba debido a su inclinación por el whisky.  

La actriz Vivien Leigh llegó a confesar a Victor Fleming (director del filme) que detestaba tener que besarlo mientras filmaban “Lo que el viento se llevó”.

El temerario periodista chileno Tito Mundt fue tal vez el único que tuvo mayor acercamiento con este actor, fallecido en 1960.

Relata Mundt que algunas mujeres se desmayaban como por arte de magia; y a Gloria Lynch, que se alojaba en el Crillón, casi le dio un infarto. Luego se descubrió que el infarto era más falso que factura de gitano, y que lo único que deseaba era tocar, palpar y manosear personalmente al famoso actor.

Cierta noche, en que le daban una comida en el Club de la Unión, Tito Mundt se coló por la puerta falsa y vio desde lejos a Clak Gable. Dice Mundt que era un tipo moreno, alto, macizo y simpático. A los fotógrafos les hizo una broma:

– ¿Quieren una foto exclusiva? Fíjense. Cuenten así: un, dos, tres….¡ya!- Y cuando los fotógrafos obturaron sus máquinas, el célebre galán se sacó la dentadura postiza como quien se saca un pitillo de los labios.

Y así salió en los diarios…

Más adelante y estando en Angol (1967) Tito Mundt le contó a mi padre (eran amigos) lo siguiente:

-“Fíjate que en la guardarropía le pedí a un mozo que me mostrara el sombrero del actor. Era inmenso y cabían por lo menos tres cabezas en él. Me lo probé con todo cuidado y en ese momento sentí que alguien me lo metía hasta las orejas. Era el propio Gable, que no encontró nada mejor que regalármelo como recuerdo…”.

Y colorín colorado…

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