Necrológicas

Alejandro Otero Pantín: un español que llegó en el Winnipeg y se radicó en Magallanes

Lunes 19 de Enero del 2026

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Ernesto Fernández
de Cabo Arriado
Coordinador
CRA Liceo Sara Braun

 

 

Hace muchos años conocí a un español, amigo de mi tío Elías González Chávez, también español, quien lo visitaba con frecuencia a su casa ubicada en la calle Armando Sanhueza, justo detrás del Liceo Salesiano San José.  Era un hombre más bien bajo de estatura, de contextura gruesa, y con un carácter algo extravertido.  Nunca supe mucho de él, desconocía por completo su historia de vida, de donde venía, por qué había llegado a Chile, qué lo había traído a esta ciudad del sur.

Lo único que sabía con certeza que era español, que mantenía una cercana amistad y que igual a mi tío  también trabajaba en la Enap.

Con los años ese recuerdo fue quedando en un rincón de la memoria, hasta que el interés por la historia de los inmigrantes españoles que llegaron a Magallanes a bordo del Winnipeg despertó en mí una nueva curiosidad. Se trata de Alejandro Otero Pantín quien aparece en el registro de los más de dos mil refugiados españoles que, gracias a la gestión de Pablo Neruda, lograron embarcarse en el Winnipeg en 1939, para encontrar refugio en Chile.

Su vida, como la de tantos exiliados, estuvo marcada por el dolor de la Guerra Civil Española. Fue prisionero en un campo de concentración en Francia, como muchos republicanos que, tras perder la guerra, huyeron del franquismo sólo para encontrar nuevas formas de sufrimiento. Si no hubiera sido por ese barco, por esa decisión solitaria y valiente de traerlos a Chile, su destino como el de tantos otros, podría haber terminado trágicamente.

Alejandro Otero Pantín se estableció en Punta Arenas donde consiguió trabajo como pañolero en la Empresa Nacional del Petróleo. Aquí echó raíces, hizo amistades, vivió pacíficamente y reconstruyó su vida lejos del ruido de los fusiles. Fue uno de los muchos que, aun con el corazón marcado por el exilio, lograron integrarse a la vida de esta Región de Magallanes con dignidad y esfuerzo.  

Hoy, algunas  décadas después, cuando nuevos estudios, testimonios y documentos sacan a la luz la magnitud del sufrimiento vivido durante la Guerra Civil Española el nombre de Alejandro Otero Pantín surge como tantos refugiados anónimos, hombres y mujeres que lograron huir y acogerse en otra parte de su España.  La mayoría eran jóvenes cuando escaparon.  Se ha podido conocer y seguir la pista de quienes llegaron en el Winnipeg, sin embargo, hay escasez de documentación y bibliografía. La investigadora de la Universidad de Valencia: Victoria Fernández Díaz publicó un libro: “El exilio de los marinos republicanos” y diferentes artículos en torno al tema del exilio.  En un trabajo titulado “Del Mar a los Andes: el Exilio a Chile de los Marinos de la Armada de la Segunda República”, entrega algunos datos de Otero Pantín. Nos señala que en el Winnipeg llegaron a lo menos 28 marinos de la Armada, la mayoría lo hizo desde Túnez y fue por voluntad de Pablo Neruda que los pasajeros fueran seleccionados de entre todos los campos de concentración, fue la única expedición a América que incluyó un número importante de refugiados del campo tunecino de Meheri Zebbeus. De estos 28 marinos, 24 salieron de éste, uno de ellos fue Alejandro Otero Pantín.

Tres de los que venían de Túnez fueron clasificados como “indeseables” por las autoridades francesas del campo de Meheri Zebbeus que quisieron apartar a los conocidos por su militancia política o por ser particularmente recalcitrantes. Se trataba de Alejandro Otero Pantín, Vicente Pita Armada, José Roca Cegarra. Estos “indeseables”,  fueron mandados a la Séptima Compañía de Trabajadores Extranjeros, anexionada al Primer Batallón de Infantería Ligera, conocido más comúnmente como el Bil, batallón disciplinario del Ejército francés y que estaba en el desierto de Gabes. Ser seleccionados para ir a Chile les libró de uno de los destinos más duros que sufrieron los marinos exiliados en Túnez.  Los seleccionados fueron convocados mediante una carta del Sere (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles) que les indicaba el lugar de embarco y daba los días 29, 30 y 31 de julio como fechas de reunión. Además de esta cita personal, hubo un requerimiento para los jefes militares de los campos de concentración donde estuvieran internados los refugiados.  En Túnez el ministro del Interior francés informó en julio de 1939 a las autoridades francesas de la Resistencia que los 30 refugiados españoles eran autorizados a ser acogidos en Chile de los cuales 3 fueron eliminados.  Por fin, los refugiados marcharán de Túnez a bordo del buque “Gouverneur Géneral Grevy” hacia Marsella el 29 de julio por la noche. Los exiliados de Túnez salieron con el tiempo justo y los días contados. En “Exilio de los Marinos Republicanos” aparece una lista de los que se embarcaron con las correcciones necesarias para reconocer sus verdaderos nombres.  Es el caso de Alejandro Ostero Pantu (sic) Alejandro Otero Pantín, fogonero, nacido en Ferrol, Galicia en 1915. Exilio Túnez y Chile.

