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¿Cómo se planifica la vejez y sus necesidades desde el Estado?

Por Ramón Lobos Vásquez Miércoles 28 de Enero del 2026

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Una de las consultas más frecuentes que enfrentamos por parte de las personas mayores o sus cuidadores es si los trastornos que presentan, principalmente en la memoria, se encuentran relacionados con la temida enfermedad de Alzheimer. Temida como evento de salud, que implica en el inconsciente de muchos, las etapas avanzadas y de mayor deterioro de la misma; con alta dependencia, de difícil manejo y complejo abordaje por sus familias. Insinuar este diagnóstico es asumir de golpe una enfermedad ominosa y compleja. Pero como todas las enfermedades tienen un tiempo de evolución y no necesariamente ese escenario llegará de un momento a otro, sino que es evolutivo, hay tiempo para que las familias vayan preparándose y realizando los cuidados progresivos que va demandando la enfermedad. Así mismo, es momento de pensar en proveer los servicios que requerirán en las etapas más avanzadas y decidir si efectivamente están capacitados para ello o bien deberán recurrir a medidas más extremas como la institucionalización en centros especializados en estos cuidados.

Allí el Estado juega un rol muy importante y debidamente articulado, como agente de la acción social y de la salud, en una comunidad capaz de coordinar servicios y acciones que permitan que un número importante de mayores, puedan pasar esta etapa de deterioro avanzado en sociedad, en su entorno habitual, que los ha cuidado y protegido en toda su historia vital.

El Estado, a través de sus instituciones, debe trabajar articuladamente para proveer servicios, cuidados, respiros y manejo paliativo de los problemas de salud que vayan enfrentando estas personas mayores. Hoy eso no está debidamente claro para todos los que llegan a esa edad, por eso sus familias se sienten desamparadas y descuidadas frente a esta situación que -manejada de forma adecuada- puede ser más una oportunidad, que un problema amenazante en forma permanente, que desgasta y deteriora las redes de apoyo que ellos presentan.

Frente a este hecho, muchos recurren al camino de institucionalizar en un Eleam a sus mayores, desconectándolos de su entorno habitual. Otros acuden al sistema judicial para que les resuelva el problema; ya que la internación en un Eleam público no es tan expedita, debido a que las plazas disponibles se mantienen estáticas en una creciente y progresiva necesidad.

Por eso, el Estado debe resolver esta problemática en el mediano plazo: ¿Seguir invirtiendo en más plazas de Eleam públicos en la región?, ¿Fiscalizar y exigir mejores condiciones y servicios en los Eleam privados de Magallanes? ¿Crear programas de apoyo a esos Eleam privados, con servicios y cuidados que no son capaces de proveer? ¿Desarrollar, en cambio, equipos de atención en domicilio a los mayores en etapas avanzadas (favoreciendo que permanezcan más tiempos en sus domicilios)? O más bien es una mezcla de todos estos planes, que deben tener una mirada y un financiamiento regional para marcar la diferencia al enfrentar las problemáticas de quienes envejecen en la región; que por problemas de movilidad y búsqueda de alternativas no tienen dónde más recurrir.

Lo cierto es que una persona mayor que envejece en la Región de Magallanes no tiene otras oportunidades de cuidados más que lo que hay. No hay posibilidad de desplazarse a otras localidades para buscar lo que se necesita. Si no tiene respuesta no hay otra posibilidad para ellos; de allí la importancia de que como región debamos hacerle frente.

Lamentablemente los entes encargados del trabajo con mayores, especialmente los que presentan más deterioro, han optado por transformarse en fiscalizadores de lo que se hace, en vez de estar en el trabajo activo de evaluar, levantar necesidades y planificar qué se requiere para los mayores. Termina siendo más cómodo sentarse en un escritorio a revisar los papeles y documentos que piden y una vez cumplido, entregar recursos, normalmente exiguos para los requerimientos de los adultos en estos centros.

Para los que están en sus domicilios, no hay más que lo que la salud municipal ha levantado como programas de apoyo domiciliario, y sería todo. La demanda allí percibida y los requerimientos de profesionales y técnicos son altos. Pero esos profesionales y técnicos no se están formando a la velocidad que se requiere y prima la informalidad en los cuidados. Muchos de ellos requieren catres clínicos para su mejor asistencia y una multiplicidad de ayudas técnicas que no llegan oportunamente.

Hoy comenzando este 2026, las necesidades en la comunidad son tan altas que lo que se ha dispuesto no las cubre todas; lo que significa que hay que elegir a quienes intervenir o simplemente llegar tarde con la oferta que se requiere. Por ello, es urgente tener una mesa de trabajo con entes gubernamentales como la gobernación regional, delegaciones provinciales, las diversas alcaldías y los entes sociales y de salud del estado, para que planifiquen adecuadamente lo que se va a realizar y qué se va a ofrecer a los mayores con Alzheimer o con otras patologías graves que requieren de una ayuda que hoy tarda, es escasa y no cubre todo lo que necesitan.

Si seguimos haciendo lo mismo, veremos los mismos resultados mediocres que llevan a muchos mayores a una espiral que sólo termina en la muerte indigna que el sistema les ofrece. Es tiempo ya de hacer algo digno para ellos.

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