La industria de los “mitos”: Develando la realidad tras la desinformación salmonera
Como comunidad indígena Kawésqar, nos vemos en la obligación ética de denunciar la campaña de desinformación que la Asociación de Salmonicultores de Magallanes ha desplegado recientemente. En sus intentos por validar lo que llaman una “condición ambiental sustentable”, la industria se ampara en cifras de “centros aeróbicos” para intentar erradicar lo que ellos denominan “mitos” sobre el daño ambiental que provocan. Sin embargo, para quienes navegamos y protegemos estas aguas, los daños no son mitos: la eutrofización, la contaminación por químicos, la degradación de los fondos marinos y la basura industrial son cicatrices reales documentadas por la ciencia y por nuestra mirada.
Resulta ofensivo y falso que se califique al ECMPO Kawésqar Última Esperanza y al Plan de Manejo de la Reserva Nacional Kawésqar como “trabas” u “obstáculos” para la producción. La industria argumenta que el número limitado de concesiones dificulta la rotación de sitios, pero la realidad de nuestro maritorio cuenta una historia muy distinta. Actualmente, la Reserva Nacional Kawésqar ya cuenta con 66 concesiones otorgadas, de las cuales 60 han estado operando de forma activa. Lejos de ser un área protegida de la industria, canales como el Seno Taraba, Poca Esperanza, Seno Skairyng, Desolación y el Golfo Almirante Montt se encuentran “infestados” de salmoneras, demostrando que la protección oficial no ha impedido la ocupación masiva de nuestro espacio de vida.
Las cifras de crecimiento de la industria en Magallanes son alarmantes: la producción en la región pasó de apenas 3,2 mil toneladas en 2001 a 130,1 mil toneladas en 2023. Este crecimiento no es casual ni equilibrado; las cosechas dentro de las áreas protegidas han aumentado a una tasa anual del 29,9%, un ritmo significativamente mayor que el de la industria fuera de estos espacios. Es evidente que las salmoneras han utilizado nuestras áreas de conservación como “refugios productivos” para mitigar sus propias crisis externas, a costa de la fragilidad de nuestros ecosistemas.
La industria clama por “certidumbre regulatoria” mientras opera en parques y reservas nacionales donde la explotación Industrial debería estar restringida. El mensaje que entregan sobre la Reserva Kawésqar es negativo y distorsionado, pues estas figuras de protección están lejos de ser una amenaza para el territorio; la verdadera amenaza es un modelo que prioriza las rentas de conservación y el beneficio privado sobre el derecho constitucional a vivir en un medio ambiente libre de contaminación y un estado que no respeta los convenios como el 169 de la OIT.
No permitiremos que se siga maquillando la realidad. La salida de las concesiones de las áreas protegidas no es una opción, sino una necesidad urgente para asegurar que la vida en los fiordos prevalezca sobre los intereses de un sector que se niega a reconocer su impacto.
Comunidad Indígena Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar




