Hace cincuenta años, la Vicaría de la Solidaridad
Cincuenta años están a la vuelta de la esquina del tiempo; sin embargo, en la memoria de muchas personas los sucesos de hace cinco décadas parecen muy lejanos, y para las generaciones jóvenes la distancia aumenta con el desconocimiento de lo sucedido, de los personajes y de las circunstancias que se vivían.
Hace cincuenta años, el 1 de enero de 1976, fue creada la Vicaría de la Solidaridad, como una respuesta de la Iglesia a las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura (1973-1990). Con el pasar del tiempo, para muchos todo eso es como una nebulosa lejana —a veces intencionalmente olvidada—, pero lo que está fuera de discusión es que con el golpe de Estado comenzó en Chile un período de violaciones a los derechos humanos, con un largo sufrimiento para todo el país, especialmente para quienes padecían directamente la persecución por sus opciones políticas.
En esa situación de atropello a la dignidad de las personas, el arzobispo de Santiago, el cardenal Raúl Silva Henríquez, tuvo la inspiración y la valentía de crear la Vicaría de la Solidaridad como un organismo de la Iglesia para la defensa de la vida y la promoción de la justicia frente a la represión estatal, brindando asistencia jurídica y social, y atención pastoral a las víctimas de la persecución política: detenciones arbitrarias, torturas, exilio y desapariciones. Como en muchas ocasiones dijo el cardenal Silva Henríquez: “Tenemos que seguir la huella del buen samaritano, que no pasó de largo frente al herido en el camino”.
La Vicaría de la Solidaridad fue el rostro de una Iglesia samaritana que acogía, acompañaba y asistía a quienes sufrían violaciones en su dignidad, así como una permanente interpelación a la conciencia del país acerca del respeto que merece toda persona, y un referente ético nacional e internacional de la dignidad de todos los seres humanos.
Muchas personas, en esos años de dictadura, no comprendían la misión de la Iglesia en la defensa de los perseguidos y la promoción de los derechos humanos de todos los chilenos. Pero para los pastores de la Iglesia no había dudas ni vacilaciones en la misión a realizar, porque la dignidad de toda persona es una dimensión constitutiva de la fe en el Señor Jesús, pues Él es Dios hecho hombre para restablecer a todo ser humano en su plena dignidad de hijo o hija de Dios.
En Punta Arenas, como en el resto del país, esta acción eclesial en defensa de la dignidad de las personas comenzó inmediatamente después del golpe de Estado, al conocerse los primeros casos de detenciones arbitrarias, torturas y traslado de prisioneros políticos a la isla Dawson, constituyéndose en octubre de 1973 el Comité Pro Paz, presidido por el padre Alejandro Goic, junto a pastores de otras Iglesias cristianas. Luego, con el padre obispo Tomás González, esta acción se realizó desde el Departamento de Pastoral de Derechos Humanos del Obispado de Punta Arenas, a través de un equipo de hombres y mujeres que asumieron esta misión eclesial y humanitaria.
Con el retorno a la democracia, la Vicaría de la Solidaridad terminó sus funciones, y muchas de sus tareas fueron asumidas por la Pastoral Social en cada diócesis. El Arzobispado de Santiago creó la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad, que custodia la documentación del trabajo de la Vicaría y de su antecesor, el Comité Pro Paz. Este archivo es un testimonio privilegiado de esa época y un insumo importante en los procesos por violaciones de derechos humanos que aún están en curso. Además, esta documentación ha sido declarada por la Unesco como parte de la Memoria de la Humanidad.
Durante este año se realizarán diversos actos conmemorativos de la creación de la Vicaría de la Solidaridad; algunos ya han tenido lugar en Santiago. En uno de ellos, el arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomalí, señaló: “Nunca voy a poder comprender en su cabalidad lo que significó esa época. Nunca voy a poder entender el dolor, la indignación, la impotencia. Es un dolor que traspasa el alma, que nunca vamos a entender y con el cual tenemos que ser tremendamente respetuosos. Y tal vez, si hay un cuidado que tenemos que tener hoy, es no frivolizar esta situación, ni minimizarla ni superficializarla. Es un tema hondo que toca las raíces mismas de una sociedad, porque se violenta lo más sólido y sagrado que tiene todo ser humano: su dignidad”.
Acá, en Punta Arenas, realizaremos la conmemoración de la creación de la Vicaría de la Solidaridad y del trabajo realizado en nuestra diócesis austral en el mes de agosto, cuando cada año celebramos el “Mes de la Solidaridad”.




