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Traslado de urgencia y una lucha contra el tiempo: el complejo escenario de las víctimas de una explosión en Punta Arenas

Jueves 15 de Enero del 2026

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Lucas Ulloa Intveen

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Tras diez días de incertidumbre, tres rechazos administrativos y una serie de presiones internas generadas en la Red Asistencial, finalmente se concretó anoche el traslado de Johan Rocuant (36 años) hacia la Posta Central en Santiago. Sin embargo, la noticia llega con un sabor agridulce para las familias: mientras Johan emprende el camino a una atención especializada, Fernanda Preller (28 años) se queda en Punta Arenas, enfrentando complicaciones médicas mientras aguarda un cupo en la capital.

El estado de Johan es crítico, con un 64% de su superficie corporal quemada. A pesar de que el centro de referencia nacional había desestimado inicialmente el traslado alegando que el paciente podía ser tratado en Magallanes, la realidad clínica dictaba lo contrario. El doctor Andrés Prieto, jefe de la Unidad de Paciente Crítico (UPC), detalló que Johan requiere de subespecialistas para tratar “zonas especiales” (cara, cuello, manos y pies), donde la retracción de la piel podría dejar secuelas en su motricidad.

El traslado, programado inicialmente para este martes, no estuvo exento de contratiempos. Se vio postergado por una neumonía adquirida por el paciente asociada a la ventilación mecánica, complicación que fue subsanada para permitir el vuelo en un avión ambulancia equipado con soporte vital avanzado. “Mientras más tiempo están en ventilación los pacientes, con un tubo en la vía aérea, más riesgos tienen de tener este evento”, reconoce el doctor Prieto.

El especialista y jefe de la UPC local explica que en la Posta Central tienen pabellones igual que en Punta Arenas. No obstante “como es una patología Ges, por la gravedad del paciente, requiere ser trasladado a este tipo de centro. En este hospital no contamos con los subespecialistas que ven, por ejemplo, zonas especiales”, indicó Prieto.

La madre de Johan, Ursula Narr, reveló que el cupo se consiguió gracias a una “presión interna” sin precedentes. Hubo comunicaciones directas con la Subsecretaría de Redes Asistenciales para agilizar las gestiones tras los tres primeros rechazos.  “La prensa ayudó mucho pienso, pero también lo que influyó fue que se llamó a la Subsecretaría y presionaron por todos lados, no por la vía formal. Hubo presión interna y los doctores se la jugaron”, reconoce Ursula, agradecida por el pronto traslado de su hijo.

 

 

“Debería haber sido trasladada en las primeras 48 horas”

Mientras Johan parte a Santiago, la situación de Fernanda Preller se ha tornado más compleja. Aunque inicialmente se encontraba estable e incluso había sido extubada, debió ser reintubada tras detectarse edema y posibles estigmas de quemadura en su vía aérea durante un aseo quirúrgico, lo que no había sido detectado inicialmente.

Su madre, Julia Cornejo, quien viajó desde Santiago, vive su propia odisea. Recuerda con precisión quirúrgica el inicio de la pesadilla: las 6 de la mañana del domingo 4 de enero. Una llamada desde Punta Arenas a su casa en Santiago la despertó con una frase que parecía una broma de mal gusto: “¿Usted tiene una hija en Punta Arenas? Hubo una explosión”.

Tras la negación inicial, al pensar que se trataba de algún tipo de estafa, volvió a llamar y logró finalmente escuchar la voz de Fernanda mientras la subían a una camilla: “Mamita, soy yo. Rescaté a mi Dante, lo saqué”. Dante, el nieto de Julia de apenas 4 años, resultó milagrosamente ileso.

El estado de Fernanda ha sufrido retrocesos preocupantes con las extubaciones, sin embargo lo que más desespera a Julia es el estado de las manos de su hija rugbista, las cuales presentan quemaduras de tercer grado.

“Sus brazos y sus manos son lo más complicado. Necesitan ser vistas por un cirujano especialista en manos, para que no pierdan movilidad”, clama Julia, criticando que en Magallanes los aseos quirúrgicos se realicen cada cinco días por falta de personal dedicado, a diferencia de Santiago. Su crítica a la centralización del sistema es feroz: “¿Qué esperan? ¿Qué empiecen a fallar sus órganos para trasladarla? Me la quiero llevar”.

Ante la negativa de traslado para Fernanda, Julia no se quedará de brazos cruzados. Ha anunciado que interpondrá un recurso ante Fonasa y la Superintendencia de Salud si es necesario para exigir un cupo en una unidad de quemados especializada, ya sea en la red pública o privada bajo la Ley de Urgencias. Un cupo que el Servicio de Salud Magallanes no le ha logrado gestionar.

En medio del dolor, destaca el apoyo del club de rugby “Los Baguales”, donde Fernanda jugaba activamente (habiendo competido recientemente en Ushuaia), quienes han organizado beneficios bajo la consigna de que “la Feña se tiene que armar de nuevo”.

Ambas madres coinciden en que el siniestro, ocurrido mientras los jóvenes dormían, pudo evitarse. Julia Cornejo aportó antecedentes clave: Fernanda llevaba sólo tres meses arrendando la vivienda y ya había reportado que los calentadores se apagaban. Incluso, días antes de la explosión, un gasfíter certificado realizó arreglos para la corredora de propiedades que tenía la casa, pero se sospecha que existía una fuga de gas bajo la casa o en el comedor que provocó la acumulación fatal. “Fue la irresponsabilidad de alguien que no hizo las cosas como tenía que hacerlo”, sentenció Julia.

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