La deuda oculta detrás del alza de la electricidad
El impactante aumento del 62% en la cuenta de la electricidad en Magallanes de un año a otro ha traído este tema de vuelta al debate público, mucho más tras revelarse un error metodológico de cálculo por parte de la Comisión Nacional de Energía (CNE).
Sin embargo, el fenómeno es mucho más complejo que una simple equivocación y es, en esencia, la consecuencia del fin de un extenso periodo de congelamiento tarifario.
El aumento de la electricidad en Magallanes y Chile no es una subida caprichosa, sino la inevitable rendición de cuentas de un sistema que, bajo presión social, congeló los precios sin congelar los costos. La dificultad ahora reside en gestionar este alza para los consumidores mientras se honra una deuda acumulada por años de precios artificialmente bajos, en un contexto regional que depende fuertemente de una fuente (el gas) que ya es significativamente subsidiada.
En nuestra edición de Pulso Económico se entrega un análisis acabado del origen de esta situación, que se remonta a noviembre de 2019, cuando el gobierno de Sebastián Piñera aprobó la Ley 21.185, implementando el Mecanismo de Precios Estabilizados al Cliente para revertir un alza del 9,2% y se decidió congelar las tarifas eléctricas hasta diciembre de 2020. A la vez, se permitió al Estado mantener una deuda máxima con las eléctricas. Luego, la administración de Gabriel Boric resolvió extender este congelamiento hasta 2023.
En Magallanes, donde la Empresa Eléctrica de Magallanes (Edelmag) es el único operador a cargo de la generación, transmisión y distribución, la deuda por concepto de generación alcanzó los US$29 millones.
El alza es particularmente sensible acá, una región con un Sistema Eléctrico Mediano, no conectado a la red nacional. Este opera con una capacidad instalada proveniente en un 84% de gas natural.
En contraste, la generación eólica del proyecto Vientos Patagónicos tiene un impacto limitado, pues al cubrir sólo el 15% de la demanda de Punta Arenas, la red debe mantener la inversión en generadores de respaldo a gas, manteniendo los costos prácticamente intactos.
El escenario futuro está marcado por la necesidad de reconocer y saldar las deudas pendientes, mientras se vislumbran correcciones derivadas de diversos elementos, siendo esperable una nueva alza. Además, se debe tener en cuenta que, a mediano plazo, el reajuste aplicado a Magallanes dependerá del estudio cuatrienal 2027–2030, momento en que se actualizarán los costos de distribución (Vad).
Si el sistema eléctrico fuera un reloj, el congelamiento de tarifas fue como detener la manecilla de los minutos mientras la maquinaria interna seguía funcionando. El reciente aumento es simplemente la manecilla acelerándose para ponerse al día con el tiempo real, un ajuste doloroso pero necesario que tardaremos más de una década en pagar.
En esto existen responsabilidades técnicas y políticas. Nuestros parlamentarios y nuestro gobierno están al debe, una vez más.




