Necrológicas

Los dos grandes triunfos ajedrecísticos de Luis Dobson Aguilar

Lunes 19 de Enero del 2026

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En los últimos días nos enteramos que el otrora campeón nacional de ajedrez de Chile, y durante un buen tiempo, primer tablero regional de Magallanes se encuentra algo delicado de salud. Como sabemos, a comienzos de 2017 se radicó en la nortina Iquique, ciudad que acogió finalmente, su proyecto para implementar cursos regulares de ajedrez en las mallas curriculares de colegios públicos y liceos fiscales.

Luis Dobson Aguilar (1966) pertenece a una antigua familia de ajedrecistas magallánicos. Como dijimos en la semblanza del domingo anterior, su padre, el suplementero Luis Alfonso Dobson González, aprendió a jugar a los cinco años y a los veintidós ya era subcampeón regional. En la obra de Raúl Alvarado Díaz, “Ajedrez, ajedrecistas y la vida”, se asegura que Dobson González nunca fue un estudioso del tema; más bien era un jugador intuitivo y que el único libro que había leído era: “Ideas modernas de las aperturas de ajedrez” de Savielly Tartakower. 

Su abuelo Francisco en cambio, fue un destacado maestro regional que disputó varios títulos por el cetro de Punta Arenas con reconocidos jugadores de la primera mitad del siglo pasado, entre estos, Manuel Bravo, Juan Cordaro, Raúl Norero, Julio Pourget y Alfio Vezzani. Tanto Francisco Dobson Ritter como sus hermanos, David, Luis y René, aprendieron a su vez, de las enseñanzas y lecciones prodigadas por su padre David Dobson y su hermano Franklin, ambos llegados al austro a fines del siglo XIX desde Inglaterra, donde aún se practicaba un tipo de ajedrez que los especialistas catalogaban de “romántico”, llenos de ataques directos al rey contrario y de sacrificios de piezas. 

De modo que Luis Dobson Aguilar porta en su genética la información traspasada por sus antepasados. Por cierto que cuando se produjo nuestro primer encuentro, hace más de cuarenta años, desconocíamos absolutamente su historial familiar y su vínculo con el mundo de los trebejos. Su rostro de niño contrastaba con su actitud en el tablero, donde llevaba algunos años luchando en campeonatos adultos con figuras reconocidas del ajedrez regional, como Francisco Donoso o Luis Poblete, quienes además, tenían ranking nacional y disputaban a menudo, torneos internacionales. En el Liceo de Hombres Luis Alberto Barrera lo tuvimos como profesor y capitán en un plan que contemplaba formar un equipo de titulares y reservas para futuras competencias por equipos. Fue un honor para nosotros, de que nos obsequiara el libro “Partidas selectas” del excampeón mundial Mikhail Botvinnik, que reunía una selección de las mejores partidas del periodo 1946-1970 del gran jugador soviético, mientras nos confiaba que su principal sueño era ser algún día campeón chileno absoluto de ajedrez y representar a nuestro país en las olimpiadas del deporte ciencia.

Aquel escenario lleno de expectativas y de sueños, posiblemente se comenzó a configurar en la mente de Luis Dobson cuando logró por primera vez el título de campeón regional en 1983. Su triunfo a nivel local, causó revuelo en el círculo ajedrecístico, no sólo por la calidad de juego del joven estudiante liceano, sino porque muchos lo interpretaron como la demostración plausible de que la nueva generación de jugadores, comenzaba lentamente a desplazar a la vieja pléyade de maestros. Estaba en sintonía con el escenario que se vivía además, en el circuito mundial de ajedrez. Un joven de veinte años llamado Gari Kasparov arrasaba con todos los astros de la “vieja guardia” ajedrecística y se transformaba en el retador oficial del casi imbatible Anatoly Karpov. En Chile, el joven viñamarino Iván Morovic luego de alcanzar el título nacional, conseguía la norma de Gran Maestro, el primero en la historia del deporte ciencia en el país. 