La selección de los pasajeros del Winnipeg fue encargada al Sere, organismo que ayudó a los refugiados españoles y en el que estaban representados los partidos.  De los 28 marinos del Winnipeg, sólo 7 declaran no militar en algún partido o sindicato entre ellos Otero Pantín. En el Cuadro I Perfil del Grupo: Alejandro Otero Pantín figura que es de Galicia, tiene 21 años, fogonero y no es de ningún partido.  Más adelante la autora en el Cuadro “integración en Chile, siguiendo el derrotero de los marinos que llegaron en el Winnipeg señala que de Alejandro Otero Pantín no tiene ninguna información sobre su paradero.

Su trabajo en la Enap

Durante su vida en Magallanes y su trabajo tuvo relación con varios compañeros en la Enap y lo recuerdan con agrado, entre ellos Luis Arriaza quien señala: “Conocí a Alejandro Otero Pantín el año 1969 en el campamento Posesión de la Enap, él era un funcionario de experiencia en la Unidad de Prevención de Riesgos y se desempeñaba como encargado de pañol de esa unidad.  Era conocido de todos por su segundo apellido “Pantín”, que había adquirido en su ingreso a la Armada Española, debido a que  “El Primo de Pantín”, que según contaba era muy popular entre el personal de la Armada. Luego de “El Primo de Pantín” se simplificó su apelativo quedando por siempre como “Pantín” y en la Enap era conocido por ese apelativo más que por su nombre.

Llegado a Magallanes fue dueño de un camión de transportes, que trabajó en forma particular, incluso llevando y trayendo mercaderías entre Punta Arenas y Río Gallegos, cuando por caminos secundarios para pasar la frontera sin ser controlado, incluían aceite y comestibles de procedencia argentina en forma habitual. Posteriormente trabajó para la Enap como contratista de transportes principalmente en Tierra del Fuego. Una de las anécdotas de esos años es que en una oportunidad se realizaría una inspección desde Santiago, a las instalaciones de Enap sobre el uso de recursos materiales destinados a la construcción y equipamiento de instalaciones. El problema es que había un exceso de materiales de construcción y equipos para instalaciones que no había sido utilizado aún, por esta razón la administración ordenó ocultar todo ese material enterrándolo en un lugar y dejando todo tapado con tierra mediante el uso de maquinaria pesada. Esto nos parecía un poco magnificado, pero en una oportunidad en que se requería unas tuberías de bronce, él se ofreció a ir a buscarlas desde Posesión a Tierra del Fuego. Hizo el viaje en una de las camionetas y regresó con las tuberías de bronce necesarias, el lugar de entierro era conocido por muy pocas personas. Nunca se refería al tema de la Guerra Civil Español, aun cuando se le preguntara directamente no contestaba y cambiaba el tema. Personalmente era de un aspecto muy serio, pero con un buen sentido del humor e ingenio, apodaba a las personas y relataba situaciones comunes que adornaba de una forma muy divertida. Lo anterior lo hacía ser una persona muy simpática. Poseía una alta valoración de su trabajo, por ejemplo, decía que, si el hacía una buena mantención de los extintores, podía salvarle millares de dólares a la empresa.  Criticaba sarcásticamente cuando había falta de elementos de mantención. Valoraba mucho el trabajo de las personas y daba recomendaciones a los profesionales nuevos. Inventaba divertidas charlas de seguridad que relataba sólo en ambientes de confianza haciendo reír a quienes le escuchaban destacando su ingenio y aparente seriedad de sus relatos”. 

Otro compañero de trabajo fue Sergio Muñoz Garrido (a quien apodó como Topo Gigio) fue su ayudante y aprendiz, compartió pieza de alojamiento con él y trabajó por mucho tiempo con Otero Pantín.  Muñoz relata que le contó que siendo marino en España, en cierta oportunidad y debido a un dolor de muelas, no pudo embarcarse en el buque cuando le correspondía, pero eso le salvó la vida porque el buque fue atacado. 

Otero Pantín fue un hombre quitado de bulla, marcado por todo lo que tuvo que vivir en el exilio y la llegada a la lejana Punta Arenas. Aquí formó su hogar, se casó con Zulema Oyarzún. Fue socio de la Sociedad Española de Socorros Mutuos y del Centro Gallego de Punta Arenas donde dice en 1945  tener 30 años y ser español. Entró a trabajar a la Enap el 22 de mayo de 1957 y se fue de esta empresa el 23 de abril de 1983. Una vez jubilado, sufrió una afección cardiaca y se radicó en Santiago donde falleció en 1993. Aquí en Magallanes transcurrió parte importante de su vida donde encontró la tranquilidad lejos de su tierra natal.

Fuentes de Información

Victoria Fernández Díaz: 

– “Del Mar a los Andes: el exilio a Chile de los Marinos de la Armada de la Segunda República”.

– El exilio de los marinos republicanos.

Datos proporcionados por Luis Arriaza Henríquez y Sergio Muñoz Garrido.

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