Necrológicas

¡Sálvate a ti mismo!

Por Marcos Buvinic Domingo 23 de Noviembre del 2025

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La expresión “¡sálvate a ti mismo!” puede ser un grito desesperado en una situación de emergencia; también puede ser una recomendación que brota del egoísmo que anida en algunas personas, invitando a otros a pensar solo en sí mismos en cualquier circunstancia, llamando a arreglárselas confiando en sus propias fuerzas y capacidades, y sin mirar a los demás.

En este último sentido, la fórmula “sálvate a ti mismo” es como el “evangelio” —en el sentido de “buena noticia”— del individualismo. El egoísmo individualista no tiene otra propuesta que “sálvate a ti mismo”; esa es su única propuesta: no pienses en otros, no te preocupes por los demás.

Todos tenemos numerosas experiencias, en nuestra vida cotidiana, de cómo esta epidemia de individualismo se ha ido apoderando de la mente y del corazón de muchas personas, transformando la convivencia social. Quizás alguien dirá que no es así, que somos un país solidario y, ciertamente, en ocasiones trágicas lo somos. También siempre hay personas que dan un testimonio admirable de lo que es pensar en los demás y actuar de esa manera. Pero la experiencia diaria y los estudios sobre las tendencias socioculturales nos muestran que cada día somos un país más individualista, con una gran mayoría de gente que no participa en nada ni le interesa hacerlo. ¡Qué tremendo desafío enfrentamos como sociedad!

También la expresión “¡sálvate a ti mismo!” puede tener otro significado: puede ser una burla cargada de desprecio, desafiando el poder que tiene —o que se supone que debería tener— otra persona. Tal es el sentido que tiene la expresión en el pasaje del Evangelio que hoy se lee en las celebraciones de las comunidades cristianas (Lucas 23, 35-45). Allí, durante la ejecución del Señor Jesús en el suplicio de la cruz, tres veces se burlan de Él diciéndole: “¡sálvate a ti mismo!”.

En la burla dirigida al Crucificado, la expresión es usada como signo del poder que podría o debería mostrar: el poder del “yo”, el poder del “yo primero”, del “yo soy capaz”. Aquí, el “evangelio del individualismo” termina de sacarse la máscara y muestra toda su malignidad al ignorar la voluntad de entrega y la decisión libre del Señor Jesús de ofrecerse a sí mismo. El “evangelio del individualismo” desconoce lo que es el amor y busca hacer del egoísmo el motor de la vida y de la historia.

Pero el Señor Jesús no quiere salvarse a sí mismo: quiere vivir una entrega de amor hasta el final para derrotar al individualismo, para sellar en esa entrega el triunfo del amor sobre el egoísmo, que es la raíz de todos los males humanos. El Señor Jesús no quiere salvarse a sí mismo, sino que quiere salvar a todos del egoísmo que nos mata, que destruye la comunión con Dios y la comunión entre las personas.

En otras palabras —como lo expresa un discípulo de Jesús, José Antonio Pagola—:

“¿Qué sería de nosotros si el Enviado de Dios buscara su propia salvación escapando de esa cruz que lo une para siempre a todos los crucificados de la historia? ¿Cómo podríamos creer en un Dios que nos dejara hundidos en nuestro pecado y en nuestra impotencia ante la muerte?”

Ante el lenguaje del poder que se burla diciendo “¡sálvate a ti mismo!”, el Señor Jesús parece no escuchar; al contrario, en la Cruz aparece como perdedor, y no hace valer ningún derecho: no se ahorró ninguna contrariedad, no pretendió imponer nada, ni manipular a nadie ni controlar nada. En su entrega solo manifiesta el poder del amor, que busca salvar a todos. De esta manera, el Señor Jesús solo puede ser acogido, reconocido y seguido a través de una adhesión libre, sin coacción ni imposición; a través de una adhesión en el amor, y no por medio de los signos del poder y del miedo que estos suscitan.

En estos momentos, en el país se está viviendo una apresurada carrera por el poder, y mirar al Señor Jesús siempre nos ofrece luces para iluminar nuestro presente y nuestro discernimiento. Es natural que los políticos quieran conquistar el poder, pero el asunto es para qué: qué están buscando, qué harán con ese poder, cómo lo ejercerán y cómo piensan enfrentar la epidemia de egoísmo propagada por el “evangelio del individualismo”, que constantemente nos dice “¡sálvate a ti mismo!” mientras destruye muchas vidas y nuestra convivencia.

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