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Julio Segundo Contreras Hueicha, un “guasquero” de Magallanes que conserva el arte de la talabartería

Lunes 15 de Diciembre del 2025

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Por Mario Isidro Moreno

 

  • Aprendió el oficio, prefiriendo el término “guasquero” por trabajar el cuero crudo, y ahora lo comercializa con su esposa Mónica.

 

La historia de la talabartería en Chile está profundamente arraigada en la vida rural y el uso del caballo, desde la época colonial, siglos XVII-XIX, con la producción de odres y zurrones para transporte de vino y sebo, hasta convertirse en un oficio esencial para el campo chileno, fabricando monturas, correajes y arreos, preservado hoy por algunos artesanos que transmiten el saber de generación en generación, aunque amenazado por materiales sintéticos y la falta de aprendices, siendo un arte vital para el patrimonio cultural. 

El oficio nace de la necesidad de trabajar el cuero para herramientas y accesorios relacionados con el caballo, el principal medio de transporte y trabajo en el Reino de Chile.

En los siglos XVII y XVIII, la talabartería chilena ya producía odres y zurrones de cuero para transportar vino, aguardiente y sebo, siendo un rubro clave en el comercio exterior, como lo demuestran registros en la frontera sur y rutas hacia Perú. 

Los artesanos (talabarteros) combinaban el trabajo del cuero con el metal, creando piezas funcionales como cinchos, bozales, pretales y sillas de montar, a menudo decoradas con motivos de la naturaleza o íconos locales.

Este arte se convirtió en una artesanía transmitida de padres a hijos, vital para la cultura campesina y rural chilena. 

En la actualidad, el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Inmaterial (Sigpa) reconoce a talabarteros notables como Jaime Ormazábal (Lolol), Mamerto Cáceres (Cauquenes) y otros, visibilizando su labor.

La historia de Julio Segundo Contreras

En Magallanes, son contados con los dedos de la mano los varones que se dedican a la confección de este tipo de artesanía y, destaca entre ellos Julio Segundo Contreras Hueicha, al cual visitamos en su hogar de Punta Arenas, para que nos cuente su historia de vida y su dedicación a este arte popular.

Nace en Punta Arenas, en el año 1960, producto de la unión de sus padres Julio Segundo Contreras Cárcamo y Rosa Emilia Hueicha Cárdenas, pioneros del barrio Playa Norte, los cuales, junto a otros vecinos del sector, le ganaron metros al mar para construir sus viviendas.

“Mis primeros estudios los hice en la Escuela Básica N°20 ubicada a un costado del Regimiento de Telecomunicaciones; luego continué en la Escuela Industrial Armando Quezada Acharán y, al egresar, por la situación económica de mi familia tuve que seguir en la “Universidad del Trabajo””.

“Era el año 1978 y tuve la suerte de ser contratado en la Corporación Nacional Forestal (Conaf), para el Programa “Manejo y Sustentabilidad del Guanaco”, estableciéndome en la estancia Cameron de Tierra del Fuego, lugar en el que permanecí cerca de catorce años”.

Estando en ese lugar inicié mi labor de talabartero, pero opté por denominarme “guasquero” al trabajar el cuero crudo, atendiendo a que la palabra guasca, proviene del quechua “waskha” que significa “soga o tira de cuero”. Esto, dado a que la palabra talabartero proviene del francés antiguo talevart, como se designaba a un cinturón o tahalí de cuero donde se colgaba la espada o el sable y, el artesano que reparaba o confeccionaba esta pieza era llamado talabartero”.

“Al interior de la sección Russfin, en el puesto Santa Alicia, conocí al puestero Juan Núñez Cárdenas, quien cuidaba vacunos en el sector del lago Lynch. Cuando lo visitaba, me llamaba la atención que este trabajador siempre estuviera ocupado tejiendo algo con piel y, como tengo buena mente, fui memorizando su trabajo y comencé a aprenderlo”.

