“Magallanes Mañana”: el proyecto de la Umag que busca responder a los grandes desafíos de la región
- Universidad de Magallanes se adjudicó 5.200 millones de pesos para desarrollar una
iniciativa plurianual que tenderá a resolver problemáticas concretas de la zona austral.
Felipe Simeone G.
¿Por qué se están adelgazando los caparazones de las centollas en Puerto Williams? ¿Por qué el cáncer de mamas tiene una alta prevalencia en Magallanes? ¿Se podrá incrementar el cultivo de “chochos” (lupino), que tiene alta calidad nutricional, para el consumo humano? Estas son algunas de las preguntas que podrán tener respuesta gracias a un millonario proyecto adjudicado recientemente a la Universidad de Magallanes (Umag).
“Esto va ser un cambio de paradigma”, así lo señaló la vicerrectora de Investigación, Innovación y Posgrado de la Umag, Claudia Estrada Goic, al explicar los alcances que tendrá el proyecto “Magallanes Mañana” (Magma).
¿Cómo se traducirá esto? En que la Umag dispondrá de 5.200 millones de pesos para fortalecer su línea de investigación, innovación y posgrado para poner el foco en resolver problemáticas concretas que enfrenta la Región de Magallanes y la Antártica Chilena.
El proyecto tendrá una duración de cinco años -prorrogables- y se ejecutará mediante el Plan de Desarrollo de Capacidades de Investigación (PCI) “Magma: Magallanes Mañana”.
Según Estrada, será una hoja de ruta institucional con proyección a 10 años. De esta forma, la Umag será una de las siete universidades adjudicadas a nivel nacional, siendo una institución pionera en este nuevo enfoque de financiamiento estatal.
Los recursos provienen del Fondo de Investigación para Universidades (Fiut), programa del Ministerio de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación que busca entregar financiamiento estructural a las vicerrectorías de investigación del país.
Al respecto, Ciencias habló con la vicerrectora de Investigación, Innovación y Postgrado de la Umag, Claudia Estrada Goic, para entender cómo funcionará este nuevo proyecto y los beneficios que tendrá tanto para la universidad como para la región.
– ¿Qué cambios concretos introduce el proyecto Magma en la forma en la que la Umag desarrolla investigación, innovación y posgrado en comparación con el modelo tradicional?
– “El modelo tradicional es un modelo competitivo. Si un investigador tiene una idea, puede postular al fondo central, competir con otros investigadores en su postura y, si su propuesta resulta interesante, puede ganarse un fondo que le permita hacer esa investigación.
“Ese modelo competitivo hace que tú desarrolles investigación en áreas donde eres muy fuerte y esas áreas normalmente no son áreas que solucionan problemas concretos cotidianos.
“Muchos de nosotros, sobre todo en esta universidad, tenemos doctorados fuera del país. Nos formamos en otras escuelas, en otros países. En esos países, para hacer un doctorado, te proponen temáticas a nivel mundial. Si yo quisiera dedicarme a un tema muy específico local, muy probablemente sería difícil ganarme un proyecto porque alguien diría: ‘Bueno, eso le interesa solo a los magallánicos’”.
– ¿Cómo se traducirá este financiamiento estructural en mejoras visibles para la región en seguridad alimentaria y salud humana?
– “Son las dos áreas dentro de las prioridades del plan de desarrollo regional que son más compatibles con nuestras capacidades actuales.
“Para que la universidad sea útil para la región, necesita que algunas cosas funcionen bien. Por ejemplo, nosotros tenemos varios laboratorios, no uno, no dos, varios, que son los mejores de Latinoamérica. Por ejemplo, aquí tenemos una de las plataformas de microscopía que es la mejor de Sudamérica, la tenemos aquí frente, a dos pasos. ¿De qué sirve que tengamos esos equipamientos si no están siendo usados para resolver problemas concretos? No le estamos dando la oportunidad, no sólo a nuestros investigadores, sino que a otros actores de la comunidad a que los usen.
“A lo mejor los cambios no se van a ver en un año, a lo mejor no en tres, pero sí en cinco, sí en diez años. Este es un programa de diez años de financiamiento y lo que esperamos justamente es mejorar los indicadores en esas dos áreas, es decir, que nuestros indicadores de salud y bienestar humano mejoren significativamente y también en seguridad alimentaria mejoran estas condiciones para tener cierta autonomía.
“Ahora que tenemos el dinero nos podemos enfocar en temas locales. Por ejemplo, en la región tenemos casi tres veces más mortalidad por cáncer de mamas que en todo el resto del país y no sabemos por qué. Entonces, ahora pensando en la localidad, podemos decir: ‘Tenemos este problema, ¿qué está pasando?’”.
– De acuerdo a lo informado, Magma tiene cinco años de financiamiento. ¿Por qué habla de un horizonte de diez años?
– “La verdad es que es por diez años, sólo que se evalúa al quinto año por parte de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (Anid) si hay una extensión de cinco años más de financiamiento. Para eso tenemos que haber cumplido con nuestras promesas”.
-¿Y cómo se definieron las prioridades?
-“Las dos grandes líneas fueron una definición del gobierno regional. Allí definimos cuatro líneas grandes de desarrollo en investigación: ciencia antártica, poblamiento en grandes latitudes, salud en desarrollo y bienestar humano y energía. Lo que nos planteó el gobierno regional fue que la línea de energía tenía varios espacios de crecimiento, particularmente por la llegada del hidrógeno verde, es decir, que era una línea que tenía prácticamente garantizado su desarrollo en el tiempo.