Así las cosas, la victoria de Dobson a nivel local, más allá de las semejanzas, coincidió con otro acontecimiento extraordinario. En septiembre de ese mismo año 1983, la joven puntarenense Giovanna Arbunic Castro sorprendía al mundo al empatar el primer lugar en el campeonato mundial juvenil con la soviética Flora Khasanova, integrante habitual de las poderosas selecciones por equipos de su país, en un magno certamen celebrado en Ciudad de México. 

Duelo en la Zona Franca

Los medios periodísticos de la época, encargados de la Dirección General de Deportes y varias firmas, entre ellas, Cordonería Suiza,  Vickery y Parenazon, concibieron la idea de realizar un match desafío entre ambos campeones. A última hora, para darle más pompa al match, se decidió que el ganador de la serie fuera proclamado como, “Campeón regional absoluto de Magallanes”.

No era para menos. En el último semestre de 1983, Dobson había empatado el primer lugar en el campeonato nacional juvenil de Chile con un jugador apellidado De la Fuente y el penquista Eduardo Rojas, quien clasificó finalmente, en representación de Chile para el campeonato mundial de cadetes, o menores de dieciocho años, realizado en abril de 1984 en Champigny sur Marne, en Francia. El mérito de Dobson es aún mayor, si consideramos que Rojas fue quinto en esa cita mundialista entre cuarenta y dos competidores, midiendo sus fuerzas con varios futuros monstruos del tablero, como el indio Viswanathan Anand, el holandés Jeroen Piket y el ucranio Vasily Ivanchuk. Al año siguiente, Rojas se convirtió en el hasta ahora primer y único campeón mundial de ajedrez que ha tenido Chile en su historia, luego de vencer en la edición disputada en Petah Tivka, Israel, en abril de 1985. 

Por otra parte, la actuación de Giovanna Arbunic en México, tenía ribetes de hazaña y de hondo dramatismo. En Punta Arenas, eran sabidos los enormes esfuerzos que demandaba a la joven, sostener su carrera de ingeniería comercial en la Universidad de Chile en Santiago, con su actividad como campeona nacional femenina juvenil de ajedrez. Su manutención en la capital la complementaba con la venta de trabajos de repostería y manualidades, que la joven estudiante ofrecía, tanto en su casa de estudios, como en los frontis de la Pontificia Universidad de Católica de Chile y en la de Santiago (USACH). 

El público había seguido los éxitos de Giovanna desde que logró un primer lugar en un torneo escolar, clasificando en representación de la región, a los Juegos Deportivos Nacionales de 1978. Más adelante se consagraba con un cuarto lugar en el campeonato absoluto de Magallanes y obtenía un segundo puesto en el campeonato femenino de Chile. Este éxito supuso el salto de juvenil a categoría adulta en cuestión de meses. En 1982 conquistaba el primer lugar en el zonal de Buenos Aires, lo que le permitió competir en el certamen de Bad Kissingen, Alemania Federal, donde se ubicó entre las treinta mejores ajedrecistas del planeta. En diciembre de ese año, se proclamaba campeona de Chile por primera vez. 

De modo que cuando se produjo la actuación de Giovanna en el “Desierto de los Leones” en las afueras de Ciudad de México, la comunidad magallánica estaba pendiente y expectante, porque se presentía que la joven puntarenense podía dar una gran sorpresa, sentimiento que se fue acrecentando a medida que se conocían sus victorias. Las partidas perdidas ante la argentina Alba Rizo y la ya mencionada jugadora rusa Flora Khasanova, no disminuyeron un ápice su popularidad entre los fanáticos. Finalmente, pese a tener once puntos, los mismos que su rival, producto de once triunfos y dos derrotas, contra nueve victorias y cuatro empates de la soviética, el sistema de desempate utilizado, la dejó en segundo lugar.

