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Tras 33 años de servicio

Guardián de 600 señales en Magallanes: farero más antiguo de la Armada se acoge a retiro

Jueves 6 de Noviembre del 2025

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El suboficial mayor Roberto Araneda se acogerá a retiro en diciembre de este año, poniendo fin a 33 años de servicio y a una trayectoria particular que lo consagra como el farero en servicio más antiguo de la Armada de Chile. Desde 2020, Araneda se ha desempeñado como subjefe del Centro Zonal de Señalización Marítima en Punta Arenas, supervigilando la operación y mantenimiento de más de 600 señales en la región, una cantidad que equivale a cerca del 60% de la señalética marítima a nivel nacional, incluyendo las ubicadas en la Antártica.

Su vocación pareciera resumirla en una frase que lo acompaña: “Un faro es lo más parecido a una iglesia: ilumina, guía y finalmente salva”.

Vocación y aislamiento

Araneda es oriundo de la Región del Bio Bío, del sector campestre de Tomé. Conoció el mar a los 10 años y desde niño soñó con ser marino, inspirado por la figura de Arturo Prat. Pese a que la especialidad de farero no fue una elección, sino una designación basada en su antigüedad y perfil psicológico en la Escuela de Grumetes, esta labor lo fue “encantando” con el tiempo.

Sus primeras comisiones de construcción de señales fue en la Carretera Austral, por el sector de Caleta Puelche, donde un suboficial con casi 30 años de servicio le transmitió una lección que le “caló hondo”, luego de consultarle por el sentido de “andar construyendo esas torres”. “El me dijo, este pequeño grano de arena que tu estás aportando acá, es para el engrandecimiento de la patria””, recuerda Araneda. “Lo demás lo tiene que averiguar”, remata.

A lo largo de su carrera, Araneda acumula un total de 12 años de aislamiento. El define esta vida no como un sacrificio, sino como un “compromiso hacia la patria”, consciente de que la calidad de su trabajo puede significar la vida de una o varias personas que confían en la operatividad de la señalización marítima. Se trata de un compromiso que exige una fortaleza espiritual, ya que implica dejar atrás a familia y vida social, perdiéndose de la civilización por largos periodos de cuatro a cinco meses.

Magallanes: soberanía y desafíos titánicos

Tuvo un paso fugaz por Magallanes ya en 2006, cuando formó parte de una faena para levantar el monumental Faro Cabo de Hornos. La misión era duplicar la altura del faro, de 7 a 14 metros. Al ser un faro de fierro fundido, la tarea fue “titánica”, pues cada tramo pesaba alrededor de 300 kg. La comisión, que originalmente iba a ser por 15 días, permaneció un mes y medio, completando el desafío “con puro esfuerzo y amor a la camiseta”.

Desde su llegada definitiva en 2020, ha sido clave en la coordinación de las labores de mantenimiento en la Tercera Zona Naval. La señalización en la región es crucial, ya que, señala Araneda, “el Océano Pacífico en esta zona no es tan “pacífico””, obligando a la ruta comercial a utilizar canales estrechos. En este contexto, los faros son “verdaderos semáforos en el mar”, que guían a los navegantes.

Actualmente, siete faros están habitados con personal, con relevos cada cuatro meses en algunos casos. Tres faros están dotados con familias: el faro Fairway, Dúngenes y Cabo Espíritu Santo. El personal que vive en estos hitos de la Patagonia, explica Araneda, cumple también la “tarea noble de hacer soberanía”.

La palabra de aliento

Los faros dotados no sólo proveen luz, sino que cumplen funciones vitales de control de tráfico marítimo, observaciones meteorológicas y, fundamentalmente, como “puesto de ayuda fijo”.

Araneda recordó un caso de socorro ocurrido el año pasado en el faro Fairway, donde un buque estaba zozobrando. La cabo Rivas y su esposo farero coordinaron la emergencia inicial, manteniendo 24 horas de comunicación constante con la tripulación, lo que en definitiva permitió “salvar vidas”.

Además rememoró otra experiencia personal en el norte, en el faro Punta Corona de la isla grande de Chiloé, donde ayudó a guiar una embarcación que sufrió un incendio y se quedó sin comunicaciones en medio de un temporal. Su apoyo fue clave para guiar la embarcación hasta que pasó un remolque frente al faro, un trabajo que se extendió desde las 8 de la mañana hasta pasadas las 10 de la noche. Esta emergencia implicó dos días en la guardia sin moverse.

Recuerda que tiempo después los tripulantes rescatados llegaron hasta el faro a dar sus agradecimientos y le quedó grabado a Araneda que lo que ellos más valoraron, “más allá del rescate mismo, agradecen el momento oportuno y las palabras de aliento que ellos necesitan cuando se entra a la desesperación”.

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