El régimen iraní endurece la represión y advierte ejecuciones contra manifestantes
– Tras dos semanas de protestas, las autoridades anunciaron juicios sin clemencia, más de 65 muertos, miles de detenidos y un apagón informativo casi total.
El régimen de Irán endureció de forma drástica su respuesta frente a las protestas que se extienden por el país desde fines de diciembre y advirtió que toda persona que participe o colabore con las manifestaciones será considerada “enemigo de Dios”, un delito que, según la legislación iraní, se castiga con la pena de muerte. La amenaza fue formulada por el fiscal general, Mohammad Movahedi Azad, y difundida a través de la televisión estatal, en medio de un clima de creciente represión, violencia y fuerte restricción informativa.
Azad instruyó a los fiscales a actuar con rapidez y severidad, ordenando preparar juicios “sin indulgencia, compasión ni clemencia” contra quienes el régimen acusa de traicionar a la nación y favorecer intereses extranjeros. Las autoridades sostienen que incluso quienes ayuden de manera indirecta a los manifestantes —desde apoyo logístico hasta difusión de información— podrían ser juzgados bajo cargos que contemplan la pena capital. Estas declaraciones encendieron las alertas de organizaciones defensoras de los derechos humanos, que advierten sobre un uso sistemático del terror judicial para sofocar la disidencia.
Según cifras recopiladas por Human Rights Activists News Agency (HRANA) y citadas por Associated Press, la represión ha dejado al menos 72 personas fallecidas y más de 2.300 detenidas desde el inicio de las movilizaciones. Otras organizaciones, como Iran Human Rights, reportan decenas de víctimas adicionales, entre ellas menores de edad. Las protestas continúan activas en Teherán y en ciudades como Mashhad, Tabriz, Qom y Shiraz, pese al despliegue de fuerzas de seguridad, el uso de munición real y el aumento de la violencia.
La situación se ha visto agravada por un apagón casi total de internet y de las comunicaciones internacionales. El bloqueo dificulta la verificación independiente de los hechos y limita la difusión de imágenes y testimonios desde el interior del país. Activistas y ONG denuncian que esta censura busca ocultar la magnitud de la represión y las posibles violaciones sistemáticas a los derechos humanos cometidas por las fuerzas del régimen.
Mientras la televisión estatal insiste en que la situación está “bajo control” y difunde imágenes de movilizaciones progubernamentales y funerales de miembros de las fuerzas de seguridad, videos verificados por medios internacionales muestran manifestaciones masivas en distintos barrios de Teherán, con consignas dirigidas directamente contra el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei. El propio Khamenei anunció una nueva ola de represión y calificó a los manifestantes como “vándalos”, atribuyendo las protestas a una supuesta injerencia extranjera.
La comunidad internacional reaccionó con condenas. La Unión Europea expresó su respaldo a las demandas de libertad de la ciudadanía iraní y exigió la liberación inmediata de los detenidos. Estados Unidos, a través del secretario de Estado Marco Rubio, manifestó su apoyo a los manifestantes y advirtió que el régimen no debe subestimar la presión internacional.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre, impulsadas por la crisis económica, la inflación y el colapso del rial, pero rápidamente derivaron en un cuestionamiento abierto al liderazgo político y religioso que gobierna Irán desde 1979. En este contexto, el líder opositor en el exilio Reza Pahlavi llamó a la población a mantener las manifestaciones y a recuperar los espacios públicos como forma de presión.
Ante la amenaza de una represión aún mayor y el uso de la pena de muerte como instrumento disuasivo, organizaciones internacionales y activistas insisten en la necesidad de mantener la atención global sobre lo que ocurre en Irán, advirtiendo que el riesgo para la población civil sigue en aumento.
Con información de AP