Lo que más conmovía de Giovanna eran la presión y las condiciones extremas a las que estaba sometida, que parecían no mermar su rendimiento ajedrecístico. En Punta Arenas, la sección deportes de La Prensa Austral, el programa micrófono dos de Radio Polar, y una serie de pequeñas empresas y tiendas locales, entre otras, Autoservicio Buenpan, Codimaga, Sandy Point, Scandal, Zapatería Fac, levantaron una campaña para juntar fondos que permitieran a Giovanna costear un año completo con todos sus gastos cubiertos. El 17 de septiembre de 1983 se efectuó un reconocimiento en el Teatro Municipal donde se le entregó el dinero recaudado, incluso, el alcalde de la comuna Eduardo Menéndez Glasinovic le hizo entrega en forma simbólica del Escudo de Armas de Punta Arenas.

Dos antihéroes

Estas fueron algunas de las consideraciones que se tuvieron en cuenta al momento de organizarse el match. Todavía estaba muy fresca la presencia de la cantante Massiel con su espectacular actuación en la Zona Franca del capítulo dedicado a Magallanes en el programa del canal nacional “Amigos siempre amigos”. Tal vez por este motivo, se escogió ese lugar para concretar el encuentro, el que se pactó al mejor de seis partidas. Por medio de un circuito cerrado de televisión, miles de personas que recorrían los distintos módulos del recinto franco, podían seguir las alternativas de las partidas, las cuales, quedaban registradas en una videograbadora, que retransmitía en una edición especial, los principales momentos del encuentro.

Con todo lo anterior, el duelo Arbunic-Dobson proyectaba algo mucho más importante y significativo. Por un lado, era una apuesta bien pensada por las autoridades del momento, de publicitar los valores positivos de la juventud magallánica, encarnada en estos dos jóvenes talentosos. Por otra parte, era una forma de aceptar y reconocer el cambio generacional que se percibía en casi todo orden de cosas, pero, fundamentalmente, afloraba un sentimiento que captaba bien, al ciudadano común y corriente. Giovanna Arbunic y Luis Dobson representaban, a los hijos de modestos trabajadores que sobrevivían, con escuálidos salarios, en un Chile golpeado por la grave crisis financiera de 1982 con un IPC de 20,7% y un desempleo de 23,7% (datos del Ine y de la Universidad de Chile) que tuvo en Magallanes su propia lectura, con altos índices de pobreza en vastos sectores de la población y sobre todo, graficado en el desencanto del sistema económico y social que mostraban varios grupos de jóvenes, expresado por ejemplo, en la aparición de las primeras pandillas juveniles, los “Viceroy”, “Thriller”, las “Coralito” y otras. 

El encuentro se llevó a cabo finalmente, los primeros días de enero de 1984. Giovanna Arbunic era la favorita a priori, considerando su palmarés internacional, pero en la cuarta partida Luis Dobson se impuso con autoridad en dieciocho jugadas, aprovechando un error táctico de la subcampeona mundial. Dobson había otorgado en horas previas a esta partida una entrevista a La Prensa Austral donde revelaba sus temores: “Así como están las cosas creo que ganaré. Lo único que me preocupa es perder, pues más de alguien pensará que yo “quiero sacarme los balazos” diciendo que si perdí fue con la vice campeona del mundo”. 

El match concluyó con el triunfo del campeón regional, aunque Giovanna Arbunic hizo sus descargos: “Considero que el match fue bien irregular y encuentro que lo más correcto es que hubiera terminado en igualdad. Yo nunca he tenido problemas para concretar la ventaja, pero ahora, justo cuando poseía esa ventaja y tenía que rematar, él empezaba a recuperar terreno. Al final, muchas partidas fueron como una lotería y los dos estuvimos muy desordenados”.

Varias cosas pasaron en los siguientes veinte años, algunas no del todo positivas. Tanto Giovanna como Luis experimentaron altas y bajas en sus vidas personales y profesionales. Arbunic fue campeona ocho veces de Chile. En muchas ocasiones fue considerada también, como la jugadora con mejor ranking del país, pero, por distintos motivos no pudo “dar el gran salto” que significaba prepararse adecuadamente para luchar por el título mundial, lo que conlleva una serie de pasos intermedios, como jugar torneos internacionales de jerarquía, clasificar para la disputa de campeonatos y match de candidatos al cetro mundial. La preparación y dedicación que deben asumir los jugadores para avanzar en estos certámenes suele ser muy exigente. En síntesis, se requiere vivir para el ajedrez.

