Necrológicas

Kai, el calzado artesanal y sustentable que lleva la esencia de la Patagonia al mundo

Lunes 3 de Noviembre del 2025

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La historia de Kai comenzó lejos de Magallanes, en Buenos Aires, donde Katherine Soledad Carrasco Castillo dio sus primeros pasos en el mundo del diseño. “Yo partí con la marca en el año 2016”, recuerda, explicando que egresó del Liceo María Auxiliadora y, en 2011, se fue a la capital de Argentina a estudiar Diseño de Indumentaria y Textil. Fue en ese proceso cuando descubrió su verdadera vocación. “Más o menos en 2015 o 2016, cuando estaba terminando la universidad, empecé a conocer el rubro del calzado, me empezó a gustar y ahí comencé a estudiar y a hacer la marca”.

El primer par de zapatos lo vendió en 2015. “Fue a una compañera de la universidad”, comenta entre risas. Desde entonces, Kai se ha consolidado como un emprendimiento con identidad y sentido de pertenencia. “Busqué algo que tuviera que ver con la esencia o las raíces de la región, y Kai significa cuero. Era una palabra simple, porque yo trabajaba con cuero y quería transmitir la esencia del lugar de donde venía”, explica.

Tras terminar sus estudios en Argentina, Katherine regresó a Punta Arenas. “Ahí comencé a vender principalmente por internet. A veces participo en exposiciones o ferias que se hacen una o dos veces al año, pero generalmente vendo por redes sociales”, señala. Además, parte de su producción puede encontrarse en una agencia de turismo de su papá, ubicada en Fagnano 655.

El proceso de creación combina diseño y manufactura artesanal. “Yo hago los diseños y la moldería, y después los mando a fabricar a Santiago. Trabajo con un taller familiar que hace todo de manera artesanal. Los zapatos se hacen completamente a mano, de manera tradicional. Luego me los envían a Punta Arenas”, explica.

La fidelidad de sus clientas es otro sello distintivo. “Vuelven a comprarnos porque les encantan los zapatos, son muy cómodos y de excelente calidad, no se despegan. Como son de cuero, si los cuidas bien, te durarán muchos años”, afirma.

En cuanto a los colores, su paleta ha ido evolucionando con el público. “Cuando vivía en Buenos Aires trabajaba mucho a pedido, hacía diseños muy distintos y combinaciones poco comunes. Pero al llegar a Chile bajé un poco la intensidad, porque acá prefieren colores más sobrios, como negro o café. Aun así, tengo clientas que quieren algo diferente, y por eso sigo haciendo mezclas de colores que no se encuentran en cualquier lado”.

No todo ha sido fácil. “Ahora ha estado bastante complicado. El tema de las ventas no ha estado muy bueno, pero eso se siente en todos los rubros. La gente cuida mucho en qué gastar su dinero”, dice. A esto se suman las dificultades logísticas de producir a distancia. “Como fabrico en Santiago, cada vez que quiero hacer algo nuevo tengo que pensarlo bien, porque cada envío tiene un costo. Compro los cueros y materiales a distancia, con proveedores de confianza, pero igual es complicado no poder elegir los colores o la calidad estando allá”.

Intentó producir en Punta Arenas, pero no encontró zapateros que fabricaran localmente. “Tenía todas las intenciones de fabricar acá, porque quería generar trabajo en la región. Pero no conseguí zapateros”, comenta.

Aun así, no se detiene, prepara un nuevo paso para su marca. “Pronto voy a tener mi tienda online porque me gané un fondo de Sercotec, de Ruta Digital. Así podré hacer mi página web con tienda propia”, anuncia entusiasmada.

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