“Cuando le solicité que me instruyera en la técnica de esa labor, comenzó a enseñarme primero a sobar el cuero”.

“Yo, estaba un tanto familiarizado con la piel de los animales, puesto que mi padre fue matarife del Matadero Municipal de Punta Arenas, que estaba en calle Ovejero y cuando lo acompañaba aprendí a carnear animales y esa experiencia me sirvió para irme al campo”.

Recordando sus inicios y el procedimiento para utilizar este material en este tipo de artesanías utilitarias, Julio Contreras expresa que, “luego de descuerar el animal intentaba no pasar a llevar la piel de tal manera que esta salga lo más sana posible. Con el cuchillo se le realiza una “lonjeada” que es una depilación donde se le extrae totalmente el pelo determinando cortar el material en tiras o bien estaquearlo. Antes que la piel se seque, hay que comenzar a sobarlo para ablandarlo”.

“Además de obtener este tipo de material, también hay otro procedimiento para conseguir tientos. Eso, que se llama lonja de potro, se saca normalmente de un caballo que ha muerto. Mientras más flaco haya sido el animal es mejor porque ese material tiene la lonja una mayor firmeza. Se saca de un tirón con las manos sin intervención de ningún tipo de herramienta”.

“Esos tientos sirven para coser, unir o tejer. Pero igualmente hay otros tientos que se obtienen del lomo del guanaco, aunque sólo sirven para coser. Deben proceder de la guanaca hembra, que es más pasiva, ya que los machos se pelean y se muerden, especialmente el cuello, y dañan esa parte de donde se obtiene este hilo”.

Mientras trenza con sus sabias manos un botón, el artesano Contreras me comenta que, la base de esta ciencia se ha heredado de los pueblos originarios, porque cuando se introduce acá el caballo comienza la necesidad de construir sus propios elementos para dotar de ellos a su cabalgadura y luego agrega:

“Habiendo cumplido un ciclo en Tierra del Fuego, la Conaf me traslada a la Reserva Forestal Magallanes y de allá traje conmigo a los caballos que utilizaba en ese lugar y tuve la necesidad de seguir con esta actividad relacionada con la talabartería o, como yo le llamo la guasquería. Instalé un pequeño taller e incluso comencé a comercializar estos elementos.

Con su esposa se instala
 en el Centro Artesanal

“Comencé a tener “nombrada”, cuando me inscribí en Chile Artesanías y pude entonces continuar con el aporte de este patrimonio cultural e histórico. Con el tiempo, junto a mi esposa Mónica Viladoms Torres, también artesana, instalamos un local en el Centro Artesanal donde hemos logrado que nuestra producción regional haya viajado a distintos países”.

“Me siento orgulloso de haber recibido dos importantes distinciones, una en noviembre de 2024 a nivel regional otorgado por el Gobierno Regional y Cultura, por el mantenimiento del oficio de la talabartería campesina y en este 2025 el premio “Sello Indígena”, recibido por la confección de unas boleadoras únicas, rescatadas de la herencia dejadas por los pueblos originarios de la Patagonia”.

Los artesanos Julio Segundo Contreras Hueicha y Mónica Viladoms Torres, han llevado la artesanía campesina regional de Magallanes a exposiciones realizadas en la localidad atacameña de Bahía Inglesa, Osorno y en el Centro Cultural Gabriela Mistral, de Santiago. Además, Julio Contreras, fue invitado por la capital para cumplir una actividad denominada “Manos de Cuero”, que tuvo como fin realizar un taller abierto a la comunidad y artesanos.

Finalmente, Contreras entrega una última reflexión sobre este tema: “Los “guasqueros” o talabarteros, lamentablemente se han perdido en los caminos del tiempo. Se han perdido sus huellas y con ellas costumbres que nos conectaban a la esencia misma del campo magallánico. La juventud actual, no se interesa por seguir este arte y por esta razón, las tradiciones se van desvaneciendo como la niebla al amanecer”.

 

 

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