El caso de Luis Dobson, fue muy similar. Egresado del Liceo de Hombres Luis Alberto Barrera, obtuvo la beca de talentos de la Pontificia Universidad Católica de Chile para perfeccionarse en el tablero. Después de un tiempo, retornó a Punta Arenas donde se empleó en diversos oficios. Raúl Alvarado consigna en su libro que para 1995 había logrado ya en siete ocasiones, el título de campeón regional de Magallanes. 

Fue un honor escuchar, con motivo de nuestra participación en un torneo abierto para todo competidor en la comuna de La Florida en el verano de 2000, cuando un miembro de la comisión organizadora al darse cuenta de que procedíamos de Punta Arenas exclamó: “La tierra del gran Luis Dobson”. 

Campeón nacional

Después de dos semanas de entrenamiento en un curso dictado en Iquique por el gran maestro internacional Rodrigo Vásquez Schroder, Luis Dobson se aprestó a competir en el campeonato nacional adulto de Chile en el verano de 2004. Fue un torneo en extremo difícil, con la participación de ochenta y cuatro jugadores, algunos de ellos habituales competidores en certámenes sudamericanos e integrantes del equipo chileno en las olimpiadas ajedrecísticas, como Pablo Tolosa, Eduardo Arancibia, Luis Valenzuela y Marcelo Llorens.

Era un desafío mayor, por cuanto ningún varón de Magallanes había obtenido el campeonato adulto. Hugo Frey tuvo una destacada actuación alcanzando un meritorio tercer lugar en la edición anterior, lo que le permitió formar parte del team chileno en las olimpiadas de Bled, Eslovenia, en 2002. Dobson también estuvo en esa cita olímpica, pero como entrenador del elenco nacional de damas, experiencia que tuvo su origen en el torneo mundial por equipos de Brasil en 2001 donde el equipo chileno obtuvo un respetable cuarto lugar.

En el campeonato adulto, Dobson fue de menos a más. Pese a sufrir dos duras derrotas ante competidores directos como Eduardo Arancibia y Marcelo Llorens y entablar con el ruso nacionalizado chileno Leonid Guerb, se impuso en forma dramática en la última fecha del torneo logrando 8,5 puntos en un total de once rondas. 

Fue un campeonato excepcional para la delegación magallánica donde participaron varios jugadores en diversas categorías. Rodrigo Magas logró un segundo lugar en la modalidad sub 18 lo que le permitió clasificar a los juegos sudamericanos de Colombia; Pablo García consiguió un tercer puesto en el nacional sub 16 y Fernanda Cortés fue también, tercera en el nacional sub 12. Al triunfo de Dobson en el torneo mayor, se sumó Hugo Frey quien remató en el undécimo lugar; el propio Magas con apenas dieciocho años participó de este evento principal alcanzando el puesto 28 con un total de seis puntos logrados; Pablo García con sus quince años, alcanzó el lugar 32; mientras que Rodrigo Hurtado también de quince años y su hermano Matías de doce años, registraron cinco y cuatro puntos cada uno, quedando en los lugares 51 y 69 respectivamente.

De vuelta en Punta Arenas, Dobson hizo un balance de la actuación de los jugadores locales: “Somos una potencia a nivel nacional en el ajedrez”. Aquel 2004 representó a Chile como uno de los jugadores reservas en la olimpiada efectuada en Calviá, España, que a la postre, significó una de las mejores prestaciones del elenco nacional en este tipo de competencias.

En septiembre de 2016 cuando conversamos por última vez, parecía entusiasmado con su proyecto de ajedrez escolar. Estaba alegre, como en los días del liceo. 

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