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Diplomacia antártica

Por La Prensa Austral Domingo 4 de Enero del 2026

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Juan Aníbal Barría
Abogado y exembajador de Chile
Delegado de Cancillería para la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena

 

 

Si emprendiéramos la tarea de escribir un libro sobre el quehacer del Ministerio de Relaciones Exteriores en la Antártica, un extenso capítulo debería dedicarse al trabajo que muchos diplomáticos de carrera llevaron a cabo para forjar, diseñar e implementar una política antártica, al tiempo de representarla con firmeza e inteligencia en las conferencias internacionales.

No fue una empresa fácil, toda vez que hubo años en que, en las instancias multilaterales, se pretendió universalizar el continente polar, y otras épocas en que, en el marco del Sistema del Tratado Antártico (STA), se vivieron intensos debates acerca de la explotación de los recursos de esta región y se negociaron instrumentos señeros en la protección ambiental y en la conservación de los recursos vivos.

Chile abogó y ha seguido defendiendo que los principios y propósitos del régimen jurídico iniciado en Washington en 1959 sigan vigentes. En ese espíritu, aquella frase del exsubsecretario de Relaciones Exteriores y extraordinario jurista Edmundo Vargas, en cuanto a que queremos una Antártica limpia, descontaminada, pero útil para el hombre, continúa siendo válida.

Por tanto, toda actividad que no esté prohibida internacionalmente y que se realice conforme a estrictos estándares de sustentabilidad debería ser estimulada. En fin, esa coherencia en el tratamiento de la amplia agenda antártica se debe, fundamentalmente, a figuras brillantes como los embajadores Óscar Pinochet de la Barra, Jorge Berguño y Fernando Zegers.

Así, para comenzar a apasionarse por esta región, resulta básico leer el libro de Pinochet de la Barra, La Antártica Chilena. Es una obra interesante, detallada y clara, en la que se conjugan múltiples saberes: historia, derecho, geografía y cartografía. Una publicación que nos permite conocer —entre otros aspectos— la génesis y los argumentos que respaldaron la dictación del Decreto Supremo 1747, del 6 de noviembre de 1940, que fija los límites del Territorio Chileno Antártico, fecha que sería recogida después por el Presidente Eduardo Frei Montalva para conmemorar el Día de la Antártica Chilena. El catálogo de artículos y ensayos de Pinochet de la Barra es extenso, y en cada uno de ellos se concilia el interés nacional con las obligaciones internacionales asumidas por nuestro país.

Jorge Berguño fue también un diplomático de vasta cultura y profundo conocedor de la historia de los exploradores y de sus travesías. Otro enamorado del Continente Blanco, participó activamente en numerosas reuniones consultivas, donde su voz siempre fue escuchada con atención. Profesionales como Paulina Julio y María Luisa Carvallo recuerdan cómo representantes de países grandes y pequeños le solicitaban su parecer y consejo, que entregaba generosamente. Y junto a Fernando Zegers —de personalidad distinta, otro eximio negociador multilateral y de enorme talento para la redacción precisa y cuidadosa de documentos— conformaron una dupla que se complementó para enfrentar delicadas coyunturas multilaterales.

Ellos dieron el sello de profesionalismo y continuidad a nuestra política exterior antártica, estableciendo una relación estrecha y positiva con los profesionales y directivos del Instituto Antártico Chileno (Inach). Estos lazos se han mantenido tras el traslado de la sede de este instituto a Punta Arenas, ciudad antártica por excelencia, con los directores nacionales José Retamales y Marcelo Leppe, y en el presente con Gino Casassa.

Cabe mencionar el rol que tuvo en su momento la Dirección de Medio Ambiente y Antártica (Dima), que precedió a la Dirección de Antártica (hoy División de Asuntos Antárticos), donde existe una nueva generación de especialistas como Camilo Sanhueza, Francisco Berguño, Mario Ignacio Artaza, Rodrigo Waghorn y, actualmente, Juan Enrique Loyer y Montserrat Fuentes. Cada uno de ellos, con distintos énfasis y estilos, ha persistido en esta vinculación provechosa entre la Cancillería y el Inach, la que siempre debe fortalecerse para el éxito de nuestros planteamientos, propuestas e iniciativas en las instancias externas.

Conviene subrayar el papel que desempeñan las Fuerzas Armadas en la promoción y defensa de nuestra identidad antártica y, especialmente, en marcar una presencia activa en un territorio de condiciones de vida extremas. Reconocido es su apoyo al despliegue de las exploraciones e investigaciones científicas. Nuestra Cancillería aprecia sobremanera cómo las visiones de las instituciones de la Defensa se integran con las posiciones de Chile como Estado parte del STA.

En esta misma línea de interacción con nuevos actores del sistema antártico nacional, la Cancillería se ha enriquecido con la contribución del Ministerio del Medio Ambiente y del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Es nuestro anhelo que otras secretarías de Estado puedan incorporarse en el futuro próximo a la actividad en esta zona.

Sin embargo, nuestra diplomacia debe acercarse y trabajar en sintonía con las autoridades regionales. En este sentido, el gobernador Jorge Flies ha descollado por sus múltiples acciones para unir más a Magallanes con la Antártica Chilena. Especial acento ha puesto en que Punta Arenas y Puerto Williams sean ciudades antárticas de primer nivel, con infraestructura adecuada, mismo afán que ha desplegado en las obras en bahía Fildes y en el aeropuerto Teniente Marsh.

En esta tarea, merecen destacarse el compromiso del delegado presidencial José Ruiz y del alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, por divulgar las potencialidades y bellezas de la Antártica. Nos parece que debería estimularse su presencia en las reuniones consultivas. Este ha sido uno de nuestros principales empeños como Delegado de Cancillería en una región de Chile fascinante y vital.

La histórica vocación polar de nuestro país es el resultado de un esfuerzo mancomunado, nacional, de una diplomacia antártica que, en suma, abraza, representa y concilia distintas miradas, perspectivas, tradiciones e intereses.

Fuente: Inach

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