La derecha tradicional tras la debacle
El resultado electoral del domingo no sólo dejó números duros; dejó también una sensación de desnudez política en una centroderecha que, por primera vez desde el retorno a la democracia, enfrenta una caída tan profunda en su representación parlamentaria y en la legitimidad de sus liderazgos. Chile Vamos no perdió únicamente un escaño histórico en Magallanes: perdió un relato, una brújula y -lo más inquietante para este sector- la conexión emocional con el electorado que alguna vez la sostuvo.
El derrumbe es cuantificable. Apenas 9 mil 515 votos para la alianza que alguna vez articuló al grueso de la derecha institucional, muy lejos de los 26 mil 494 obtenidos por la lista Cambio por Chile, y de los 50 mil votos que el “efecto Radonich” parecía presagiar. Las encuestas, los análisis previos y la confianza interna resultaron espejismos de campaña. Los números, esta vez, no admitieron interpretaciones benévolas y la centroderecha vivió su peor resultado a nivel de diputados en más de tres décadas.
En Magallanes, la histórica caída fue más elocuente. Lo que alguna vez fue un bastión parlamentario se desplomó en tiempo real. Christian Matheson, que en 2021 superaba los 7 mil 500 votos, hoy apenas rozó los 2 mil 770; figuras con trayectoria, como Jennifer Rojas, quedaron relegadas; y candidatos que apostaban a repetir o acercarse a marcas anteriores terminaron con resultados que ni siquiera rozaron sus expectativas. “Derrota contundente”, dijo Ricardo Hernández, quien no esconde que Evópoli, al menos en esta zona, enfrenta su propia extinción.
Las explicaciones abundan, pero ninguna parece suficiente. Falta de conducción, errores estratégicos, ausencia de apoyo interno, liderazgos descoordinados, desgaste de rol histórico, y una creciente dificultad para transmitir un mensaje propio en un ecosistema político donde Republicanos y fuerzas emergentes ocupan el espacio que antes pertenecía a Chile Vamos. Como advirtió Rodrigo Álvarez, la derecha tradicional gobernó dos veces, pero no logró herederos políticos. ¿Es ese el gran vacío que hoy se cobra con tanta fuerza?
El terremoto electoral también reactiva viejas preguntas: ¿Qué significa hoy ser centroderecha en Chile? ¿Es viable sostener tres partidos debilitados cuando incluso sus dirigentes reconocen que la ciudadanía ya no ve en ellos la referencia central del sector? ¿Se deben fusionar? ¿Deben sumarse a José Antonio Kast o eso sólo profundizaría la pérdida de identidad y autonomía que tantos militantes reclaman?
Magallanes es, nuevamente, un laboratorio político de lo que ocurre a nivel nacional. En 2009 la derecha ya había caído fuera de la Cámara Baja; en 2025 repite el desenlace, pero con una votación que evidencia un retroceso estructural. Hace treinta años superaban los 24 mil votos; hoy, no alcanzan los diez mil. Y mientras a nivel municipal persisten liderazgos locales capaces de ganar elecciones, esa fortaleza no se traduce -ni se proyecta- al nivel parlamentario o presidencial.
La pregunta, entonces, no es solo cómo levantar al sector, sino si Chile Vamos tiene algo nuevo que ofrecer a Chile y a la región o, si por el contrario, sus partidos partidos terminarán sus días sumidos en la irrelevancia.




