Necrológicas

No es justicia, es venganza

Por La Prensa Austral Domingo 18 de Enero del 2026

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Gerónimo Matheson Mujica
Abogado

 

 

 

En los últimos días, la absolución del exoficial Crespo no ha pasado inadvertida. Sin embargo, lo que ha terminado por acaparar la atención no es tanto el fallo como el activo protagonismo discursivo del Presidente de la República, Gabriel Boric, quien ha optado, una vez más, por comparecer no como Jefe de Estado, sino como comentarista moral de decisiones judiciales.

Sin desconocer la relevancia del caso, resulta difícil ignorar que en las declaraciones presidenciales aflora una carencia que trasciende lo político —carencia que, por lo demás, siempre admite debate— para internarse de lleno en lo jurídico. Ello no deja de ser llamativo tratándose de un egresado de Derecho de la Universidad de Chile y exdiputado de la República, cargos que suponen, al menos, una familiaridad elemental con el debido proceso y con conceptos básicos del derecho penal.

El Presidente ha afirmado hablar “desde sus principios”, señalando que “en este caso debe haber justicia” y que “no puede haber impunidad”. La frase es impecable; el problema es su irrelevancia. Desde Aristóteles sabemos que la justicia no consiste en la satisfacción del ánimo, sino en dar a cada cual lo suyo conforme a la razón y a la ley. No es pasión, sino medida; no es impulso, sino proporción. Y, en un Estado de Derecho, la justicia no se define por convicciones personales, sino por normas, procedimientos y sentencias. Según lo expuesto preliminarmente por el tribunal, la absolución se funda en la concurrencia de una eximente de responsabilidad penal: la legítima defensa. Es decir, no hubo impunidad; hubo Derecho.

Más preocupante aún que la indebida presión política sobre el Poder Judicial es el aparente desconocimiento del Presidente respecto del debido proceso y de instituciones básicas del derecho penal. Ignorarlas no constituye una postura ideológica, sino un error conceptual.

Así reaparece el Gabriel Boric genuino: el mismo que en 2022 estimó prudente indultar a personas condenadas por la justicia, hoy cuestiona —sin rigor, sin herramientas jurídicas y con notable liviandad— los equilibrios del sistema judicial. No es que critique una sentencia; es que parece no comprender su razón de ser.

Y quizás ahí radica el problema de fondo. Cuando la justicia se reduce a consigna y el derecho a molestia, no estamos ante un exceso de principios, sino ante una peligrosa escasez de conocimiento y comprensión. Porque quien desconoce el derecho, pero insiste en castigar, no busca justicia: busca venganza.

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