“Lo mismo hoy pasaba con ciencia antártica. Estaban invirtiendo fuertemente en el Centro Antártico Internacional (Cai), esto iba a generar cierta infraestructura científica que iba a permitir el desarrollo. Se definieron que estas dos líneas tienen mucho sentido, además, con la infraestructura científica.
“Entonces, ellos establecieron sus prioridades y, dentro de las grandes prioridades, nosotros definimos las nuestras. ¿Y cuáles son las nuestras? De las que tenemos competencia, es decir, elegimos lo que sabemos hacer o lo que estaríamos en condiciones de desarrollar a mediano plazo”.
– ¿Qué rol tendrán los programas de posgrado, magister y doctorado?
– “Nuestra prioridad en este minuto es generar un conjunto, un pool de magísteres y de doctorados que permitan tener especialistas en áreas críticas de nuestra región que nos sirvan para avanzar en esta prioridad y desarrollar investigadores jóvenes que puedan ir haciendo la secuencia de intercambio. Muchos logros muy importantes de la ciencia no se hacen en una generación.
“La ciencia ya no se entiende como antiguamente. La ciencia era un “Einstein”. Teníamos un súper top one que hacía de todo y ese genio dejaba su obra. Hoy en día sabemos que necesitamos equipos trabajando juntos.
“Todas esas personas tienen que conjugarse para poder desarrollar conocimiento de calidad. Y la idea es que cuando ese gran investigador parte, es decir, se retira, hay otros en conjunto que dan continuidad para que podamos desarrollar conocimientos de alta calidad, por ejemplo, si lográramos definir una solución para una enfermedad”.
– ¿Cómo va a contribuir Magma en considerar a la universidad como referente en estas áreas y proyectarla a nivel nacional, más allá de la región?
– “Magma puede contribuir a posicionar a la universidad como un referente porque Magallanes ofrece condiciones únicas para el desarrollo de ciencia territorial. Vivimos en un entorno extremo, comparable a pocos lugares del mundo, que funciona como un verdadero laboratorio natural, no sólo desde el punto de vista físico, sino también humano. La forma en que vivimos, las condiciones climáticas y de luz, y nuestra experiencia como habitantes australes hacen que este territorio sea especialmente interesante para la investigación.
“Al mismo tiempo, desarrollamos ciencia en condiciones mucho más complejas que en otras regiones del país. Aquí todo cuesta más y toma más tiempo: traer insumos de laboratorio es difícil y caro, y nuestros estudiantes e investigadores tienen menos acceso a congresos, redes y oportunidades, pese a tener un alto nivel académico.
“Aun así, en la universidad hay investigadores, académicos, estudiantes y equipos de apoyo de gran calidad, reconocidos a nivel nacional e internacional, que han decidido quedarse en la región y trabajar desde aquí, pese a las dificultades.
“Por eso, este proyecto representa una oportunidad clave. Con un mayor respaldo económico, podemos potenciar un trabajo que hoy ya se realiza con recursos muy limitados, fortalecer la proyección nacional de la universidad y hacer más visible el aporte que se genera desde Magallanes al país y al mundo”.
– ¿Qué indicadores o resultados medibles permitirán evaluar el éxito del proyecto y su continuidad?
– “El proyecto fue diseñado con una secuencia clara de tareas, actividades y objetivos, y cada uno de ellos cuenta con indicadores específicos de cumplimiento. Dado que nuestro trabajo está fuertemente orientado a resultados medibles, la evaluación del éxito y la continuidad del proyecto se basará en indicadores concretos y verificables”.
A modo de ejemplo, en el ámbito de la seguridad alimentaria, uno de los resultados esperados es un aumento de la autonomía regional, lo que se traduciría en una mayor superficie de cultivo, una diversificación de especies y la incorporación de nuevos alimentos adaptados a las condiciones locales.
“Hay cultivos que aún no hemos probado. Sabemos, por ejemplo, que existe una variedad de lupino comestible, de alto valor nutricional, que podría adaptarse bien a la región. Si demostramos su productividad, podríamos avanzar incluso hacia su cultivo a mayor escala y eventual exportación. Ese tipo de estudios es el que necesitamos realizar”, señaló.
En ese contexto, los indicadores apuntan a medir el aumento de la superficie cultivada, la diversidad de cultivos, la calidad de la producción y, en última instancia, el impacto en el bienestar de la población, a través de parámetros claramente definidos.
La vicerrectora también se refirió a los estudios vinculados al envejecimiento de la población y las comorbilidades asociadas, donde el proyecto contempla la construcción de líneas base que permitan evaluar cambios a lo largo del tiempo.
“Vamos a establecer un diagnóstico inicial de distintos indicadores regionales y luego trabajar para que esos indicadores se modifiquen positivamente. Es decir, saber cómo estamos hoy y, tras algunos años de investigación e intervención, poder demostrar cambios concretos. En el caso del cáncer mamario, por ejemplo, hoy tenemos una determinada prevalencia; si logramos comprender mejor el fenómeno, en cinco años podremos evaluar si esa realidad cambió”, concluyó.




