Necrológicas
  • – Ximena Hermosilla Cubillos
  • – Carlos Méndez Méndez

Una humilde placa en una solitaria roca recuerda la muerte del gobernador Philippi

Domingo 11 de Enero del 2026

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Durante la madrugada del 29 de octubre de 1852, la autoridad del Territorio de Magallanes junto a su capataz fueron atacados y asesinados por un grupo de indígenas, mientras descansaban en un campamento al norte de Cabeza de Mar.

En 1852, la pequeña colonia de Punta Arenas era solo ruinas, luego del “Motín de Cambiazo”. Muy poca gente vivía en torno a la única calle María Isabel, hoy Magallanes. Los colonos estaban atemorizados y muchos todavía permanecían refugiados en los bosques cercanos.

El gobierno de Chile resuelve reconstruir el poblado. El 19 de agosto de 1852 por segunda vez llega al estrecho Bernardo Philippi Krumwiede, ahora como gobernador del Territorio de Magallanes. Antes, en 1843, había acompañado al capitán Juan Guillermos al mando de la goleta Ancud para tomar posesión del estrecho de Magallanes y fundar Fuerte Bulnes a nombre del Gobierno de Chile.

El estado de la re-naciente Punta Arenas era deplorable luego de los sangrientos sucesos protagonizados por Cambiazo, y sus habitantes vivían con temor, ya que se sumó a ese hecho de sangre una incursión de los aborígenes aonikenk o tehuelches.

Junto con Philippi, llega un médico, un nuevo capellán, treinta soldados y un grupo de colonizadores. Traen víveres para seis meses. El nuevo gobernador pensaba traer colonos germanos a Punta Arenas, tal como sucedía a mitad del siglo XIX con la llegada de alemanes a Valdivia y Osorno. Su idea no prosperó.

Los nuevos colonos y soldados comenzaron a reconstruir la pequeña comarca arrasada por Cambiazo y los tehuelches. Levantaron nuevas casas y reconstruyeron otras.

La autoridad tuvo un corto gobierno territorial en Punta Arenas. Nunca pensó que iba a seguir el sino de su antecesor Benjamín Muñoz Gamero, quien fue asesinado por el teniente Miguel José Cambiazo.

En la primavera de 1852, el gobernador Bernardo Philippi, decide explorar nuevas tierras hacia el norte de Punta Arenas. Le interesaba tener contacto amigable con los jefes tehuelches para mejorar las relaciones que estaban muy tensas a raíz del homicidio de seis naturales que cometió el teniente Cambiazo.

En estos recorridos que hacía hasta el sector de Chabunco, Philippi varias veces dialogó con los aborígenes, mejorándose las relaciones quebrantadas. Llegaron al poblado dos jefes aonikenk, Casimiro y Huaichi, siendo recibidos y agasajados por el gobernador. Era el mes de septiembre y en ese entonces habitaban 85 personas en la naciente Punta Arenas. Philippi, en su transitar, llega hasta el sector de Cabo Negro, acompañado por su capataz, Enrique Villa y por el aborigen llamado Martín. En la madrugada del 29 de octubre de 1852, mientras descansaban en un campamento al norte de Cabeza de Mar, los expedicionarios fueron atacados y asesinados.

Unico sobreviviente

El único sobreviviente, Martín, de quince años, compareció ante el gobernador Jorge C. Schythe, para aportar precisiones sobre el motivo de la desaparición del mandatario que había sustituido. El joven relató que el grupo encabezado por Philippi había llegado a un lugar “llamado Cabeza de Mar”, pasando Cabo Negro, donde armaron las tolderías y escuchó ese mismo día que los nativos tramaban quitarle la vida. “Habiendo pasado los dos la noche en toldos distintos, vio el declarante, como a las siete de la mañana, entrar al toldo del gobernador a dos indios apellidados Chauche y Majanero, quienes de improviso se echaron sobre él dándole de puñaladas y acabando de quitarle la vida con boleadoras, sin que pudiese llamar en su auxilio” a su colaborador (a quien también asesinaron), “ni emplear sus armas en su defensa”.

Luego de los crímenes, “lo despojaron de toda su ropa, y poniéndole un lazo al pescuezo arrastraron el cadáver a la cola de un caballo para enterrarlo en la playa, cerca del lugar en que se había perpetrado el crimen”. El sitio no pudo ser detectado por las autoridades chilenas.

Nuevamente alarma y desazón para los escasos habitantes de Punta Arenas. A finales de 1852. Asume la gobernación del Territorio de Magallanes, en forma interina, el capitán de Ejército, José Gabriel Salas, quien fue jefe de la guarnición militar con los gobernadores José de los Santos Mardones, Benjamín Muñoz Gamero, Bernardo Philippi y luego con Jorge Schythe.

El Capitán Salas, a cargo de las diligencias investigatorias, remite al ministro un informe referido a las acciones realizadas para determinar el paradero del desaparecido gobernador magallánico Bernardo Philippi. Informó a la autoridad nacional que el desaparecido marchó “con algunos indígenas de los nominados guaicurúes (pequeña tribu de Cabo Negro)”. Philippi había previsto que su viaje durara dos días y se dirigió a ese sitio con el fin de poder determinar “el lugar más adecuado para poner un pequeño destacamento”.

Salas informó que ante la inusual demora del gobernador “me puse en marcha con catorce individuos de tropa y algunos empleados alemanes”. Además, ordenó la partida de una lancha con víveres para los expedicionarios.

El pelotón llegó hasta Gregorio, efectuó “grandes humaredas para poder dar con los indios y ver si podía indagar sobre el paradero del gobernador, me interné en las pampas dejando el mar a algunas leguas, teniendo que volver desgraciadamente a Punta Arenas a los nueve días, por no tener víveres”, detalló Salas. La lancha también regresó debido a un fuerte temporal que se había desatado.

Suspensión del
intercambio comercial

La muerte del gobernador magallánico Bernardo Phillipi a manos de un grupo de nativos, produjo la suspensión de todo trato comercial con los pobladores de Punta Arenas y los tehuelches. Desde la fundación de Fuerte Bulnes en 1843, se fue instalando un creciente intercambio comercial en la zona. La pérdida del temor hacia los tehuelches y las necesidades que tenían los pobladores, hizo que los indígenas descubrieran los beneficios que les producía la actividad mercantil. Así fueron estableciéndose lazos de intereses que ocasionaban visitas más frecuentes al asentamiento. Los tehuelches proveían de carne de guanaco, huevos de avestruz y especialmente pieles y plumas recibiendo a cambio paños, géneros, tabaco, yerba mate, azúcar y baratijas. El crimen del gobernador impuso la suspensión de armas, municiones y licores fuertes a los indígenas, pero la necesidad pudo más y los comerciantes en reiteradas ocasiones reclamaron a las autoridades que dejaran sin efecto la medida y se restablezca el trueque. El levantamiento de la prohibición se decretó en febrero de 1955 y el gobernador Jorge Schythe reportó al gobierno central que se reabría el comercio en virtud “del ansia de la población para continuar sus negocios” con los pueblos originarios.

El intercambio tuvo un importante auge y cada misión comercial tehuelche imponía un tedioso regateo por los valores dados en compensación. Luego de ese trámite las operaciones concluían con una descomunal borrachera de los indígenas, dado que cada vez el pago se hizo más frecuente con aguardiente. Ese intercambio, además de ser indispensable para la incipiente población, se convirtió en una muy beneficiosa actividad para los comerciantes instalados en la ribera del estrecho.

Un crimen sin
motivo aparente

¿Cuáles fueron las razones de este asesinato? Según el gobernador Jorge Schythe, las principales causas de estas muertes, habrían sido la codicia y la traición. Puesto que Philippi “siempre les había mostrado mucha amistad y confianza en términos que les daba de comer en su mesa, les ponía sus vestidos y familiarizaba con ellos de varias otras maneras”. En efecto, Philippi tenía un muy buen trato con los aborígenes, haciendo aún más extraño su asesinato. Pero, el móvil del crimen del gobernador Philippi nunca pudo ser conocido. Se creyó en un comienzo que el acto fue realizado en venganza por la muerte de los indígenas ordenada por Cambiazo, pero esto no pudo ser probado; también se estimó la codicia de estos miserables como la causa de la muerte de la autoridad y su ayudante. Por otra parte y si bien los tehuelches no intervinieron en el hecho, quedó en claro que al menos ellos fueron los instigadores. Posteriormente indagaciones permitieron ver en el suceso la mano del cacique tehuelche Casimiro Biguá, particular y extraño personaje que sirvió a su manera los intereses de dos países y cuya vida ocupa cerca de treinta años de historia patagónica.

Se aclaró que los indígenas que dieron muerte al gobernador pertenecían a la tribu que Fitz Roy llamó “huemul” y que según Latcham constituía la familia de los  Keyuhues. Residían junto a las aguas de los senos Otway y Skyring y su número hacia 1830, época en que fueron visitados por el navegante británico, no alcanzaba a un centenar de personas. El explorador chileno Guillermo Cox también proporcionó algunos antecedentes sobre esta extraña tribu en la relación de su viaje por la Patagonia septentrional.

Algún tiempo después de ocurrido el asesinato de Philippi, se extinguieron para siempre estos indios “guaicurúes”, nombre con el que aparecen en las relaciones oficiales, como consecuencia de las continuas reyertas que mantenían con los tehuelches. Se desconoce el origen del nombre “guaicurú” del todo extraño a la toponimia etnográfica de la Patagonia.

El naturalista y militar Bernardo Philippi, nació en Charlottenburg, cerca de Berlín, Prusia (actual Alemania) el 19 de septiembre de 1811, hijo de Wilhelm Philippi y María Ana Krumwiede. En Suiza estudió ciencias naturales e idiomas. Llegó a Chile en 1831, afincándose en Ancud en 1838.

Su cuerpo al igual que el del gobernador Benjamín Muñoz Gamero, nunca ha sido encontrado.

En  el histórico lugar del asesinato, que fue denominado “Gobernador Philippi”, en su memoria, una solitaria roca conmemora este hecho histórico. En la piedra, en una placa metálica se puede leer:

“Homenaje al naturalista Alemán, y Teniente Coronel de Ingenieros de Chile, don BERNARDO EUNOM PHILIPPI, Miembro distinguido de la expedición que tomó posesión de las tierras patagónicas (1843) Gobernador de la Colonia de Magallanes y repoblador de Punta Arenas (1852), ultimado en estos lugares por los indígenas el 29/X/1852”. Centro de Estudios Patagónicos Comunidad Alemana de Magallanes.

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