Caminando en terreno minado
María Corina Machado dejó en evidencia las complejidades de la navegación en el mundo de las relaciones internacionales. La donación a Donald Trump de su medalla del Nobel de la Paz fue mal recibida. El Comité noruego aclaró que el galardón no es transferible ni puede ser compartido. Kirsti Bergstø, líder del Partido Izquierda Socialista de Noruega y portavoz de política exterior, dijo: “Esto es, sobre todo, absurdo. El premio de la paz no se puede regalar”.
Buena parte del resto del mundo también fue crítico.
La dirigente política venezolana tuvo que conformarse con “presentar” su medalla en la Casa Blanca. Fue recibida de manera discreta, pero la invitaron a almorzar. Posteriormente, en la sede del Capitolio alabó a Trump y renovó su esperanza en el futuro. Dijo que la impresionó comprobar “cómo le importa lo que está sufriendo el pueblo de Venezuela. Y yo le aseguré que la sociedad venezolana está unida. Más del 90 por ciento de los venezolanos queremos lo mismo, queremos vivir con libertad, con dignidad, con justicia. Queremos a nuestros hijos de vuelta en casa. Y que para que eso ocurra, tiene que haber democracia y libertad”.
Es difícil anticipar cómo seguirán desarrollándose los acontecimientos. El papel de María Corina Machado en el futuro inmediato de Venezuela ya fue desestimado por Trump.
Ya pasó antes?
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski puso fin de manera poco cordial a un encuentro en el Salón Oval de la Casa Blanca. Se paró y se “mandó cambiar” como diríamos en Chile. Más tarde, sin embargo, ha vuelto a conversar más de una vez con Trump.
En Chile, en circunstancias muy distintas, el Presidente Frei Montalva sostuvo que “no se humilla quien ruega por la patria”. Puede ser que ese pensamiento cruce por la mente de Machado, Zelenski y otros personajes. El presidente colombiano, Gustavo Petro, irá a la Casa Blanca a comienzos de febrero, pese a que Trump, entre otros improperios, lo trató de “hostil”.
Las relaciones internacionales -más que nunca en estos días- no son fáciles. Y se recomienda, para usar otro chilenismo, “tener el cuero duro”. A menos que uno tenga (o crea tener) todo el poder, es preferible transitar con prudencia por estos caminos.
Es, tal vez, lo que debería considerar en estos días nuestro presidente electo, José Antonio Kast, después de su malograda -fracasada según algunos- intención de construir un corredor humanitario vía Perú.
Su empeño es obvio. Necesita concretar lo antes posible sus promesas de campaña. Nadie le hizo presente, ni siquiera su futuro ministro de Relaciones Exteriores, el hecho básico de que todavía no asume el poder, condición indispensable para concretar acuerdos nacionales y, sobre todo, internacionales.
La prueba no fue sólo para el presidente electo. También para su vocera, Mara Sedini, quien afirmó que “no hay ningún fracaso”. “Todo lo contrario”, comentó. “Los debates a veces requieren más de una conversación y nosotros esperamos que llegue a puerto con los distintos países”.
Desde antes del retorno al poder de Donald Trump, el sistema internacional ya estaba mostrando falencias. Su segunda llegada a la Casa Blanca sólo ha servido para dislocar relaciones entre aliados, intervenir directamente en un gobierno repudiable pero soberano y generar nuevas tensiones donde no las había.
Un verdadero y peligroso “campo minado”.




